Por Luis Carlos Bravo
El priismo local intenta volver a moverse tras años de inactividad, abandono y fuga de cuadros políticos hacia Morena. Pero en San Luis Río Colorado, el partido que alguna vez dominó la política hoy parece más un recuerdo que una verdadera oposición.
Durante años, el PRI en San Luis Río Colorado fue sinónimo de estructura, operación política y control. Gustara o no, era un partido que tenía presencia en colonias, liderazgos visibles y capacidad de movilización. Hoy, la realidad es completamente distinta. El priismo local parece haberse convertido en un cascarón que apenas intenta recordar lo que alguna vez fue.
En días recientes, el PRI comenzó a anunciar distintas actividades políticas y de acercamiento ciudadano. Eventos, reuniones y movimientos que llaman la atención no precisamente por su fuerza, sino porque durante mucho tiempo el partido había permanecido prácticamente desaparecido de la conversación pública local.
Y siendo sinceros, cuesta creer que este repentino “despertar” haya nacido de manera espontánea. Más bien parece formar parte de la tarea política que recientemente dejó la visita de Antonio “Toño” Astiazarán a distintos liderazgos priistas de Sonora. Porque aunque todavía falten definiciones oficiales, todo apunta a que rumbo a la gubernatura del estado volverá a cocinarse una alianza entre PAN y PRI. Y evidentemente, esa misma coalición terminaría aterrizando también en alcaldías, diputaciones y regidurías.
El problema para el PRI es que hoy llega a esa posible alianza desde una posición muy distinta a la de otros tiempos. Antes negociaba candidaturas desde la fuerza. Hoy, probablemente tendría que hacerlo desde la necesidad.
Porque el PRI local no solamente perdió elecciones. Perdió identidad, perdió militancia y perdió buena parte de sus figuras. Cuando Morena se convirtió en el nuevo partido dominante en México, muchos priistas simplemente abandonaron el barco. Algunos se fueron al oficialismo sin ningún problema ideológico; otros buscaron acomodo en proyectos alternos. Y los que se quedaron terminaron reducidos a una oposición silenciosa, desorganizada y prácticamente invisible para gran parte de la ciudadanía.
En San Luis Río Colorado basta observar el ánimo social para entenderlo. Hay generaciones enteras de jóvenes que jamás han visto un PRI competitivo. Para muchos ciudadanos, el partido ya no representa absolutamente nada. Ni oposición fuerte, ni renovación, ni futuro. Apenas una sigla histórica que sobrevive gracias a alianzas y posiciones plurinominales.
En medio de ese escenario aparecen perfiles jóvenes como Alex Albelaiz Cardenas, actual dirigente municipal y regidor. Un personaje que incluso llege a mencionarlo por “coqueteos” con otras fuerzas políticas, aunque al final permaneció dentro del PRI. Pero más allá de nombres particulares, el problema del priismo local va mucho más profundo que un solo liderazgo.
La verdadera pregunta es si el PRI realmente busca reconstruirse o simplemente mantenerse vivo el tiempo suficiente para volver a colgarse de una alianza electoral que le permita conservar espacios políticos. Porque son cosas muy distintas.
Y quizá ahí está el principal reto del partido: entender que la ciudadanía ya no responde a las viejas fórmulas, a las estructuras de siempre ni a las fotografías de unidad. Mucho menos en una ciudad donde el priismo pasó de gobernarlo prácticamente todo a convertirse en una fuerza secundaria que lucha por no desaparecer.
El PRI quiere volver a caminar en San Luis. El problema es que primero tendría que convencer a la gente de que sigue teniendo rumbo.

