PILAR POLÍTICO | Marco Sánchez: la arquitectura de una candidatura en construcción

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PILAR POLÍTICO | Marco Sánchez: la arquitectura de una candidatura en construcción

Por Jesús Donaldo Guirado

La política suele construirse tanto en las plazas públicas como en los corrillos del poder. Y en Navojoa, desde hace algunos meses, una pregunta ha comenzado a repetirse entre funcionarios, regidores y actores políticos: ¿será Marco Sánchez el próximo candidato de Morena a la alcaldía?

Para algunos, semejante hipótesis parecía hasta hace poco un escenario remoto. Sin embargo, conforme avanzan los tiempos políticos, aquello que parecía una simple especulación comienza a adquirir mayor consistencia.

Marco Sánchez dejó atrás la Tesorería Municipal, pero no abandonó los espacios de influencia dentro del Ayuntamiento. Desde la presidencia de la Comisión de Hacienda conserva una posición estratégica que le permite mantenerse cerca de las decisiones más importantes de la administración, mientras construye discretamente su propio proyecto político.

Existe la percepción de que se trata únicamente de un perfil técnico, más identificado con los números que con la operación política. No obstante, además de encabezar la Comisión de Hacienda, preside la de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento, y participa como secretario en Desarrollo Urbano, Obras y Servicios Públicos.

No parece una casualidad. Precisamente en esas áreas se concentran algunos de los proyectos más importantes del gobierno municipal. El fortalecimiento del organismo operador del agua y las inversiones previstas en infraestructura y equipamiento podrían convertirse en activos políticos de gran relevancia rumbo a los próximos procesos electorales.

Pero quizá el movimiento más significativo ocurrió fuera de los reflectores.

En enero de 2026, Sánchez presidió la Comisión Especial encargada del proceso de elección de comisarios municipales. El dato podría parecer administrativo, pero en una región donde las comunidades rurales continúan teniendo un peso determinante en las elecciones, la cercanía con los liderazgos de las comisarías representa una ventaja política considerable.

Por ello, no son pocos quienes consideran que esa responsabilidad forma parte de una estrategia de construcción territorial más amplia.

La comparación con otros aspirantes internos resulta inevitable. Federico Llamas Aréchiga parece haber concentrado buena parte de sus esfuerzos en el electorado urbano, una apuesta legítima, pero que podría resultar insuficiente en un municipio cuya realidad política exige presencia tanto en la ciudad como en las comunidades rurales.

Además, en el supuesto de que la oposición decidiera impulsar una candidatura como la de Álvaro Bours, el sector empresarial tendría una referencia natural, circunstancia que modificaría las condiciones de competencia para cualquier aspirante enfocado exclusivamente en determinados segmentos del electorado.

La política rara vez se define con años de anticipación. Sin embargo, las posiciones que hoy ocupan los distintos actores, las responsabilidades que les han sido asignadas y los mensajes que se envían desde las estructuras del poder permiten vislumbrar escenarios posibles.

Si Jorge Elías Retes estuviera en condiciones de buscar la reelección, difícilmente existiría una carta más fuerte dentro del movimiento. Pero si las circunstancias obligaran a modificar el tablero, Marco Sánchez aparece hoy como uno de los perfiles mejor posicionados para asumir una eventual candidatura.

Falta todavía mucho camino por recorrer y las definiciones no serán inmediatas. Pero si algo caracteriza a la política son las señales. Y las señales, en Navojoa, parecen indicar que Marco Sánchez no sólo está presente en las conversaciones del poder: acaso, silenciosamente, alguien ya comenzó a barrerle el camino. Por los pasillos.

 

Heriberto Aguilar.- Unidad

Heriberto Aguilar y la política de la unidad

La política suele premiar a quienes saben leer las coyunturas y castigar a quienes, enceguecidos por las ambiciones personales, son incapaces de advertir los riesgos que se ciernen sobre sus propios proyectos. En Sonora, el senador Heriberto Aguilar Castillo parece haber entendido una verdad elemental: frente a un adversario competitivo, la división puede resultar más peligrosa que cualquier embate proveniente de la oposición.

Su decisión de hacerse a un lado de la contienda no debe interpretarse como una claudicación ni como una renuncia a sus legítimas aspiraciones políticas. Hay, en realidad, un mensaje de mayor profundidad: privilegiar la unidad del movimiento por encima de los intereses individuales.

No es una reflexión menor. La historia reciente ha demostrado que las fracturas internas suelen beneficiar más a los adversarios que a quienes las provocan. Cuando enfrente existe una oposición competitiva, la dispersión deja de ser una opción viable. El proyecto requiere sumar voluntades, construir acuerdos y evitar confrontaciones innecesarias.

Y es precisamente bajo esa lógica donde parece descansar la decisión de Heriberto Aguilar.

Mientras la oposición continúa definiendo candidaturas, partidos y estrategias, Morena tiene la posibilidad de ganar una batalla fundamental: la del tiempo. Porque en política, quien logra poner orden primero suele llegar con ventaja.

De ahí que la actitud del senador resulte digna de reconocimiento. En una época donde las aspiraciones personales suelen imponerse al interés colectivo, Heriberto Aguilar parece haber optado por una ruta distinta. No abandona sus convicciones ni renuncia a su futuro político; simplemente entiende que existen momentos en los cuales la cohesión debe colocarse por encima del protagonismo.

Su apuesta parece clara: un candidato de unidad, un proyecto común y un movimiento capaz de evitar las disputas internas que en otras ocasiones han terminado debilitándolo.

La interrogante permanece abierta. ¿Será el único dispuesto a recorrer ese camino?

Porque la unidad, para ser auténtica, exige reciprocidad. Requiere que los distintos actores comprendan que ninguna candidatura vale más que el proyecto mismo. Que las victorias se construyen con generosidad y no con mezquindades. Que, en ocasiones, el mayor acto de liderazgo consiste precisamente en saber ceder.

Heriberto Aguilar Castillo ha dado el primer paso. Falta por ver si los demás están dispuestos a seguirlo. Porque las elecciones se ganan con votos, pero las derrotas, muchas veces, comienzan desde dentro.