Coordinaciones federales en Morena: siete distritos y el reto de mantener la unidad

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Coordinaciones federales en Morena: siete distritos y el reto de mantener la unidad

Morena ha entrado en una nueva etapa de organización política que, en Sonora, tendrá uno de sus momentos más importantes en la definición de las siete coordinaciones distritales federales de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.

Aunque formalmente se trata de responsabilidades de organización territorial, el proceso tiene una dimensión política que no puede ignorarse. Quienes ocupen esas posiciones podrán fortalecer su presencia en sus respectivos distritos, construir vínculos con las bases y convertirse en figuras relevantes dentro de la estructura del movimiento.

Por eso, el reto no consiste únicamente en elegir siete perfiles. Morena tendrá que demostrar que puede procesar las aspiraciones de sus propios cuadros, reconocer los liderazgos locales y aplicar las reglas de su convocatoria sin convertir la competencia interna en una fuente de divisiones.

La dificultad radica en que dentro del partido conviven dirigentes con trayectorias distintas, representantes populares, funcionarios, liderazgos territoriales y grupos que buscan conservar o ampliar su influencia. A ello se suma la necesidad de mantener una relación funcional con sus aliados electorales, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México.

   

La pregunta de fondo es si Morena podrá transformar esta competencia en una oportunidad para fortalecer su organización o si las diferencias por las posiciones terminarán debilitando la unidad que necesita para enfrentar los próximos desafíos políticos.

Los siete distritos y los perfiles mencionados

La contienda en Sonora comprende los distritos federales 01, con cabecera en San Luis Río Colorado; 02, en Nogales; 03 y 05, en Hermosillo; 04, en Guaymas; 06, en Ciudad Obregón, y 07, en Navojoa. La lista de trabajo reunida hasta ahora contempla 23 perfiles mencionados en torno al proceso, distribuidos de la siguiente manera:

Distrito 01, San Luis Río Colorado: Iván Sandoval, Ricardo Lugo y Manuel Baldenebro.

Distrito 02, Nogales: Francisco Gim, Jesús Pujols y Carlos Navarrete.

Distrito 03, Hermosillo: Fanny Duarte, Rebeca Valenzuela, Cristina Rodríguez y Diana Karina Barreras.

Distrito 04, Guaymas: Antonio Merel, Karla Córdova y José Carlos Zatarain.

Distrito 05, Hermosillo: Jacobo Mendoza y Omar del Valle.

Distrito 06, Ciudad Obregón: Anabel Acosta, Marina Herrera, Sergio Pablo Mariscal, Edgar Gutiérrez Lara y Juanita Martínez Lara.

Distrito 07, Navojoa: Francisco Vázquez, Alma Higuera, Pedro Mendívil y Próspero Valenzuela.

Esta relación permite dimensionar el interés que despierta el proceso, pero debe hacerse una precisión: los nombres mencionados como aspirantes no equivalen necesariamente a registros aprobados por Morena. La convocatoria establece que la recepción de una solicitud no garantiza su aceptación, por lo que la lista definitiva dependerá de las resoluciones de las instancias partidistas.

La diferencia es importante porque el número de participantes podría modificarse una vez que se revisen los expedientes y se determine qué perfiles cumplen con los requisitos establecidos.

Además, cada distrito tiene sus propias características políticas y territoriales. En las demarcaciones fronterizas, como San Luis Río Colorado y Nogales, será relevante la capacidad de organización de los perfiles en sus respectivas regiones. En Hermosillo, donde existen dos distritos federales, la competencia puede adquirir una dimensión adicional por la concentración de actores y grupos políticos.

En Guaymas, Ciudad Obregón y Navojoa, las trayectorias de los participantes y sus vínculos con las estructuras locales serán elementos que deberán observarse para entender cómo se desarrolla la disputa.

No existe, por tanto, una sola lógica que permita anticipar los resultados de los siete distritos. Cada uno tiene su propia correlación de fuerzas y sus propias expectativas.

La ruta: del registro a la definición

La convocatoria del Comité Ejecutivo Nacional de Morena estableció el periodo de registro entre el 1 y el 4 de octubre de 2026. A partir de esa etapa, el procedimiento contempla la revisión de los expedientes y la determinación de cuáles solicitudes cumplen con las disposiciones aplicables.

Entre los requisitos se encuentran la ciudadanía mexicana por nacimiento, la mayoría de edad, las condiciones de origen o residencia previstas en el documento y otras disposiciones relacionadas con los derechos políticos y partidarios, determinados cargos, antecedentes y formación política.

La Comisión Nacional de Elecciones tendrá un papel central en la valoración de los perfiles. La convocatoria contempla criterios como la trayectoria política y social, el reconocimiento territorial, la congruencia ética, los valores y la documentación presentada.

