Por Alan Castro Parra
Las cosas se están acomodando en Morena para la definición de la candidatura a la gubernatura, y aunque aún no tenemos convocatoria ni mucho menos una definición, al menos existe el compromiso y la voluntad de respetar el proceso interno en puerta.
Mientras eso pasa por la gubernatura, la candidatura de Morena a la alcaldía de Hermosillo se está convirtiendo en la “naranja” de la discordia, pues ha generado un amplio debate en la opinión pública y sobre todo, una lucha intestina en el movimiento de la transformación.
Es verdad, no hay abiertamente una guerra electoral, pero de pronto surge uno que otro golpe mediático o político que deja una estela de olor a azufre, mismo que deja el fuego amigo, es decir campañas negras promovidas desde dentro del mismo proyecto político.
Y es que es entendible, Morena cuenta con el respaldo de una amplia base social y de las preferencias electorales, por lo cual está entrando a esta etapa de partido hegemónico donde será más complicado lograr una candidatura, que incluso ganar una elección.
A esto hay que sumarle que precisamente el Movimiento de Regeneración Nacional es fundado en su gran mayoría por la vieja izquierda mexicana y lo que fue el PRD, donde las tribus y facciones internas sostenían una constante lucha por las posiciones de poder.
Por eso, aunque el gobernador Alfonso Durazo tenga una marcada formación institucional y un liderazgo vertical, no necesariamente los de abajo se van a cuadrar, ni mucho menos quienes tengan aspiraciones electorales van a dejarlas a un lado por el movimiento.
Claro que la narrativa y respuesta oficial es siempre “donde el movimiento me necesite”, pero tampoco hay que pecar de ingenuos, no todos lo dicen con convicción, casualmente los verdaderos fundadores del movimiento no solo lo dicen, sino que lo han demostrado.
Por lo anterior no hay que asustarnos por la competencia interna, es natural, sin embargo el problema es la competencia desleal, la que golpea y esconde la mano, la que opera en la tenebra y no te dice las cosas de frente, esa pues que actualmente se está dando.
Pero esto no se reduce a un tema de competencias individuales o entre aspirantes, sino que al mismo tiempo se da una pelea más de fondo, casi ideológica, pues aunque suenan con mayor posibilidad los cercanos al gobernador, los morenistas también quieren lo suyo.
Antes se decía que los morenistas no ganaban elecciones, pero hoy las cosas han cambiado, la fortaleza de la misma marca te permite postular personas que no necesariamente sean buenos candidatos, aun así con grandes posibilidades de victoria.
No es un derecho de antigüedad, pero sí el reconocimiento a esas personas que estuvieron trabajando por consolidar el movimiento cuando nadie quería ser candidatos y que muchos de esos se sacrificaron para lograr el registro del incipiente partido que hoy es Morena.
En esta ocasión no quisiera hablar de perfiles o perfilados, es simplemente visibilizar y entender que la competencia interna en Morena por la candidatura de Hermosillo librará dos batallas, las de los aspirantes legítimos y la de los morenistas que exigen su posición.
Porque en Morena, hoy por hoy, el verdadero adversario no está enfrente, sino adentro, y quien no entienda esa doble disputa de los aspirantes y la del reconocimiento interno, no solo puede perder la candidatura, sino algo más delicado: el control político de Hermosillo.
Para siguientes despachos dejaremos otros dos factores que también debemos de considerar cuando hablamos de la candidatura de Morena en Hermosillo, la posibilidad de que una o uno de los aspirantes a la gubernatura venga a competir en la capital del estado.
Y el otro factor, los actores que estarán involucrados en la decisión de dicha candidatura, pues aunque muchos consideran que el gobernador debe tener mano, otros podrían pensar que el candidato a la gubernatura debería de elegir con quien hacer fórmula. Y usted, ¿qué opina?
La oposición también juega a ciegas
Si alguien pensaba que la falta de definiciones era un problema exclusivo de Morena, vale la pena voltear a ver a la oposición en Hermosillo, pues lejos de existir claridad o ruta definida, lo que hay es una competencia abierta, desordenada y contradictoria rumbo a la candidatura por la alcaldía, la carrera está lejos de resolverse y parece apenas comenzar.
En MC, todo indica que la decisión ya está prácticamente tomada, Rogelio Cota, se perfila como su carta, una apuesta lógica: un perfil interno, con trabajo territorial y conocimiento de la estructura. Sin embargo, también es una jugada que pone a prueba los límites del partido, que deberá demostrar si su capital político alcanza para competir más allá de su propia base.
En el PAN, el escenario es más complejo, no hay una definición, pero sí un claro reacomodo de fuerzas, en ese proceso comienza a tomar forma la posibilidad de que Alejandro López Caballero emerja como una opción seria, su nombre no es nuevo, pero en política la vigencia no depende del pasado, sino de la capacidad de construir acuerdos en el presente.
El PRI, por su parte, enfrenta una realidad más cruda, pues podrán existir nombres, trayectorias y aspiraciones legítimas, pero difícilmente estarán en condiciones de encabezar un proyecto opositor, su margen de maniobra es limitado, y su papel, al menos en este momento, parece más cercano al de acompañante que al de un protagonista.
Pero quizá el dato más relevante no está dentro de los partidos, sino fuera de ellos.
Hoy, uno de los polos más fuertes en la definición opositora no es una dirigencia partidista, sino el propio Ayuntamiento de Hermosillo y la figura del alcalde Antonio “Toño” Astiazarán, desde ahí se está construyendo una lógica distinta, donde no necesariamente la candidatura de su sucesor nace de los partidos, sino que busca sobreponerse a ellos.
En ese círculo cercano se han mencionado tres perfiles: Ramón Corral, Daniel García y Flor Ayala. Sin embargo, en las últimas semanas el tablero parece haberse movido con mayor claridad hacia una dirección: se ha ido “deshojando la flor” a favor de Flor Ayala, aun así, no hay nada definido, principalmente por el papel decisivo que tendrán los partidos.
Porque incluso si Flor Ayala se consolida como la carta del alcalde, eso no garantiza su candidatura, tendría que pasar por un filtro inevitable: convencer a los partidos políticos o más bien a sus dirigentes, negociar espacios, construir acuerdos. Y en una oposición fragmentada, ese proceso está lejos de ser automático, es un proceso complejo.
Además, hay figuras que, sin pertenecer estrictamente a las estructuras partidistas, también juegan su propia partida. Es el caso de Pascual Soto, coordinador de Sonora con Todo, que representa una vertiente de la sociedad civil cercana al proyecto de Toño Astiazarán. Un perfil que, aunque menos visible en la narrativa tradicional, podría convertirse en factor de equilibrio..
El problema de fondo es evidente: la oposición no solo no tiene candidato, tampoco tiene método. Y en política, cuando no hay método, lo que sigue es la improvisación. Y cuando domina la improvisación, las candidaturas no se construyen: se imponen, se fracturan o simplemente se diluyen. Hermosillo, hoy, no tiene una oposición débil, sino desordenada. Veremos.

