Por Luis Fernando Heras Portillo
¿LA CÉLIDA Y AHORA PAULINA? Todo comenzó con Célida López Cárdenas. Exalcaldesa de Hermosillo, excandidata al Senado por el PT —en el famoso Plan C—, y actual secretaria de Agricultura y Ganadería. Hace apenas unas semanas, nadie la colocaba en la carrera por la gubernatura. Hoy, las encuestas internas más serias la ubican en el primer lugar de preferencias, por encima de Lamarque, Valles y cualquier otro aspirante morenista.
¿La razón? Una decisión estratégica: Célida se quitó la etiqueta del PT, reapareció vestida de morado con el logotipo de Morena, y comenzó a recorrer el estado los fines de semana… haciendo campaña por Javier Lamarque. Paradójico, pero efectivo. Con eso demostró disciplina, lealtad y, sobre todo, una capacidad de reconfiguración política que pocos tienen.
Ahora, la segunda ficha que sube es Paulina Ocaña. Para quien no la conozca, Paulina es nieta del fallecido ex gobernador Samuel Ocaña García —un ícono del priismo sonorense de antaño—, pero ha construido su propio camino. Actualmente se desempeña como jefa de la oficina del gobernador Alfonso Durazo, un puesto de alta confianza y operación política fina.
Hace unos días, Paulina publicó en su Facebook un mensaje que, a simple vista, parece un acto de militancia más: reafiliación a Morena, agradecimiento a Judith Armenta y Felipe Sesma, respaldo a Sheinbaum y Durazo. Pero visto con lupa analítica, es mucho más. Es el segundo movimiento visible de una estrategia diseñada desde las alturas.
El PT como “préstamo”, Morena como destino final
Recordemos el contexto. En las elecciones pasadas, varios cuadros políticos jóvenes —incluyendo a Célida López y a varios de sus colaboradores— participaron bajo las siglas del PT. No por convicción partidista, sino por necesidad electoral: la coalición así lo requirió. Fueron, en el argot local, “prestados”.
Hoy, a dos años de la elección para gobernador, el gobernador Durazo y la dirigencia estatal de Morena están ejecutando un movimiento de repatriación de talento. La instrucción es clara: todos aquellos que andaban en el PT deben regresar a casa.
El previsible desfile de camisas moradas
Sin “sara divino” y con un poco de sentido común aplicado al análisis político y a las estrategias previas a una campaña electoral, es fácil predecir lo que viene en las próximas semanas.
Decenas de jóvenes que hoy militan formalmente en el PT —pero que nunca dejaron de coordinar sus pasos con la estructura de Morena— empezarán a aparecer con sus camisas moradas los fines de semana. Veremos fotos en redes sociales, recorridos en colonias populares, eventos de reafiliación y, sobre todo, mucha actividad proselitista en su “tiempo libre”.
Ojo: muchos de ellos son servidores públicos activos. la presidenta Chain Bank acaba de hacer un pronunciamiento en la mañanera abierto. Claro y directo todos aquellos que aspiren a cargos públicos y sean servidores públicos. Deben de renunciar o separarse de su cargo.
No renuncian a sus cargos —no tendrían por qué hacerlo todavía—, pero comienzan a construir su propia narrativa de cara al 2027. La línea entre la función pública y la precampaña se difumina, como siempre ocurre en los estados con vocación electoral temprana.
Así que prepárense para ver desfilar, entre otros, a Adolfo Salazar y a Froylán Gámez. El primero, un joven operador político con presencia en el valle del Yaqui y conexiones directas con el gabinete estatal. El segundo, actual secretario de Educación en Sonora, quien —como Célida López— recibió su “premio de consolación” tras perder la senaduría. Ambos fueron piezas clave en el Plan C, ambos militaron bajo la cobija del PT, y ambos son, hoy por hoy, activos valiosísimos para Morena.
