
Por Luis Fernando Heras Portillo
Colombia confirmó lo que el continente lleva diciendo desde las urnas durante tres años. Abelardo de la Espriella, candidato de derecha del movimiento Defensores de la Patria, se impuso en segunda vuelta ante el senador oficialista Iván Cepeda del Pacto Histórico de Gustavo Petro. El margen fue ajustado, pero el mensaje es contundente: el populismo de izquierda en Colombia agotó su ciclo.
No es un fenómeno aislado. Desde 2023, once de catorce elecciones en América Latina fueron ganadas por fuerzas de derecha: Milei en Argentina, Kast en Chile, Noboa en Ecuador, Asfura en Honduras, Fernández en Costa Rica. El péndulo no solo se movió — lleva tres años acelerando.
El cambio no responde únicamente a un entusiasmo ideológico por la derecha, sino a un voto de protesta contra gobiernos de izquierda que no cumplieron con las expectativas. Siete años de experimentos populistas en varios países de la región dejaron déficits fiscales desbocados, inflación, desinversión y promesas incumplidas. Colombia enfrenta una deuda pública de las más altas de América Latina, un déficit fiscal del 6.4% y problemas estructurales en salud y educación como herencia directa del gobierno Petro. El ciudadano votó con la billetera.
En menos de un año, los votantes de Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile y Costa Rica eligieron líderes de derecha impulsados principalmente por preocupaciones sobre el crimen y la economía. La izquierda latinoamericana cometió el error histórico de subestimar la demanda ciudadana de seguridad pública, confundiéndola con autoritarismo. El electorado no la perdonó. Bukele en El Salvador lo entendió antes que nadie; hoy es el modelo que todos copian — para bien o para mal.
En México tendrá lugar el proceso de selección interna de candidatos con miras a 2027, además de someterse a un referéndum revocatorio. La tendencia continental llega en el peor momento para el oficialismo mexicano: bajo crecimiento, inseguridad persistente y un electorado cada vez más volátil. De las 15 democracias analizadas en la región, nueve han cambiado de orientación política desde 2022, en su mayoría de izquierda a derecha. México no será inmune a esa ola indefinidamente.
La señal desde Bogotá es clara: cuando los gobiernos no entregan resultados en economía ni seguridad, las ideas importan menos que las facturas pendientes.

