SONORA STAR | Toyota, la primera grieta visible del nuevo T-MEC

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SONORA STAR | Toyota, la primera grieta visible del nuevo T-MEC

Por Luis Fernando Heras Portillo

En el marco de estas vacaciones largamente acariciadas desde 2019, pospuestas por la pandemia, ahora por fin recorriendo los países escandinavos, revisando noticias de la BBC de Londres mis ojos se fijaron en una nota: la pickup Tacoma de Toyota no solo dejará de producirse en México, traslada su planta al estado de Texas, en la Unión Americana.

Toyota invertirá 3,600 millones de dólares para ampliar su planta de San Antonio, y trasladará ahí, en cuatro años, la producción que hoy sale de Tijuana, Baja California.

Vale aclarar los hechos: no es un cierre de operaciones. Toyota mantiene su planta de Guanajuato, con 2,800 empleos directos, que seguirá fabricando el mismo modelo. Lo que se mueve es una línea específica de Tijuana. La Secretaría de Economía y Baja California lo confirmaron así, y se espera además una nueva inversión japonesa superior a 500 millones de dólares.

Como empresario me preocupa más el fondo que la forma: el anuncio llegó apenas días después de que Estados Unidos confirmara que no renovará el T-MEC en su forma trilateral, optando por revisiones anuales. Toyota lo vinculó explícitamente a esa incertidumbre comercial y a los aranceles de la administración Trump.

 

¿Por qué importa más allá de una camioneta?

Toyota es la armadora más grande del mundo por ventas. Que mueva producción hacia Estados Unidos, mientras pide públicamente renovar el tratado, manda una señal clara a toda la cadena de proveedores en México: la falta de certidumbre jurídica ya pesa más que las ventajas de costo y cercanía que sostuvieron el nearshoring.

Cuando veas la barba de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.

En Sonora tenemos la planta de Ford en Hermosillo, la única armadora del estado, motor de la economía local y de las exportaciones sonorenses al mundo. Con Trump impulsando el reshoring para que las empresas regresen a producir en Estados Unidos, el gobierno de México y el de Sonora deberían estar en alerta roja: lo que le pasó a la Tacoma en Tijuana perfectamente le podría pasar mañana a una línea de Ford en Hermosillo.