¿Regresarán? La respuesta es sí. La única incógnita es cuándo y bajo qué circunstancias. Pero el sentido común indica que antes de que termine el primer semestre de 2026, los veremos oficialmente reafiliados y posicionándose para alguna candidatura —diputaciones locales, federales o alguna presidencia municipal.
La gran interrogante: Javier Villarreal y la CTM
Sin embargo, no todo es un camino despejado. En el aire queda una duda mayúscula, de esas que pueden alterar el equilibrio de fuerzas dentro de la coalición: ¿Logrará Javier Villarreal —líder de la CTM en Sonora— brincar o transitar desde el PT hacia Morena?
La pregunta no es menor. Villarreal representa una estructura corporativa de décadas: votos duros, movilización en días clave, presencia en sectores estratégicos como la industria maquiladora, el comercio y los servicios. La CTM en Sonora sigue siendo un actor relevante, aunque su poder haya disminuido respecto a los tiempos del PRI hegemónico.
Si Villarreal y su aparato logran integrarse formalmente a Morena, el partido ganaría una capacidad de operación territorial que hoy no tiene completamente desarrollada. Pero el obstáculo es ideológico y generacional: Morena nació como un movimiento anti-neoliberal y, en sus orígenes, profundamente crítico del corporativismo sindical de viejo cuño. Aceptar a la CTM no es como recibir a jóvenes profesionistas que pasaron por el PT por conveniencia electoral. Es un pacto con una estructura que muchos morenistas de base aún ven con recelo.
Y la otra gran duda, con todos estos movimientos ciclónicos, el PT, volverá a ser una minúscula minoría en Sonora?.
El gobernador Durazo conoce bien este dilema. Ha sido un político hábil para tender puentes sin quemar sus orígenes. Pero el tránsito de Villarreal no depende solo de una llamada telefónica. Requiere acuerdos en silencio, cesión de espacios y, sobre todo, una narrativa que justifique la alianza sin fracturar a la militancia más purista.
Por ahora, el movimiento no se ha consumado. Y esa incertidumbre es, precisamente, lo que hace fascinante el ajedrez político sonorense.
Paulina Ocaña: alcaldía o Congreso
En medio de este reacomodo, Paulina Ocaña se perfila como una de las cartas jóvenes más interesantes. Su publicación de reafiliación fue el primer paso público. Lo que sigue dependerá de dos factores: su desempeño al frente de la oficina del gobernador —que está siendo evaluado en silencio— y las encuestas que midan su nombre en Hermosillo.
A pesar de su juventud y poca experiencia administrativa o manejo de recursos públicos —argumento válido para cuestionar su perfil técnico—, Paulina tiene carisma, sentido común e inteligencia política. Cualidades que, en el actual entorno electoral, a veces pesan más que un currículum abultado.
Si Morena decide que Hermosillo necesita refrescar su imagen, Paulina Ocaña podría ser la sorpresa para la alcaldía capitalina en 2027. Si no, será una extraordinaria carta para ocupar una diputación local en el Congreso del Estado, donde podría consolidar su nombre y prepararse para saltos mayores en el futuro cercano.
Un análisis positivista: ¿estrategia o genuino retorno?
Desde una visión positivista —basada en hechos observables y tendencias verificables—, lo que estamos viendo es una estrategia de fortalecimiento electoral temprano, diseñada desde la cúpula estatal con anuencia de la nacional.
No hay azar aquí. Cada publicación, cada reafiliación, cada foto con chaleco morado responde a un cronograma. El gobernador Durazo conoce bien los tiempos políticos: construir una candidatura competitiva no comienza en 2027, comienza dos años antes, sumando piezas, limando diferencias y asegurando que el barco navegue sin fisuras.
Lo interesante es que, al menos en apariencia, los jóvenes políticos están respondiendo con entusiasmo genuino. No se les ve forzados. Hay un cálculo, claro, pero también hay convicción. Y eso, en política, se nota.

