EDITORIAL | La última vitrina antes de la elección

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EDITORIAL | La última vitrina antes de la elección

Prácticamente, con los informes de gobierno que se han presentado en estos días, comienza a cerrarse el último tramo verdaderamente efectivo de las administraciones estatal y municipales. A partir de ahora, cada obra, cada programa, cada resultado y también cada pendiente tendrá una lectura distinta: ya no solamente como parte de un ejercicio de gobierno, sino como parte del balance que la sociedad hará de quienes han estado al frente de las instituciones.

Los informes son, en esencia, un ejercicio de rendición de cuentas. Pero en el contexto político que vive Sonora adquieren una dimensión adicional. Con el proceso electoral de 2027 cada vez más presente, se convierten también en una vitrina para observar gobiernos, partidos y, particularmente, perfiles que eventualmente podrían buscar nuevas responsabilidades. El desempeño de una administración deja de ser únicamente un asunto administrativo y comienza a convertirse en parte del expediente político de quienes la encabezan.

Ahí aparece una diferencia de fondo entre los dos principales referentes de esta lectura política. Desde el Gobierno del Estado, Alfonso Durazo ha planteado una ruta de continuidad de su proyecto, con una administración que entra en la recta final de su periodo y que busca dejar resultados que puedan sostener la idea de que el rumbo emprendido debe mantenerse. El propio cuarto informe estatal presentado en 2025 colocó como eje de su balance la transformación del estado y los resultados acumulados durante la primera mitad de su administración.

En Hermosillo, en cambio, Antonio Astiazarán ha utilizado su segundo informe para presentar el balance de un gobierno municipal que, además de rendir cuentas, empieza a proyectar sus resultados más allá de las fronteras de la capital. En su informe habló de seguridad, infraestructura, finanzas, participación ciudadana, energía y desarrollo económico, pero también planteó que algunas de las estrategias aplicadas en Hermosillo podrían replicarse en otros municipios de Sonora.

   

Y ahí está precisamente el punto político de esta etapa: uno habla de continuidad; el otro comienza a colocarse como una alternativa.

No significa que el resultado electoral esté definido, ni que los informes por sí mismos determinen el futuro político de nadie. Significa que comienza el momento en que los ciudadanos tendrán más elementos para comparar. La narrativa política tendrá que enfrentarse con los resultados concretos: qué se hizo, qué funcionó, qué quedó pendiente y qué tan distinta fue la realidad prometida de la realidad construida.

   

Para los partidos también es una vitrina. Los gobiernos serán parte del debate, pero también lo serán sus aliados, sus opositores y los perfiles que intenten convertir sus resultados en una carta de presentación rumbo a 2027. Por eso, en esta recta final, gobernar y hacer política estarán cada vez más cerca, aunque formalmente sean asuntos distintos.

El reto para quienes gobiernan será evitar que la agenda electoral termine desplazando la agenda pública. Todavía quedan meses de administración, problemas por resolver y compromisos por cumplir. Y precisamente porque queda menos tiempo, cada decisión tendrá mayor peso en la evaluación final.

Sonora entra así en una etapa particularmente interesante: los gobiernos comienzan a despedirse de la parte más amplia de sus administraciones y los aspirantes empiezan, directa o indirectamente, a presentar sus credenciales. Los informes son el último gran escaparate antes de que la elección termine por convertirse en el centro de la conversación.

A partir de ahora, más que los discursos, serán los resultados los que estarán bajo la lupa. Porque en política, cuando comienza la cuenta regresiva, gobernar también es rendir buenas cuentas.