
Por René García
Si Sonora pierde su conexión con el centro, lo perderá todo: no hay proyecto que sobreviva a un equipo desconectado de su estratega. Y esa es, hoy, la jugada más importante sobre la mesa.
¿Qué tienen que ver el fútbol y el futuro de Sonora? Más de lo que parece. Ningún proyecto ganador se improvisa cuando se acerca el final de un ciclo.
El buen estratega no deja la dirección al azar: sabe que la grandeza de un club no depende solo del técnico, sino de quién toma la estafeta en la mediacancha para conectar la defensa con el ataque y sostener la identidad de juego.
Alfonso Durazo ha jugado como el director técnico que armó un equipo competitivo. Su gestión se sostiene en una virtud que en el futbol llamaríamos tener línea directa con la banca: la cercanía con el gobierno federal.
Esa conexión ha sido el pase entre líneas que permitió a Sonora gestionar recursos, atraer inversión y mantener el ritmo. Perderla equivale a quedarse sin profundidad: el equipo seguiría corriendo, pero sin generar jugadas que se traduzcan en obra, empleo y certidumbre.
Por eso el perfil del próximo coordinador exige tres cualidades, y la tercera es la decisiva. Primero, saber gobernar: oficio, experiencia. Segundo, leer los tiempos del partido. Y tercero —la más importante— mantener viva esa sociedad con la dirección nacional, porque ahí se define si Sonora juega en primera o desciende.
La continuidad se parece a la de un club que cambia de entrenador sin perder su filosofía. Los equipos que conservan su idea a través de los relevos construyen dinastías; los que improvisan en cada cambio terminan en la parte baja de la tabla, como ocurrió en el pasado con los que hoy son oposición. Para que el legado no se diluya, el relevo debe garantizar el mismo sistema: la misma visión, con piernas frescas para los noventa minutos que vienen.
Quien dirija esta etapa deberá ser el jugador que no pierda ese balón, que evite que Sonora quede aislado de las jugadas colectivas donde se reparten los recursos y las grandes inversiones. Designar al coordinador correcto es como elegir al capitán que porta el gafete: requiere jerarquía, lectura de juego y la confianza del vestidor y de la dirigencia.
Que nadie se confunda: el reto no es ganar el próximo partido, sino asegurar que el proyecto compita al más alto nivel muchas temporadas más. Un estado que pierde su conexión con el centro juega a la defensiva toda su historia. La afición —los sonorenses— merece un equipo que no baje los brazos.