También establece que las decisiones deberán responder a las necesidades organizativas del movimiento y rechaza prácticas como el influyentismo, el favoritismo y el nepotismo.

Esto significa que el capital político de cada aspirante será importante, pero no necesariamente suficiente. Haber ocupado un cargo público, contar con relaciones políticas o tener presencia dentro de una estructura no garantiza la aprobación del registro ni la designación final.

La dirigencia tendrá que valorar qué perfiles reúnen las condiciones para asumir la responsabilidad y contribuir al trabajo territorial de Morena.

La convocatoria contempla la posibilidad de realizar encuestas cuando existan más de seis perfiles considerados idóneos en un distrito, con el propósito de seleccionar hasta seis que continúen a la siguiente etapa. También prevé la posibilidad de efectuar hasta dos encuestas o ejercicios de opinión, incluidos mecanismos de contraste entre empresas especializadas.

La paridad de género será otro elemento determinante. La composición final deberá ajustarse a las reglas correspondientes, por lo que las posibilidades individuales no pueden analizarse al margen del conjunto de las designaciones.

De acuerdo con la convocatoria, la lista definitiva de registros aprobados deberá publicarse a más tardar el 31 de diciembre de 2026 en el sitio oficial de Morena.

Hasta entonces, cualquier análisis deberá distinguir entre los perfiles mencionados en la contienda y las determinaciones formales que emita el partido. Adelantar ganadores o dar por aprobados todos los registros sería confundir las etapas del procedimiento.

La popularidad no será el único factor

Uno de los aspectos relevantes de la convocatoria es que la definición de las coordinaciones no se plantea exclusivamente como un concurso de popularidad.

El reconocimiento territorial y la trayectoria son elementos importantes, pero forman parte de una evaluación más amplia. La capacidad de organización, la congruencia con los principios del movimiento y la disposición para trabajar bajo una estrategia común también serán factores que deberán considerarse.

En consecuencia, la dirigencia tendrá que encontrar un equilibrio entre los perfiles con trayectoria pública, quienes mantienen presencia en las estructuras partidistas y aquellos que han construido vínculos con las bases desde el territorio.

El reto consiste en seleccionar a quienes puedan contribuir a la organización sin convertir las coordinaciones en premios para grupos o personas que ejerzan mayor presión política.

Si las decisiones se perciben como producto de favoritismos, podrían generar inconformidades que afecten la credibilidad del procedimiento. En cambio, una explicación clara de los criterios utilizados puede ayudar a que los participantes comprendan cómo se tomaron las determinaciones, incluso cuando no favorezcan sus aspiraciones.

La transparencia política y la comunicación serán fundamentales. No bastará con emitir una resolución; también será importante que las dirigencias eviten que la falta de información alimente sospechas y confrontaciones.

La convocatoria establece restricciones a las formas de promoción, prohíbe el uso de recursos públicos y programas sociales para favorecer aspiraciones y contempla consecuencias ante determinadas conductas. Los participantes deberán ajustarse a las actividades permitidas y contar con el registro aprobado cuando corresponda.

La disciplina, por tanto, será parte importante del proceso. La competencia no puede convertirse en una autorización para utilizar recursos indebidos, presionar a las estructuras o descalificar públicamente a quienes participan.

El riesgo de las fracturas internas

La parte más complicada podría comenzar después de que se conozcan las decisiones.

En política, las aspiraciones suelen estar acompañadas de expectativas, compromisos y respaldos. Cada participante puede considerar que tiene los méritos suficientes para obtener una coordinación, ya sea por su trayectoria, su reconocimiento territorial o el grupo que lo acompaña.

El problema aparece cuando esa convicción se transforma en la idea de que la posición le corresponde por derecho propio.

Si un aspirante considera que tiene mayor trayectoria, otro que cuenta con más respaldo territorial y un tercero que representa a una corriente relevante, la definición puede convertirse en una disputa sobre quién merece el reconocimiento, en lugar de concentrarse en quién reúne las mejores condiciones para la tarea.

Morena ha construido buena parte de su fuerza a partir de la capacidad de reunir expresiones políticas diversas. Sin embargo, esa pluralidad puede convertirse en una fuente de fricción cuando las reglas no son aceptadas o cuando los participantes consideran que las decisiones se tomaron sin equidad.

Por eso, la conducción política será tan importante como el método de selección.

La dirigencia tendrá que explicar las decisiones, aplicar los criterios con consistencia y procurar que las diferencias se procesen dentro de los mecanismos establecidos. No puede garantizarse que todos queden satisfechos, pero sí puede evitarse que una inconformidad se convierta en una fractura mayor.

También será fundamental que quienes no resulten seleccionados mantengan la disposición de colaborar con el movimiento. Perder una definición interna no debería significar la expulsión política de un grupo ni el rompimiento de los vínculos construidos durante años.

