MONITOR | En Morena no basta la unidad, es necesaria la lealtad

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MONITOR | En Morena no basta la unidad, es necesaria la lealtad

Por Alan Castro Parra

En las últimas semanas se ha venido integrando a la conversación pública y puntualmente todo lo referente a la sucesión estatal, el concepto de lealtad, entendida como un valor moral y una cualidad humana que implica respeto y apoyo incondicional hacia una causa, un grupo o una persona.

El discurso ha pasado de la unidad de la cuarta transformación a la lealtad al proyecto, pero no es un cambio de instrucciones sino la siguiente fase para el movimiento, porque en Morena ya no basta con la unidad, es necesaria la lealtad.

Cuando se hablaba y se insistía en tener unidad, lo que se evidencia es que no se tenía del todo, o al menos no había ese compromiso firmado, por eso la competencia interna y el fuego amigo ponían el riesgo que el proceso de decisión se descompusiera.

Hoy, cuando se habla de lealtad, lo que anticipa es algo todavía peor: la traición. Porque cuando un movimiento deja de pedir unidad y comienza a exigir lealtad, es porque ya no teme la división, sino la desobediencia.

Y no estoy diciendo que en este momento exista un ápice de traición, pero el empezar a mencionarlo es anticiparse a cualquier escenario adverso que resulte de una difícil decisión, como lo puede ser la designación del próximo candidato a suceder al gobernador. 

En el último consejo estatal de Morena el gobernador Alfonso Durazo mencionó algo que tiene mucho sentido y es digno de análisis: 

“Cuando uno se compromete sin reserva, sin regateos, sin zigzagueos, el movimiento es extraordinariamente generoso, el movimiento no solo paga capacidad, no solo reconoce otros méritos, esfuerzos y de más, lo más importante en el movimiento, y aquí entiendo el rol del ex presidente López Obrador, es la lealtad, lealtad al movimiento, lealtad a la causa”.

Esas palabras resumen perfectamente su concepto de lealtad, pero también traen a colación aquella frase célebre del ex presidente, que para la designación de algunos cargos se necesita 10% de capacidad y 90% de lealtad.  

Pero esa lealtad que exige no es para él, sino para el movimiento. Porque continúa diciendo:

“La lealtad a las personas es un lealtad pequeña, la lealtad a la causa es una lealtad grande, y nuestra causa no se llama Alfonso Durazo, David Mendoza, Judith, se llama Movimiento de Regeneración Nacional, y tiene un gran objetivo, la transformación nacional que debe traducirse en un mayor bienestar para la gente”.

Dicho esto ante decenas de morenistas sonorenses tiene un significado importante, pero si este mensaje era expuesto para que escucharan quienes hoy aspiran a sucederlo, esto cobra todavía más relevancia. 

Y es que lo que se firmó ahí por todos los aspirantes a la coordinación de los comités de la defensa de la transformación fue un pacto de unidad, pero la lealtad no se jura, se demuestra.

Lo hemos dicho en varias ocasiones, la cuarta transformación vino a romper paradigmas de la política mexicana, sin embargo hay cuestiones que se resisten al cambio, pues antes como antes y ahora como ahora. 

Aquella frase de muerto el rey, viva el rey, se pone a prueba a nivel nacional cada semana. Y para ejemplo las recientes apariciones de López Obrador desde su finca en Palenque, Chiapas. 

Si eso lo trasladamos a Sonora, por supuesto que debe de haber preocupación, pues aunque al gobernador Alfonso Durazo le queda todavía un poco más de un año, habrá quienes ya están enseñando el cobre. 

Por supuesto que no lo digo por nada ni nadie en particular, pero ese tipo de cosas son las que no han cambiado, por más alborotados y posibilidades que haya de llegar al Palacio de Gobierno en 2027, aquí todavía hay mucho gobernador.

Y sí, la unidad y la lealtad puede ser un discurso de manual político, lo que dice el librito, pero en la política no hay casualidades, hay causalidades. Y si hoy se habla de eso, dudo mucho que sea fortuito o una mera ocurrencia.