Por Alan Castro Parra
A casi un año de la jornada electoral del 2027, ya comenzó el debate sobre el futuro político de Hermosillo, y aunque todavía falta para las candidaturas y definiciones, hay algo que no podemos negar, el gobierno del Toño ha logrado construir una narrativa difícil de combatir, incluso para sus adversarios políticos.
Porque más allá de simpatías partidistas, de filias o fobias ideológicas, hoy existe una pregunta legítima sobre si el Toño Astiazarán no solo ha sido un buen alcalde, sino el mejor presidente municipal que ha tenido Hermosillo en su historia, y la razón principal es muy claro y muy simple: hay resultados visibles.
Durante décadas, Hermosillo vivió atrapado en administraciones que prometían modernidad pero entregaban rezagos, gobiernos que sobrevivían financieramente de las dádivas de gobierno federales y estatales, pero sobre todo endeudando al municipio, improvisando obra pública o apostándole al discurso.
Con Antonio Astiazarán Gutiérrez ha ocurrido algo distinto, se instaló un modelo de gobierno basado en ejecución, innovación y administración eficiente, políticas públicas, programas y un modelo transversal que atraviesa varias dependencias municipales y culmina finalmente en beneficio de los hermosillenses.
Uno de los puntos más contundentes es la obra pública y recuperación de espacios públicos, pocas administraciones municipales pueden presumir una inversión histórica en infraestructura realizada principalmente con recursos propios y sin contratar deuda; ese dato por sí solo ya rompe inercias.
La rehabilitación del Parque Madero, la construcción y modernización de los cárcamos sur y norte, los pasos a desnivel de Encinas y Colosio, libramiento poniente, la pavimentación de vialidades estratégicas y hoy secundarias, la recuperación de espacios públicos forman parte de una visión integral de ciudad.
Y quizá lo más importante: son obras de calidad, pues en Hermosillo existe un cansancio histórico hacia las obras mal hechas, eternas o con sobrecostos, por eso el ciudadano común sí distingue cuando una calle dura, cuando una obra resuelve un problema real o cuando un espacio público vuelve a tener vida.
La apuesta por infraestructura hidráulica, por ejemplo, probablemente no genera tantos aplausos políticos, pero sí resuelve uno de los mayores problemas históricos de la ciudad, los colapsos de drenaje y fugas enormes, ese tipo de decisiones hablan más de visión de gobierno que de cálculo electoral.
En servicios públicos también hay un antes y un después con la llegada de Toño Astiazarán, Hermosillo pasó de tener constantes reclamos por basura acumulada y alumbrado publico deficiente, a convertirse en una de las ciudades mejor evaluadas del país en recolección de residuos, y eso no es casualidad.
Pasar de la Dirección de Alumbrado Público a la Agencia de Energía y Cambio Climático no fue un cambio estético, sino que vino acompañada de una nueva visión de eficiencia y ahorro, además la modernización del sistema de alumbrado con luminarias LED cambió la imagen urbana de cientos de colonias.
Programas como Camina Segura no solo tienen impacto en iluminación, sino también en percepción de seguridad para mujeres y familias. A eso se suma la instalación de centros de reciclaje, programas ambientales y una política pública que intenta colocar a Hermosillo como referente nacional en sostenibilidad urbana.
Y ahí aparece otro de los grandes sellos del gobierno, las energías renovables, pocos alcaldes en México han impulsado con tanta fuerza la transición energética desde el ámbito municipal: electrolineras, patrullas, camiones y recolectores eléctricos, paneles solares en edificios públicos y programas de ahorro.
Todo esto no son simples ocurrencias de marketing gubernamental, sino una apuesta política y administrativa por redefinir incluso la identidad de Hermosillo, ya que durante varias décadas se dijo que la capital sonorense era la ciudad del sol, pero únicamente por sus altas temperaturas.
Hoy el gobierno municipal de Toño Astiazarán intenta convertir esa característica climática de Hermosillo en una ventaja competitiva, proyectando a la capital como “la ciudad solar”, la diferencia es importante, pasar de padecer el calor a generar desarrollo a partir de él, pasar de la ciudad del sol a la ciudad solar.
En materia financiera, también logró algo poco común en la política, mantener estabilidad sin recurrir al endeudamiento, pues históricamente muchos gobiernos municipales sobrevivían heredando problemas financieros a las siguientes administraciones, Hermosillo logró incrementar recaudación, ampliar el padrón de contribuyentes y mantener finanzas sanas sin contratar deuda pública.
Además, la ausencia de observaciones graves por parte de entes fiscalizadores fortalece una narrativa de orden administrativo que pocas veces genera titulares, pero que termina siendo clave para gobernar, porque gobernar bien no siempre es hacer más ruido, sino simplemente administrar correctamente.
En seguridad pública, aunque evidentemente Hermosillo sigue enfrentando retos complejos como cualquier capital del país, sí existe una diferencia perceptible; la inversión en patrullas eléctricas, equipamiento, tecnología y mejores condiciones salariales para policías refleja una estrategia más moderna de seguridad municipal.
Y aunque ningún alcalde puede resolver por completo una crisis nacional de violencia, sí puede fortalecer capacidades locales, mejorar tiempos de respuesta y recuperar confianza ciudadana, y los indicadores de percepción de inseguridad y algunos índices delictivos han mostrado mejoras graduales.
Pero quizá el aspecto más relevante del fenómeno Astiazarán no está únicamente en la administración pública, sino en la política, porque el Toño logró algo que parecía casi imposible en el contexto político actual, derrotar dos veces consecutivas a Morena en una de las ciudades más importantes del país.
Y no solo eso, Astiazarán se convirtió en el primer alcalde reelecto en la historia de Hermosillo y además obtuvo una votación histórica cercana a los 155 mil votos, consolidándose como uno de los perfiles más competitivos de Sonora, un estado donde Morena domina buena parte del taste político.
Mientras muchos liderazgos opositores quedaron diluidos ante el desgaste de los partidos de oposición, el Toño logró construir una marca política propia basada en resultados administrativos más que en confrontación ideológica, que ese es quiza su mayor mérito, no gobernar desde la polarización, sino los resultados.
Y eso conecta con un electorado cada vez más cansado del conflicto político permanente, mientras a nivel nacional continúa una narrativa de división, en Hermosillo parece haberse instalado una lógica distinta, la gente evalúa si las calles están mejor, si hay alumbrado, si pasa la basura y si las obras funcionan.
Por supuesto, afirmar que Toño Astiazarán es el mejor alcalde que ha tenido Hermosillo me traerá retractores, pero abrir ese debate es legítimo, habrá quienes señalen pendientes o áreas donde todavía existen deficiencias importantes, claro que ningún gobierno es perfecto, menos en una ciudad como Hermosillo.
Pero precisamente por eso la discusión ya puede abrirse, porque a diferencia de otros alcaldes que construyeron reputación únicamente desde el discurso político, Astiazarán tiene algo tangible que mostrar: obra pública, servicios eficientes, estabilidad financiera, innovación energética y resultados electorales.
Y en política, como dicta el adagio popular “chamba mata grilla” o dicho en buen romance, cuando los resultados comienzan a hablar por sí solos, los debates dejan de ser propaganda para convertirse en realidad, los datos duros y las cifras frías ahí están, asi que todo es verificable y por supuesto, debatible.