De igual manera, quienes obtengan las coordinaciones deberán entender que no recibirán una propiedad personal sobre el distrito ni una autorización para marginar a quienes respaldaron otras opciones.

La verdadera prueba será la capacidad de integrar a los participantes después de la competencia. Si la selección termina en una lucha permanente entre ganadores y perdedores, la estructura que Morena busca construir podría nacer debilitada.

PT y Partido Verde: cuidar la alianza

Resolver las diferencias internas de Morena será una tarea compleja, pero mantener una relación política funcional con sus aliados también exigirá atención.

El PT y el Partido Verde tienen dirigencias, militancias, intereses y trayectorias propias. Aunque participan en proyectos electorales compartidos, no constituyen una sola organización ni están exentos de diferencias políticas.

La convocatoria de Morena regula un procedimiento interno para definir sus coordinaciones. No determina por sí misma cómo se distribuirán futuras candidaturas ni qué espacios corresponderán a cada partido en las elecciones de 2027. Por ello, sería incorrecto asumir que las coordinaciones equivalen automáticamente a candidaturas futuras.

Sin embargo, también sería ingenuo ignorar que las decisiones internas pueden repercutir en la relación entre las fuerzas políticas.

Si las coordinaciones se convierten en espacios de posicionamiento para proyectos personales o futuros aspirantes, podrían cruzarse los intereses de diferentes grupos y partidos. De ahí la importancia de no presentar el proceso como una distribución anticipada de posiciones electorales.

Morena necesita conservar la autonomía para resolver sus asuntos internos, pero también debe evitar que las decisiones provoquen tensiones innecesarias con el PT y el Verde.

La unidad de una alianza no significa que todos deban renunciar a sus intereses, sino que existan mecanismos de diálogo para procesar las diferencias sin poner en riesgo el proyecto compartido.

La dirigencia tendrá que evitar dos extremos: permitir que los desacuerdos paralicen la organización o actuar como si los intereses de los aliados carecieran de importancia.

La construcción de acuerdos será indispensable, particularmente si las definiciones distritales empiezan a interpretarse como señales sobre la distribución del poder político en Sonora.

La paridad y la responsabilidad de los seleccionados

La paridad de género constituye otro elemento que deberá considerarse durante el proceso. La convocatoria contempla los ajustes necesarios para garantizarla, por lo que la definición de los perfiles no puede analizarse exclusivamente a partir de sus trayectorias o del número de apoyos que reúnan.

La participación de las mujeres deberá valorarse por sus capacidades, experiencia, vínculos territoriales y posibilidades de contribuir a la organización. El cumplimiento de la paridad debe formar parte de la aplicación de las reglas desde el principio, no convertirse en un criterio improvisado al final.

Pero la responsabilidad de Morena no terminará con la publicación de los nombres.

Quienes resulten seleccionados deberán demostrar que pueden organizar, escuchar y sumar. La eficacia de las coordinaciones no se medirá solamente por la visibilidad de sus titulares, sino por su capacidad para fortalecer la presencia territorial del movimiento e integrar a las distintas expresiones que participaron en la competencia.

El reto será pasar de la disputa por una posición al trabajo colectivo. Para ello, los seleccionados deberán evitar actitudes excluyentes y reconocer que los demás aspirantes pueden seguir contribuyendo al proyecto.

La unidad no se decreta: se construye

Morena enfrenta en Sonora una oportunidad para fortalecer su organización territorial, pero también una prueba de madurez política. La definición de las siete coordinaciones exigirá aplicar las reglas, evaluar los perfiles y resolver las aspiraciones sin permitir que las diferencias se conviertan en conflictos permanentes.

La Comisión Nacional de Elecciones tendrá que revisar los registros y valorar las trayectorias; los aspirantes deberán respetar las etapas y las disposiciones; y las dirigencias tendrán que comunicar las decisiones con claridad y atender las inconformidades por las vías correspondientes.

Al mismo tiempo, será necesario cuidar la relación con el PT y el Partido Verde, entendiendo que la competencia interna de Morena no debe convertirse en una fuente innecesaria de tensiones para el proyecto compartido.

No hay garantía de que todos queden satisfechos. En una competencia con múltiples aspirantes, las inconformidades son posibles. Lo que sí puede evitarse es que el desacuerdo termine en una fractura que debilite al partido.

La prueba de madurez estará en reconocer que ninguna coordinación distrital vale más que la cohesión del movimiento y que ninguna aspiración individual debería comprometer la capacidad de trabajar en equipo.

Al final, la pregunta no será solamente quiénes encabezarán las coordinaciones de Morena en los siete distritos federales de Sonora. La cuestión de fondo será si el partido logra salir de este proceso con una organización más fuerte, sus liderazgos integrados y sus aliados dispuestos a seguir construyendo acuerdos.

Morena tendrá que demostrar que sabe elegir, pero, sobre todo, que sabe sumar después de elegir.