
Por Jesús Donaldo Guirado
En política, pocas veces el problema radica en el liderazgo. En no pocas ocasiones, la verdadera calicata debe hacerse en quienes rodean al líder. Ahí suele encontrarse el origen de los errores que, aunque parecen menores, terminan por trastocar la percepción pública de un proyecto. Ese parece ser el caso de Javier Lamarque.
No es un secreto dentro de los corrillos de Morena que uno de los mayores desafíos del alcalde con licencia de Cajeme no es su posicionamiento ni su trayectoria política, sino la operación de un equipo que, una y otra vez, deja escapar oportunidades por fallas de logística, estrategia y comunicación.
El episodio más reciente quedó expuesto durante la celebración de los doce años de la Cuarta Transformación en la Arena Sonora. Mientras miles de militantes acudían convencidos de formar parte de un acto de unidad, la organización permitió una escena que muchos interpretaron como una preferencia hacia otra aspirante a la Coordinación de la Defensa de la Transformación, facilitándole condiciones para proyectar una imagen de mayor respaldo popular.
La percepción es importante en política, pero también puede convertirse en una falacia cuando se construye sobre artificios.
Quienes conocen el pulso de Morena en Sonora sostienen que la realidad en territorio es distinta y que Javier Lamarque continúa siendo uno de los perfiles con mayor arraigo entre la militancia. Sin embargo, una estructura deficiente puede terminar por dilapidar el capital político de cualquier aspirante, por sólido que este sea.
Y aquí conviene hacer una precisión. La crítica no está dirigida a Lamarque como figura política. El señalamiento apunta hacia un equipo que parece reaccionar tarde, improvisar demasiado y dejar espacios que otros aprovechan con notable eficacia. Como suele decirse en el lenguaje coloquial, “se los están comiendo en un totopo”, una expresión que resume, con crudeza, la coyuntura que enfrenta su proyecto.

Rubén González.- La marca
El primer paso para resolver un problema es reconocerlo. Tal vez haya llegado el momento de renovar liderazgos, incorporar perfiles con mayor experiencia operativa y abandonar inercias que, lejos de fortalecer el proyecto, comienzan a convertirse en una carga. Una alternativa natural podría encontrarse en el círculo del senador Heriberto Aguilar Castillo.
Quienes han observado su operación política coinciden en que su equipo destaca por una logística pulcra, una comunicación coordinada y una capacidad para anticipar escenarios antes de que estos se conviertan en crisis. No es casualidad

