COLUMNA | Crecer hacia arriba, no hacia afuera

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COLUMNA | Crecer hacia arriba, no hacia afuera

Por René Garcia

Hermosillo tiene un problema que todos padecemos aunque pocos lo nombramos: la ciudad se estiró demasiado. Cada año la mancha urbana avanza hacia la periferia mucho más rápido de lo que crece la población, y eso tiene un costo que pagamos todos. Cada nuevo fraccionamiento lejano exige kilómetros adicionales de tuberías de agua, drenaje, alumbrado público, pavimento y rutas de transporte. El propio Plan Municipal de Desarrollo reconoce que el bacheo y el agua son dos de las principales demandas de los hermosillenses. No es casualidad: es matemática. Entre más dispersa la ciudad, más calles que pavimentar, más fugas que reparar y menos presupuesto por metro cuadrado. 

La respuesta que están dando las grandes ciudades del mundo es sencilla: construir de manera vertical. ONU-Habitat lo ha dicho con claridad en sus guías de ciudad compacta: crecer aprovechando el espacio existente abarata la recolección de basura, el agua, el alumbrado y la vigilancia, porque acorta las distancias que cada servicio debe recorrer. Es menos costoso llevar agua, luz y drenaje a 144 departamentos en dos cuadras que a 144 casas en doce. Cuando mil familias viven en torres sobre un bulevar ya urbanizado, el municipio aprovecha la red que ya existe en lugar de tender kilómetros nuevos. Eso libera recursos para lo que hoy nos falta: recarpeteo, parques, agua.

Los casos de éxito sobran. Curitiba, en Brasil, concentró desde los años setenta la construcción en altura sobre sus ejes de transporte y se volvió referencia mundial de eficiencia urbana. Vancouver apostó por torres residenciales en el centro y hoy es de las ciudades más caminables de Norteamérica. Y no hay que ir tan lejos: Monterrey, con el Distrito Tec y Valle Oriente, demostró que la densificación revaloriza colonias enteras y atrae inversión. En el sur de la República, la CDMX regeneró Reforma con vivienda vertical donde antes había predios subutilizados.

Hermosillo ya empezó a moverse en esa dirección: hoy es común ver torres en construcción sobre los principales bulevares y conjuntos de departamentos en colonias céntricas como Centenario, San Benito y Modelo, se debe trabajar en la reestructuración de usos de suelo, una tarea que ya debería estar haciendo el IMPLAN. Ese es el camino correcto, pero hay que acelerarlo con reglas claras: incentivos fiscales para redensificar el centro, en lugar de cobrar impuestos adicionales por cada piso construido, debe haber trámites ágiles para vivienda vertical media, y frenos reales a los fraccionamientos que nacen sin escuelas ni hospitales cerca.

Construir hacia arriba no es un capricho de desarrolladores; es la manera de que el dinero público rinda, de que los jóvenes puedan vivir cerca de su trabajo y de que la ciudad deje de perseguir su propia sombra en el desierto. Hermosillo no necesita más ciudad; necesita mejor ciudad. Y la mejor ciudad ya tiene dónde crecer: hacia arriba, más eficiente.