Por Alan Castro Parra
Una semana ya pasó de la designación de Lorenia Valles Sampedro como Coordinadora de la Defensa de la Transformación en Sonora, y todavía urge una operación cicatriz, sobre todo después de cómo terminó este proceso.
Pues si bien todas y todos pregonaron unidad, lo firmaron por escrito varias ocasiones y hasta se tomaron selfies, este proceso interno dejó profundas heridas de batallas y la decisión final, fue también la estocada final.
Mi reconocimiento para todas y todos los que participaron en el proceso, y con todo el respeto para Javier Lamarque y Celida López, pero una imagen dice más que mil palabras, y esa fotografía decía todo, menos unidad.
Y es que más allá del resultado adverso, el proceso no fue lo que todos esperaban, desde la cuestionada metodología de la encuesta, pasando por los tiempos del levantamiento, hasta el criterio del valor asignado a cada indicador.
Que quede claro, sin ningún tipo de regateo para Lorenia Valles es la digna ganadora de la encuesta, pero también no podemos dejar de lado lo accidentado de este proceso, la opacidad y las suspicacias que levanta el resultado final.
Y aquí viene la pregunta, ¿cómo se construye la unidad?
Pues aquí está la verdadera operación cicatriz, donde no basta repartir candidaturas a diestra y siniestra, eso sería tan solo una curita en una herida abierta, para esta operación se necesita la precisión de un cirujano y tejer muy fino.
Se necesita tejer fino principalmente con Celia López y Javier Lamarque, pues más allá del trago amargo de la derrota, será sumamente difícil procesar a un nivel personal que aun jugando en su cancha, las reglas nunca fueron parejas.
¿Cómo procesas ser la aspirante mejor posicionada y con mayor intención de voto y no ser la elegida?, ¿cómo procesas perder dos indicadores con menos del punto porcentual y no ser la coordinadora?, ¿cómo te puedes levantar de eso?
Y más aún, ¿cómo procesas que por culpa de los partidos aliados hayas perdido la alcaldía de Hermosillo en 2021?, ¿cómo procesar que aun ganando la encuesta al senado por Morena no seas la candidata en 2024?, y ahora esto.
O siendo Lamarque, ¿cómo procesas recorrer los 72 municipios del estado para fundar una partido, ser el primer candidato de Morena a la gubernatura de Sonora y aun así los morenistas no se identifiquen contigo para ser su candidato?
Y es difícil de procesar porque es difícil de creer, Celida López y Javier Lamarque tienen razones distintas para sentirse agraviados y, por lo mismo, la operación cicatriz no puede ser idéntica para ambos personajes.
Si no hay una buena operación cicatriz puede ser para Morena el principio de la derrota, pues podría derivar una desbandada y hasta un inmovilización de las bases a su candidata, de ese tamaño es la influencia de los que perdieron la encuesta.
Dicen que Celida López se puede ir al PT como candidata a la gubernatura y que Javier Lamarque aun logrando posiciones para su grupo de fundadores, puede simplemente no operar; pero eso ya es entrar al terreno de las especulaciones.
Lo que es un hecho es que estos días serán de mucho análisis y reflexión para estos dos ex aspirantes, porque la unidad no se construye solo con candidaturas, sino con humildad y voluntad, ese será el cemento en el muro de los lamentos.
¿Puede Lorenia Valles dar continuidad al proyecto?
Esa debería ser, probablemente, una de las principales preguntas que acompañen a Lorenia Valles rumbo a la gubernatura. Pero primero tendría que ganar la elección y si la gana, la continuidad no sería solamente un discurso político, sino en buena medida, una necesidad.
Son solamente tres años de gobierno y, dependiendo de las condiciones en las que reciba la administración, buena parte de su gestión estaría marcada por la obligación de concluir proyectos que ya están en marcha. Ahí estaría uno de sus primeros grandes retos: recibir un gobierno, darle continuidad a lo que funcione y, al mismo tiempo, comenzar a construir algo propio.
Porque una cosa es administrar el legado de un gobernador y otra muy distinta es convertir ese legado en el punto de partida de un nuevo proyecto. Y ahí estaría el verdadero desafío para Lorenia.
Si llegara a la gubernatura, heredaría el gobierno de Alfonso Durazo, recibiría sus obras, sus proyectos, sus compromisos, pero también sus decisiones, sus problemas y el desgaste natural que implica gobernar.
¿Podría mantenerse como continuidad de ese proyecto? ¿O terminaría inevitablemente buscando imprimirle su propio sello?. Porque resulta muy difícil imaginar a un gobernador, o gobernadora, llegando al poder sin querer dejar una huella personal.
Y aquí aparece una vieja frase de la política mexicana: gobernador no deja gobernador.
Si Lorenia Valles llegara a la gubernatura de Sonora, rompería esa vieja lógica política y se convertiría en una excepción particularmente significativa: la continuidad de un proyecto político a través de una sucesión dentro del mismo movimiento.
Pero romper una tradición política también puede abrir una nueva etapa, porque el poder tiene sus propias reglas, cambian los grupos, cambian las lealtades, cambian los equilibrios y, sobre todo, cambian las expectativas de quienes acompañaron al gobierno que termina y de quienes llegan con el nuevo.
Y ahí es donde podría abrirse la verdadera caja de Pandora.
No necesariamente porque exista una ruptura anunciada, sino porque todo nuevo gobierno termina enfrentándose a las mismas tentaciones del poder: la discordia y la venganza; la soberbia y la vanidad; la mentira y el engaño; y, sobre todo, ese peligroso delirio que aparece cuando el poder deja de entenderse como una responsabilidad y comienza a asumirse como patrimonio.
Lorenia tendría entonces dos caminos igualmente complejos: ser la continuadora del proyecto de Durazo o construir su propio proyecto sin necesariamente renunciar a lo que recibió.
La pregunta no sería solamente si puede darle continuidad al proyecto, la verdadera pregunta sería si puede continuar sin convertirse en una copia y cambiar sin convertirse en ruptura.
Porque gobernar después de Durazo no sería simplemente recibir las llaves de Palacio, sería recibir también el legado, y con él, todas las cuentas pendientes del poder.

