EDITORIAL | Relación México-España, mirar hacia el futuro sin dejar el pasado atrás

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EDITORIAL | Relación México-España, mirar hacia el futuro sin dejar el pasado atrás

Durante años, la relación entre México y España estuvo marcada por la distancia. El desencuentro provocado por la solicitud del expresidente Andrés Manuel López Obrador para que la Corona española ofreciera una disculpa por los agravios de la Conquista colocó a ambos gobiernos en una dinámica de frialdad institucional que parecía difícil de superar. Sin embargo, la política exterior, como la política misma, rara vez permanece inmóvil.

El encuentro entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI representa mucho más que una fotografía protocolaria. Es la confirmación de que ambos países han decidido privilegiar el diálogo sin renunciar a sus respectivas posiciones. Sheinbaum dejó claro que la reivindicación de los pueblos originarios y la memoria histórica continúan formando parte de la postura del Estado mexicano; pero también demostró que esa agenda puede impulsarse mediante la diplomacia, la interlocución y la construcción de acuerdos, antes que desde el distanciamiento.

No es un cambio menor, la presidenta conserva el fondo del planteamiento, pero modifica la forma. Ahí radica quizá la principal diferencia. En lugar de convertir el diferendo histórico en un obstáculo permanente para la relación bilateral, optó por convertirlo en uno de los temas de una conversación más amplia, donde también tienen cabida la cooperación económica, la inversión, la cultura, la educación y los desafíos compartidos en un mundo cada vez más complejo.

Queda pendiente, por supuesto, el asunto que dio origen al desencuentro: el reconocimiento de los agravios cometidos durante la Conquista. Quienes esperaban una disculpa inmediata probablemente saldrán decepcionados. La monarquía española ha sostenido históricamente que no corresponde juzgar acontecimientos ocurridos hace cinco siglos bajo parámetros contemporáneos, mientras que México mantiene la convicción de que el reconocimiento de los pueblos originarios constituye un acto de justicia histórica.

Sin embargo, entre el silencio absoluto y una disculpa formal existen múltiples caminos diplomáticos. La historia internacional demuestra que, en ocasiones, los grandes conflictos comienzan a resolverse mediante declaraciones conjuntas, reconocimientos simbólicos, actos de memoria, comisiones históricas o gestos de alto contenido político que, sin satisfacer plenamente a ninguna de las partes, permiten construir una narrativa compartida hacia el futuro.

Quizá ese sea el escenario que hoy empieza a dibujarse. El ambiente cordial descrito por la presidenta después de su conversación con Felipe VI abre una ventana que hace apenas unos meses parecía cerrada. No garantiza una disculpa, pero sí la posibilidad de que ambos gobiernos exploren nuevas fórmulas para atender una demanda que trasciende la política coyuntural y toca las fibras más profundas de la identidad nacional.

En un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, disputas geopolíticas y la necesidad de diversificar alianzas, México y España tienen mucho más que ganar cooperando que prolongando diferencias. Ambos países comparten historia, idioma, una intensa relación económica y millones de vínculos humanos imposibles de ignorar.