PILAR POLÍTICO | Querían un presidente a ras de suelo; Álamos lo encontró, pero ya paren a Samuel

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PILAR POLÍTICO | Querían un presidente a ras de suelo; Álamos lo encontró, pero ya paren a Samuel

Por Jesús Donaldo Guirado

En tiempos donde la política suele ejercerse desde oficinas climatizadas y agendas cuidadosamente maquilladas para redes sociales, en Álamos parece haberse instaurado una dinámica distinta. Ahí, el profesor Samuel Borbón Lara decidió tomarse literalmente aquello de gobernar “a ras de suelo”. Y quizá ese sea precisamente el problema: el hombre no para. 

El alcalde alamense convirtió en estandarte aquel slogan con el que inició su proyecto político: #RecuperemosNuestraGrandeza. Pero conforme avanzan los meses, pareciera que la encomienda la asumió de manera casi inexorable, como si recuperar la grandeza de Álamos dependiera de recorrer, personalmente, cada brecha, cada comunidad y cada rincón del extenso municipio. 

Y quien conozca Álamos sabe que no se trata de poca cosa. 

El presidente municipal ha mantenido una agenda que raya en lo colosal. Comunidades, caminos rurales, reuniones vecinales, supervisiones y atención ciudadana forman parte de una rutina que difícilmente soportaría cualquiera. Lo peculiar es que, lejos de menguar el ritmo, pareciera intensificarlo. 

Hace unos días, durante una visita al municipio, intenté probar suerte para conseguir una entrevista con el alcalde. Pensé que quizá podría encontrarlo en el Ayuntamiento. Error mío. 

Al revisar su agenda entendí rápidamente que aquel día sería imposible. El itinerario marcaba recorridos por Los Tanques, posteriormente San Bernardo, luego Mocúzari, más tarde La Aduana, después Mesa Colorada, de ahí Guajaray y finalmente Basiroa. Una travesía que para cualquiera resultaría agotadora, pero que para Samuel Borbón parecía apenas una jornada ordinaria. 

Confieso que en ese momento pensé dos cosas: o el alcalde tiene una capacidad física fuera de lo común, o definitivamente alguien debe recordarle que también existe el descanso. 

Tiempo después, ahora sí con mejor fortuna, pude coincidir con él en el Ayuntamiento mientras atendía distintos asuntos relacionados con problemáticas ciudadanas. Entre el trajín administrativo y la llegada constante de personas buscando solución a sus necesidades, surgió una pregunta casi obligada: 

“¿Por qué visitas tanto las comunidades?, ¿en qué momento descansas?” 

La respuesta fue inmediata y sin artificios: 

“Lo que pasa es que desde el principio dije que iba a recuperar la grandeza de Álamos, y Álamos es muy grande… no únicamente hablando de territorio; por eso trabajo tanto”. 

Y ahí, quizá, se entiende parte de la lógica de su administración. 

Porque más allá del discurso político habitual, Samuel Borbón Lara parece haber comprendido algo que durante años se soslayó en muchos municipios: la gente quiere gobernantes presentes, no figuras huidizas que únicamente aparecen en temporada electoral. 

Claro, habrá quienes consideren exagerada su dinámica o incluso innecesario tanto recorrido. Pero en una época donde abundan funcionarios atrapados en la comodidad palaciega, resulta cuando menos llamativo encontrarse con un alcalde que prefiere ensuciarse los zapatos antes que gobernar desde la distancia. 

Álamos, la bella ciudad de los portales, durante mucho tiempo reclamó precisamente eso: un presidente cercano, perceptible, que escuchara de frente y no mediante intermediarios. 

Y aunque quizá alguien deba sugerirle que también duerma un poco, lo cierto es que Samuel Borbón Lara comienza a construir una imagen poco común en la política contemporánea: la de un alcalde genuinamente comprometido con su trabajo. 

Otro de los factores que comienza a caracterizar al profesor Samuel Borbón Lara en Álamos, además de su presencia constante en las comunidades, es la manera en que ha entendido algo que muchos gobiernos suelen soslayar: el reconocimiento social también es una forma de gobernar. 

La pretérita semana el municipio vivió dos grandes celebraciones prácticamente consecutivas: el festejo del Día de las Madres y el del Día del Maestro. Y quizá pocos alcaldes entiendan mejor el significado de ambas fechas que el propio Samuel Borbón y su esposa, Patricia Valenzuela Morales. 

El primero por su vocación docente; la segunda, además de presidenta del DIF Álamos, también por su formación como maestra. Ambos conocen de cerca la realidad de las aulas, el sacrificio familiar y la importancia que tienen esos sectores dentro de la vida social del municipio. 

Y eso terminó reflejándose en dos eventos multitudinarios que, más allá de la fotografía política, dejaron una percepción positiva entre los alamenses. 

Hubo música en vivo, comida, convivencia y una copiosa entrega de regalos que incluyó salas, comedores, televisores, estufas, refrigeradores y múltiples artículos más. Dos festejos que lograron aglutinar a cientos de personas y que, según comentaban asistentes, transcurrieron en un ambiente de auténtica celebración popular. 

Sin embargo, existe un elemento que resulta particularmente interesante dentro de esta dinámica. 

Porque si algo ha intentado mantener el alcalde alamense es la narrativa de austeridad y disciplina presupuestal alineada a los principios de la llamada Cuarta Transformación. Y ahí es donde muchos comenzaron a preguntarse cómo logró organizar dos celebraciones de gran magnitud sin caer en el dispendio que tanto se critica en otros gobiernos. 

La respuesta, según explican voces cercanas a la organización, estuvo en la gestión de patrocinios y apoyos externos que permitieron disminuir considerablemente el impacto económico para el Ayuntamiento. Es decir, hubo festejos, hubo regalos y hubo logística importante, pero también existió una estrategia para evitar un gasto desproporcionado de recursos públicos. 

Ese detalle quizá pase inadvertido para buena parte de la sociedad, acostumbrada a observar únicamente el evento final y no el artificio administrativo detrás de su ejecución. Pero en política municipal, donde cada peso termina siendo escrutado por adversarios y ciudadanos, conseguir apoyos externos sin sacrificar la calidad de los eventos representa una operación nada menor. 

Y es ahí donde Samuel Borbón vuelve a construir una narrativa favorable: cercanía social, reconocimiento comunitario y, al mismo tiempo, un discurso de austeridad que intenta no apartarse del lineamiento morenista. 

Al final, los resultados son visibles: dos grandes fiestas, miles de asistentes, regalos valiosos y una percepción ciudadana positiva sin que hasta ahora exista un señalamiento fuerte de gasto excesivo. 

Si eso no es encontrar un equilibrio entre gobernar y generar cercanía social, entonces alguien tendrá que explicar qué sí lo es.