MONITOR | La unidad no necesita explicarse, debe demostrarse

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MONITOR | La unidad no necesita explicarse, debe demostrarse

Por Alan Castro Parra

Hay comunicados políticos que informan, hay otros que intentan convencer y hay algunos que, aun cuando fueron escritos para apagar una versión, terminan revelando que esa versión existe, circula y preocupa. El posicionamiento firmado por María Dolores del Río, Lorenia Valles, Célida López, Javier Lamarque, Omar del Valle y Froylán Gámez pertenece, precisamente, a esta última categoría.

Los seis aspirantes a encabezar los trabajos de la Cuarta Transformación en Sonora salieron públicamente a decir que están unidos, que no existe ruptura, que ninguno ha decidido abandonar la contienda, que tampoco hay intención de buscar otro proyecto si no resulta favorecido y que compiten, sí, pero no están enfrentados.

Y uno podría quedarse con la lectura sencilla: los seis están unidos y punto. Pero a veces, lo más interesante no está en lo que un documento afirma, sino en por qué fue necesario escribirlo, sobre todo, porque esta no es la primera ocasión en que los seis hablan de unidad. 

   

Desde el arranque del proceso, en junio pasado, los seis pactaron públicamente civilidad, respeto al resultado de la encuesta y respaldo a quien resultara favorecido. Aquella vez, el mensaje también fue que la competencia interna no debía convertirse en confrontación.

Entonces, si la unidad ya estaba pactada, ¿por qué volver a salir juntos tres meses después para decir que siguen unidos? Ahí está la pregunta y quizá también ahí está lo relevante. 

   

No se trata de afirmar que exista una ruptura, la carta no lo demuestra, tampoco sería serio asegurar que alguno de los seis esté preparando su salida de Morena o buscando otro proyecto político. Pero sí hay un hecho que resulta imposible ignorar: la posibilidad de una división se volvió lo suficientemente relevante como para que los seis consideraran necesario negarla públicamente. Y eso cambia la lectura.

Porque el documento no se limita a decir “estamos unidos”. Va mucho más allá: Dice que no existe acuerdo para abandonar la contienda. Dice que no hay ruptura con el movimiento. Dice que no existe decisión de buscar otro proyecto. Dice que no están enfrentados. Dice que no han asumido conductas que se les atribuyen. Y finalmente dice que, cuando llegue el momento, quien resulte favorecido tendrá el respeto y la responsabilidad de todos para seguir construyendo el proyecto común.

Demasiadas negaciones para un asunto que, según la propia carta, no existe. Y aquí aparece una paradoja interesante: mientras más se insiste en demostrar la unidad, más presente queda la posibilidad de la división. No porque la carta la confirme, sino porque la pone sobre la mesa.

Hay una frase que, para mí, merece especial atención: “Eso solo cabe en quienes son leales a su propio proyecto de poder y buscan espacios alternos para realizar sus ambiciones personales.” No es una frase menor. Aquí el comunicado deja de hablar exclusivamente de unidad y comienza a hablar de lealtades, proyectos de poder, ambiciones personales y espacios alternos.

Es decir, introduce justamente el escenario que pretende negar. Y después establece el antídoto: “Ninguna aspiración personal está por encima del proyecto de transformación que hemos construido juntos.”

El mensaje es claro: cualquiera de los seis puede querer ganar, cualquiera puede tener una trayectoria, una visión y un proyecto propio, pero ninguno debería colocar su interés personal por encima del movimiento.

Hasta ahí, todo parece un ejercicio de disciplina política. Pero hay una pregunta inevitable: ¿por qué hacer ese recordatorio ahora? Porque la contienda ya no está en el punto de partida. En junio había seis aspirantes que acababan de registrarse y que necesitaban mostrar madurez, civilidad y unidad. Los seis acordaron aceptar el resultado y sumarse a quien ganara.

Hoy el escenario es distinto. Ya no se trata solamente de presentar seis nombres. Ahora cada nombre representa una trayectoria, un grupo de simpatías, una estructura política, una expectativa y, sobre todo, una aspiración que inevitablemente tendrá que enfrentarse a las otras cinco.

