
El fuego no avisó. Llegó en la madrugada, cuando la ciudad aún dormía, y convirtió una sección del Relleno Sanitario en un volcán de humo negro y llamas que se alzaban contra el cielo oscuro de Hermosillo.
El reporte llegó a las 1:40 horas. Una pila de llantas, de esas que parecen montañas olvidadas, se había incendiado en el Relleno Sanitario, al Norte de la ciudad, por la carretera a la Mina Nyco. El fuego avanzaba rápido, amenazando con saltar a otros cinco cúmulos, cada uno con cientos de neumáticos apilados.
Los bomberos de las estaciones Norte y Central acudieron de inmediato. No era un incendio común: el terreno abarcaba cerca de dos hectáreas, y el humo denso y tóxico obligaba a trabajar con precaución. La prioridad era clara: contener las llamas antes de que todo el relleno se convirtiera en una hoguera.
El control llegó alrededor de las 8:00 horas, después de más de seis horas de combate ininterrumpido. Pero el trabajo no terminó ahí: las labores de remate y enfriamiento se prolongaron hasta el mediodía, cuando el fuego finalmente cedió.
Elementos de Servicios Públicos Municipales, Protección Civil Municipal y Seguridad Pública Municipal se sumaron al operativo, que requirió un relevo de personal a las 9:00 horas para mantener la presión sobre los focos remanentes.
El incendio no dejó heridos ni afectaciones a viviendas cercanas, pero sí una lección: en el relleno sanitario, donde los desechos descansan, el fuego siempre encuentra un motivo para despertar. Y cuando lo hace, todo el Norte de la ciudad lo sabe. Esta vez, los bomberos lograron domarlo.
