
Por Alan Castro Parra
El pasado viernes tras el registro de los seis aspirantes a la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional de Sonora, inició formalmente el proceso interno para definir la virtual candidatura de Morena y aliados para la gubernatura.
Sin embargo, desde hace algunos meses ya había iniciado el proceso de facto al interior del movimiento de la cuarta transformación, que si bien ha tenido diferentes etapas, la última semana significó el punto más álgido de la adelantada lucha intestina de Morena.
Esa última semana previa al registro, terminó de confirmarse la fuerte competencia interna que existe y que es sumamente peligrosa, pues el fuego amigo quema más, y aunque hay un acuerdo de unidad firmado por todos aspirantes, el riesgo de división es latente e inminente.
Si antes de iniciar el proceso oficialmente ya hemos visto el golpeteo político y la guerra sucia, durante estas semanas de contienda el pleito será de a deveras, ya no solamente en comentarios en redes o declaraciones en entrevistas, sino en discursos de campaña.
La competencia para la virtual candidatura de Morena y aliados todo hace indicar que será una cruenta batalla, la pregunta ya no sería si se van a desbordar las pasiones, se pelearán las tribus o si correrá sangre al río, sino que tan divididos y heridos terminarán.
Así que comiencen los juegos del hambre, que inicie el contraste de experiencia y trayectoria, de proyecto y de visiones, de principios e ideales, de identificación y pertenencia, de aptitudes y capacidades, de influencia y cercanía, de justicia y merecimiento.
¿Ya está decidido?
Pues lo podemos ver desde varias perspectivas, en teoría el próximo coordinador estatal será el que gane la encuesta, pero en la praxis, será el que decida la presidenta de la república, Claudia Sheinbaum y por supuesto el gobernador del estado, Alfonso Durazo.
Claro que la encuesta es importante, pero el visto bueno de la presidenta Sheinbaum es determinante, y reitero, la opinión de un gobernador Durazo que dicho sea de paso, no es solo un gobernador, sino que además es el presidente del Consejo Político Nacional de Morena.
En ese entendido e interpretando los mensajes el que la lleva de ganar es Javier Lamarque Cano, acompañado de ingredientes importantes como su origen en el movimiento, pero sobre todo, su cercanía con la presidenta y las bases morenistas del estado de Sonora.
Empero, también influirá cómo es que se manejará en este proceso interno, pues si bien pareciera que apenas inicia, lo cierto es que ya entramos a la recta final de la contienda, donde un error sería catastrófico, por lo cual el que menos se equivoque será el candidato.
Por supuesto que tampoco hay que descartar a nadie, menos a Lorenia Valles y Celida López, las dos tienen gran posicionamiento, ambas cuentan con aliados a nivel nacional, y el tema de género podría ser el as bajo la manga o el tiro de suerte en la decisión final.
Por lo pronto los aspirantes ya registrados se tomaron una selfie y si todo salió conforme al plan, se llevó a cabo un evento en conjunto el día sábado en Hermosillo, donde seguramente el mensaje principal fue la unidad, pues en Morena todo es amor y… ¡pas!
“Premio de consolación” o “siga participando”

Citlalli Hernández.- Comisión de Elecciones
La presidenta de la comisión de elecciones de Morena, Citlalli Hernández, fue clara al advertir que no habrá “premio de consolación” para quienes no resulten favorecidos en las encuestas rumbo a las elecciones de 2027.
El mensaje busca romper con una vieja práctica de la política mexicana: competir por un cargo con la expectativa de negociar otro si el resultado no favorece. En principio, el planteamiento parece correcto.
Sin embargo, una cosa es desterrar la lógica del reparto automático de posiciones y otra muy distinta desaprovechar el capital político y sobre todo electoral que el propio proceso interno habrá construido.
En Sonora, quienes hoy levantan la mano para contender por la gubernatura no son perfiles improvisados. Se trata, en su mayoría, de los cuadros con mayor conocimiento público y potencial electoral.
Precisamente por eso aspiran al cargo más importante que estará en disputa en el estado.
Si la contienda interna cumple con su objetivo de medir quién está mejor posicionado, también terminará revelando quiénes cuentan con respaldo ciudadano suficiente para competir por otras responsabilidades.
No tendría sentido que ese ejercicio únicamente sirviera para elegir a una persona y mandar al resto a la banca. Por supuesto que las candidaturas no deben entenderse como una compensación por haber perdido.
Nadie tendría derecho adquirido a una una alcaldía o una diputación simplemente por haber quedado en segundo o tercer lugar de una encuesta. Esa sería precisamente la lógica del “premio de consolación”. Pero tampoco conviene caer en el extremo contrario.
La política también consiste en construir equipos competitivos. Si un proceso interno identifica a varios perfiles con fortaleza electoral, lo razonable es incorporarlos a la estrategia general del movimiento.
Por supuesto, siempre que las circunstancias, las mediciones y las necesidades políticas así lo justifiquen. Pero definitivamente, no por haber perdido una encuesta dejan de representar activos importantes.
La propia convocatoria de Morena tampoco cierra esa puerta. Participar en un proceso interno no inhabilita a nadie para competir posteriormente por otra candidatura. Son procesos y momentos distintos.
Quizá el concepto no deba ser “premio de consolación”, pues ese término supone una recompensa inmerecida o un pago por disciplina. Tal vez la expresión más adecuada sea otra: “siga participando”.
Porque al final, una elección no se gana únicamente con quien encabeza la boleta, sino que también se construye con los liderazgos que logran mantenerse vigentes, sumar esfuerzos y representar al proyecto desde distintos espacios.
En una elección tan competida como se presume podría ser la de 2027 en Sonora, desperdiciar ese capital político electoral individual, no de marca, podría resultar mucho más costoso que administrarlo con inteligencia.