La competencia, conforme avanza, puede hacerse más intensa. Y cuando la competencia se acerca a la definición, también aumenta el riesgo de que las diferencias normales entre los participantes sean interpretadas como fracturas.

Por eso el comunicado puede leerse como un cinturón de seguridad político. Los seis parecen decir: podemos competir, podemos discrepar, podemos tener aspiraciones distintas, pero no queremos que la competencia termine convirtiéndose en ruptura. Y eso, paradójicamente, es justamente lo que vuelve interesante el documento.

Hay otra frase que lo resume todo: “Los seis seguimos aquí. Los seis seguimos participando. Los seis seguimos trabajando.” La repetición no es casual. Es una forma de cerrar cualquier espacio para la interpretación de que alguno ya se apartó, de que existe un bloque, de que hay una ruptura o de que alguien está preparando una ruta alterna.

Pero también es una señal de que esa interpretación existe en el ambiente político. De lo contrario, probablemente no habría necesidad de combatirla con tanta insistencia. Aquí está, entonces, la hipótesis que vale la pena poner sobre la mesa: Tal vez el problema no sea que los seis ya estén divididos. Tal vez el problema sea que el proceso interno está entrando en una etapa donde la posibilidad de división comienza a ser una preocupación real.

Y son dos cosas completamente distintas. Una cosa es afirmar que hay ruptura. Otra, muy diferente, es advertir que la ruptura se ha convertido en un escenario que los propios protagonistas sienten la necesidad de conjurar públicamente.

Porque además hay algo que Morena no puede perder de vista. En los procesos internos, muchas veces el verdadero desafío comienza después de conocer al ganador. Mientras hay seis aspirantes, todos pueden hablar de unidad. Todos pueden decir que el proyecto está por encima de las personas. El verdadero examen llega cuando uno de ellos gana y los otros cinco tienen que demostrar que aquello que firmaron antes de conocer el resultado era realmente un compromiso y no solamente una fotografía política.

Por eso resulta relevante que la carta diga: “Llegado el momento, quien resulte favorecido contará con nuestro respeto…” No solamente habla del presente, sino del día después. Y quizá ésa sea la parte más importante de todo el documento. Porque la unidad no se demuestra cuando todos tienen posibilidades. La unidad se pone a prueba cuando uno obtiene la decisión y los demás tienen que asumirla.

Los seis tienen derecho a competir., tenen derecho a tener aspiraciones, tienen derecho a defender sus trayectorias y también tienen derecho a discrepar. El propio documento lo reconoce: “Competimos entre nosotros, pero no estamos enfrentados.” Ese debería ser el principio. Pero también sería ingenuo pensar que una contienda por una candidatura de esta naturaleza carece de tensiones.

Hay demasiado en juego. No se está disputando solamente una coordinación partidista. El proceso está directamente relacionado con la definición del proyecto político que Morena y sus aliados buscarán presentar rumbo a 2027. Los seis se registraron precisamente para encabezar esa ruta.

Por eso la carta merece leerse con dos lentes. Con el primero, hay que tomarles la palabra: los seis dicen estar unidos y comprometidos con el movimiento. Con el segundo, hay que hacer periodismo: ¿por qué tuvieron que salir los seis a decirlo con tanta claridad? Una pregunta no invalida la otra. Y quizá ahí esté la verdadera historia.

Porque, insisto, cuando seis aspirantes políticos sienten la necesidad de publicar que no existe ruptura, que nadie se va, que nadie buscará otro proyecto y que todos respetarán al ganador, el asunto no necesariamente es que ya estén fracturados.

El asunto es que la posibilidad de fractura ya forma parte de la conversación política. Y eso merece atención. No para decretar una división que no está comprobada. No para poner nombres donde no los hay. No para convertir rumores en hechos. Sino para observar lo que viene.

Porque la carta puede ser, efectivamente, una demostración de unidad. Pero también puede ser algo más: el primer gran intento de contener, antes de que crezca, el riesgo de que una competencia interna termine convirtiéndose en una ruptura.

Y en política, cuando seis aspirantes tienen que recordarse públicamente que siguen siendo seis, que siguen juntos y que ninguno se va… la pregunta ya no es solamente qué tan unidos están. La pregunta es: ¿Qué tan fuerte tiene que estar la presión para que la unidad tenga que demostrarse por escrito?