
Por Jesús Donald0 Guirado
En política existe una costumbre tan arraigada como equivocada: mirar únicamente a quien encabeza la fotografía y soslayar a quienes, lejos del estruendo mediático, edifican las decisiones que terminan por transformar una administración. Los reflectores suelen concentrarse en el alcalde, en el gobernador o en el legislador; sin embargo, pocas veces se vuelve la mirada hacia quienes, desde las bambalinas, mantienen el ritmo de una maquinaria que difícilmente podría avanzar en solitario.
Navojoa atraviesa una coyuntura determinante. El municipio fue recibido entre penumbras administrativas, con rezagos que no surgieron de la noche a la mañana y que, por esa misma razón, tampoco desaparecerán por arte de magia. Recuperar el rumbo exige mucho más que voluntad política; requiere sinergia, criterio y la capacidad de rodearse de perfiles que complementen una visión de gobierno.
En ese entramado aparecen dos nombres que, aunque discretos para la opinión pública, resultan cada vez más perceptibles en la operación cotidiana del proyecto encabezado por Jorge Elías: Marco Antonio Sánchez Acosta y Armando Covarrubias Ozuna.
Marco Sánchez ocupa un escaño como regidor, pero reducir su labor a las sesiones de Cabildo sería una apreciación incompleta. Su tarea consiste en analizar, sopesar y buscar alternativas a las problemáticas que diariamente aquejan al municipio. Es un trabajo que pocas veces genera titulares, pero cuyo valor intrínseco radica precisamente en la constancia. Quienes conocen la dinámica del gobierno municipal saben que escuchar a las comunidades, recorrer las comisarías y mantener contacto con el sentir ciudadano constituye una responsabilidad permanente y, muchas veces, poco reconocida. A ello se suma su experiencia empresarial, una combinación que le permite entender tanto las necesidades sociales como la perspectiva del desarrollo económico.
Por otra parte, Armando Covarrubias Ozuna representa un perfil distinto, pero igualmente indispensable. Como jefe de la Oficina de Presidencia, su función rebasa con amplitud la coordinación administrativa. Su cercanía con el alcalde y el beneplácito que ha encontrado entre distintos sectores empresariales de Navojoa lo colocan como una pieza de consulta permanente dentro del gobierno municipal. Se trata de un joven que entiende el teje y maneje de la administración pública, con una perspectiva innovadora y una disposición constante para proponer soluciones. Esa combinación de energía, confianza y capacidad de interlocución ha fortalecido una relación de trabajo que exuda coordinación y visión compartida.
Precisamente ahí radica el valor de esta dupla. Mientras uno fortalece el contacto con las comunidades y el análisis político, el otro consolida los puentes con el sector productivo y la operación estratégica del gobierno. La complementariedad termina convirtiéndose en uno de los activos más importantes del proyecto municipal.
La relevancia de ambos personajes cobra un significado adicional a partir del proceso interno que Morena ha abierto para elegir a quien encabezará la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y Soberanía del Estado de Sonora. Quien resulte favorecido por ese cónclave político difícilmente podrá ignorar el peso específico que representa la región del Mayo en el tablero electoral.
Navojoa sigue siendo una pieza estratégica para el sur de Sonora. En consecuencia, mantener una comunicación cercana con quienes hoy forman parte del equipo del alcalde no parece un gesto protocolario, sino una decisión estratégica. El aspirante que aspire a construir una candidatura sólida para la gubernatura necesitará, inevitablemente, establecer puentes con liderazgos regionales capaces de aglutinar voluntades y fortalecer estructuras territoriales.
En ese contexto, no resulta descabellado comenzar a visualizar distintos escenarios rumbo a los próximos comicios municipales. Armando Covarrubias podría perfilarse hacia una diputación local, mientras Marco Sánchez aparece como una alternativa para una diputación federal o incluso para la propia alcaldía, dependiendo de las definiciones que permitan las reglas electorales y las posibilidades de continuidad de Jorge Elías.
La política suele construirse sobre nombres visibles, pero también sobre operadores silenciosos cuya influencia termina siendo insoslayable. Marco Sánchez y Armando Covarrubias parecen pertenecer a esa categoría de personajes que prefieren el resultado antes que el protagonismo. Quizá todavía sea prematuro hablar de candidaturas; sin embargo, sí es oportuno reconocer que los proyectos exitosos rara vez son obra de un solo hombre.
Si la intención es llevar a Navojoa al siguiente nivel, el reto no consiste únicamente en conservar el liderazgo del alcalde, sino en fortalecer el equipo que ha permitido que ese liderazgo avance. Porque las ciudades no cambian por discursos aislados, sino por la suma de voluntades, talento y una visión compartida que, cuando logra permear en la administración pública, termina convirtiéndose en el verdadero motor de la transformación.

Beto Vázquez y Ramón Flores: donde la amistad también hace política
Hay encuentros que, aunque parecen rutinarios, terminan marcando el rumbo de un proyecto político. No generan grandes titulares ni convocan multitudes, pero terminan siendo el punto de partida de decisiones que, con el paso del tiempo, adquieren una dimensión mayor. A veces, una conversación entre viejos aliados vale más que un discurso multitudinario.
Eso pareció ocurrir el pasado sábado durante el Torneo Interbarrial PT 2026, un evento que, en apariencia, tuvo como eje el deporte, pero que también dejó entrever el fortalecimiento de una relación política que en los últimos meses había permanecido lejos de los reflectores.
El dirigente estatal del Partido del Trabajo, Ramón Flores, y Alberto “Beto” Vázquez Valencia volvieron a coincidir públicamente. Más allá del protocolo, las imágenes reflejaron algo que resulta perceptible para quienes conocen la dinámica política del sur de Sonora: la reactivación de un vínculo cimentado en la confianza y en una amistad que ha resistido el paso del tiempo.
Mientras el balón rodaba sobre la cancha, las conversaciones transitaban por otro terreno: el del futuro político de Huatabampo y los desafíos que comenzarán a tomar forma conforme se acerque el calendario electoral de 2027.
A ese encuentro también acudió Aldo Rafael Martínez, presidente del Partido del Trabajo en Huatabampo, quien compartió su visión sobre el fortalecimiento de la estructura partidista y los retos que enfrenta el municipio. La presencia de los tres actores en un mismo espacio difícilmente puede entenderse como un hecho aislado; más bien parece formar parte de una estrategia que comienza a permear al interior del instituto político.
El pretexto fue un torneo de fútbol. La conversación, según trascendió entre los corrillos políticos, giró en torno al mejoramiento de Huatabampo. La visión, sin embargo, parece proyectarse mucho más allá del presente inmediato. Los procesos electorales no se improvisan; se construyen con tiempo, diálogo y una ruta clara.
Llamó particularmente la atención la actitud del también diputado federal Ramón Flores. Se le observó sereno, distante del vértice de la confrontación política y cómodo en un ambiente de confianza, como quien conversa con un viejo amigo más que con un aliado circunstancial. Esa imagen, por sí sola, transmite un mensaje que no pasa inadvertido para quienes suelen leer entre líneas.
En política, las alianzas auténticas no siempre requieren grandes anuncios. Algunas simplemente reaparecen cuando las circunstancias vuelven a coincidir. Y si algo dejó entrever este encuentro es que Alberto “Beto” Vázquez Valencia parece reencontrar un cauce natural dentro del Partido del Trabajo.
Aún falta camino hacia 2027. Sin embargo, los proyectos políticos suelen comenzar exactamente así: con conversaciones, con confianza y con la reconstrucción de alianzas. El tiempo dirá hasta dónde llega este reencuentro.

