
Vera Wang, estudiante del instituto Kaiser en Hawái, ha logrado un avance científico notable: comparar cómo varios hongos presentes en una cáscara de coco tienen la capacidad de biodegradar plástico y compuestos químicos de protectores solares.
Todo comenzó hace dos años, cuando Wang, entonces en décimo grado, diseñó un filtro utilizando subproductos del coco para retirar microplásticos y crema solar de la superficie del mar. Para ello, tomó como referencia la manera tradicional de tejer de la Polinesia, aprovechando la fibra de coco, un material poroso capaz de atraer partículas pequeñas y contaminantes.
La duda surgió una vez que probó la efectividad del invento: ¿qué hacer con los restos atrapados? Acudió al laboratorio de Anthony Amend, en el Centro de Investigación de Biociencias del Pacífico de la Universidad de Hawái en Mānoa, para trabajar junto a Kaylee Christensen.
Al dejar pasar aire y agua, se crea en la fibra del coco un ambiente propicio para que se formen microorganismos. Esos hongos de la cáscara fueron analizados y puestos en contacto con plásticos y crema solar para observar su reacción. La sorpresa fue comprobar que algunos degradaban estos materiales y los transformaban en sustancias más simples.
Los resultados son similares a los de un estudio de Ronja Steinbach publicado en la revista Mycologia, donde 42 de 68 cepas de hongos marinos degradaban poliuretano. El equipo también identificó una sustancia vinculada a los taninos, presente de forma natural en las plantas, que permitía descomponer los hongos con mayor efectividad. Al analizar el ADN, comprobaron que muchas de estas especies no estaban en las bases de datos genéticas, por lo que se trata de hongos no registrados.
El trabajo obtuvo el primer puesto en microbiología en la Feria Estatal de Ciencia e Ingeniería de Hawái de 2026 y, en mayo pasado, el tercer puesto en los premios de microbiología de la Society for Science en la feria internacional Regeneron, con mil 200 dólares.
Es una investigación escolar que aún no puede catalogarse como una técnica validada para aplicarse en el mar, pero representa un avance prometedor en la lucha contra la contaminación oceánica.
