Por Jesús Donaldo Guirado
En tiempos donde la política suele naufragar entre el ditirambo fácil y la promesa efímera, resulta saludable encontrar acciones públicas cuya utilidad social es tan perceptible como inmediata. La reciente entrega de diez proyectos productivos a personas con discapacidad por parte del Gobierno Municipal de Huatabampo y el Sistema DIF representa precisamente eso: una política que se finca en oportunidades y no en discursos.
El alcalde Alberto “Beto” Vázquez ha insistido en una idea tan sencilla como insoslayable: la inclusión auténtica no se decreta desde el atril ni se construye con proclamas grandilocuentes, sino con herramientas que permitan a las personas desarrollar sus aptitudes y alcanzar autonomía económica. Y en esa coyuntura, los proyectos entregados —desde equipamiento para mariscos hasta panaderías, carretas de hot dogs y tortillerías de harina— adquieren un significado que trasciende lo meramente administrativo.
Existe además un componente intrínseco que dota de mayor legitimidad al mensaje del presidente municipal. Cuando Beto Vázquez reconoce conocer de primera mano las dificultades que enfrentan las familias con integrantes con discapacidad, no recurre al artificio político ni a la zalamería discursiva; habla desde una experiencia que permea su vida cotidiana y que, inevitablemente, influye en la orientación de su gobierno.
No es menor tampoco el acompañamiento institucional del gobernador Alfonso Durazo Montaño y de la presidenta del DIF Sonora, Rocío Chávez, cuya visión ha permitido que programas como “Yo Puedo” aglutinen esfuerzos estatales y municipales bajo un mismo tenor: transformar la asistencia en desarrollo y la ayuda en oportunidad.
Mención aparte merece la labor cotidiana de Andrea Cota Murillo al frente del DIF Municipal, cuya gestión cercana y constante ha permitido que estos beneficios lleguen a quienes durante décadas permanecieron en la penumbra de las políticas públicas tradicionales.
Porque si algo demuestra esta estrategia es que la inclusión no puede medirse por la profusión de discursos ni por la iconolatría de las buenas intenciones. Se mide, más bien, por la posibilidad tangible de que una familia incremente sus ingresos, por la dignidad que otorga el trabajo y por la certeza de que el esfuerzo propio encontrará respaldo institucional.
Huatabampo parece entender que el bienestar social no es un concepto abstracto ni una aspiración halagüeña reservada para los informes de gobierno. Es, en esencia, la suma de pequeñas decisiones que cambian vidas concretas.
Y quizá ahí radique la diferencia entre administrar y gobernar: mientras unos contabilizan programas, otros procuran que las oportunidades lleguen, irrestrictamente, a quienes más las necesitan.

Samuel Borbon.- Deporte
Samuel Borbón: donde nacen los sueños del fútbol alamense
¿Su gobierno apoya al deporte? En Álamos la respuesta parece ser afirmativa y, sobre todo, tangible. Porque respaldar al deporte no consiste únicamente en cumplir con el protocolo administrativo ni en incorporar el tema al discurso institucional de ocasión; implica generar condiciones reales para que el talento encuentre un camino y los sueños un punto de partida.
La reciente inauguración de dos nuevos campos de fútbol con pasto sintético en la
Unidad Deportiva Bicentenario es muestra de ello. Entre goles, sonrisas y la algarabía propia de las grandes jornadas deportivas, el municipio abrió espacios que no solamente servirán para disputar partidos, sino para fecundar aspiraciones y consolidar proyectos de vida.
Porque una cancha jamás es únicamente una cancha.
Es el sitio donde se forjan valores, donde la disciplina comienza a sustituir al ocio y donde las madrugadas, los sacrificios y la porfía cotidiana empiezan a adquirir sentido. Es, en muchas ocasiones, el primer peldaño hacia escenarios que parecían reservados para otros.
La presencia de las visorías del Club América convirtió la jornada en algo más que una inauguración deportiva. Niñas, niños y jóvenes alamenses tuvieron la oportunidad de mostrar sus aptitudes frente a una de las instituciones más insignes del fútbol mexicano y acercarse, quizá por primera vez, a la posibilidad real del profesionalismo.
Diez de ellos lograron avanzar a la siguiente etapa en la ciudad de Los Mochis. Sin embargo, hubo un caso que sobresalió entre todos: Hanna Nicol, quien consiguió su pase directo a las pruebas en la Ciudad de México, un logro que habla tanto de su talento como del esfuerzo silencioso que existe detrás de cada entrenamiento y cada sacrificio familiar.
Porque detrás de cada nombre seleccionado hay uniformes cubiertos de tierra, kilómetros recorridos, jornadas interminables y familias enteras que, contra toda adversidad, decidieron no claudicar en su empeño de acompañar un sueño.
Hoy no solamente viajan niños a probar suerte en el fútbol profesional. Viajan ilusiones, expectativas y la esperanza colectiva de un municipio que anhela ver a uno de los suyos defender algún día los colores de los grandes estadios del país.
Quizá entre ellos se encuentre la próxima figura del fútbol mexicano. Quizá dentro de algunos años las crónicas deportivas hablen de un jugador oriundo de Álamos que comenzó su historia en estas canchas recién inauguradas.
Y si ese día llega, será imposible soslayar que todo comenzó con una decisión aparentemente sencilla: apostar por el deporte no como ornamento gubernamental ni como artificio político, sino como una herramienta de transformación social. Porque hay obras que se inauguran y se olvidan con el tiempo. Y hay otras, como estas canchas, donde nacen historias que terminan cambiando vidas.

