Por Jesús Donaldo Guirado
Posee experiencia administrativa y está capacitado para gobernar Navojoa gracias a su trayectoria en la administración pública
En política abundan los aspirantes y escasean los que saben cuánto cuesta un municipio. Sobran los discursos y las promesas con vocación de espejismo; falta quien conozca de primera mano cómo se cobra, cómo se gasta y cómo se rinde cuentas. Por eso, cuando en Navojoa se pronuncia el nombre de Marco Antonio Sánchez Acosta, el comentario suele venir acompañado de una palabra poco frecuente en estos tiempos: experiencia.
Sánchez Acosta está en las preferencias de la ciudadanía para ocupar primero la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional y, luego, la candidatura a la Alcaldía de Navojoa. Son dos escalones de un mismo camino, y en ambos tiene la capacidad suficiente para desempeñar de forma excelente el cargo de presidente municipal.
Basta repasar el currículum. Fue tesorero municipal en el periodo 2021-2022, año en el que presentó su renuncia irrevocable; la Tesorería es el lugar donde se ven, sin maquillaje, las finanzas de un ayuntamiento y donde se aprende que gobernar es decidir con recursos limitados y expectativas ilimitadas. Hoy es regidor en el Cabildo del mismo municipio, de modo que conoce la administración desde dos ángulos complementarios: el de quien maneja el dinero y el de quien vigila y legisla su destino. Con creces ha demostrado que está capacitado para ejercer un excelente gobierno.
A ello se suma su cercanía con Jorge Elías, actual alcalde de Navojoa, que le ha permitido entender cómo funciona la maquinaria pública, y en política conocer la maquinaria es media victoria. Guarda además cercanía con el equipo de Javier Lamarque, exaspirante a coordinador estatal, lo que podría favorecerlo si Lamarque llegara a negociar su posicionamiento como coordinador municipal de Navojoa. No es una certeza, sino una posibilidad, pero en el tablero político las posibilidades bien tejidas suelen terminar convirtiéndose en hechos.
Navojoa no es un municipio sencillo. Gobernarla demanda mucho más que carisma: exige conocimiento de la administración, serenidad para decidir y la humildad de quien sabe que el cargo es una responsabilidad antes que un privilegio. Un presidente que llega sin saber armar un presupuesto termina pagando su aprendizaje con la paciencia de los ciudadanos; quien ya pasó por esas aulas puede dedicarse, desde el primer día, a resolver.
Hay, además, una virtud que no figura en ningún currículum y que los navojoenses saben apreciar: la constancia. En una arena donde muchos aparecen con la coyuntura y se esfuman con ella, quien permanece, quien vuelve al servicio público y quien sigue trabajando sin estridencias termina ganándose un lugar en la memoria de la gente. La reputación, a diferencia de la propaganda, no se compra: se gana.
Como puede observarse, Marco Sánchez está capacitado para gobernar un municipio como Navojoa. Lo demás lo dirá la ciudadanía con su voto. Por lo pronto, su nombre ya está en la conversación, y en política estar en la conversación es el primer paso para llegar a la boleta.
¡Samuel Borbón trajo a las Catrinas Gigantes a Álamos!
La muerte vino de visita a la Ciudad de los Portales, y vino con humor, con memoria y con orgullo
Hay tradiciones que no mueren precisamente porque se ríen de la muerte. Las calaveras literarias nacieron en el siglo XIX como versos rimados que se publicaban en los periódicos, y con ellos el pueblo se burlaba de la parca y, de paso, de los personajes de la época. Luego llegaron los grabados de José Guadalupe Posada, creador de la Calavera Garbancera que Diego Rivera bautizaría como «la Catrina», y la burla se volvió parte de nuestra identidad.
Este año, la muerte vino de visita a Álamos convertida en Catrinas Gigantes, y cada una representa a un personaje del alma de nuestro pueblo: Doña María Félix, «la Doña», hija de Álamos e ícono del cine mexicano; la guarijía, guardiana de la sierra, de su palma, su pascola y sus tradiciones; el minero, que con la plata de estas tierras levantó la Ciudad de los Portales; el Dr. Alfonso Ortiz Tirado, médico, tenor y filántropo cuya voz sigue sonando cada enero; y Doña Goyita, alma de la Alameda, tan querida que hasta la Muerte prefiere sentarse a platicar con ella.
A cada una le dedicaron una calaverita, porque en Álamos recordamos a los nuestros con cariño, con humor y con orgullo. No es un adorno para la fotografía, sino un gesto de pertenencia: un pueblo que recuerda a su actriz, a su médico, a su minero, a su guarijía y a su vecina más entrañable es un pueblo que sabe quién es.
Detrás de la idea hay una decisión de gobierno. Samuel Borbón ha demostrado que estos detalles, aparentemente menores, lo caracterizan, y entiende lo que no todos los alcaldes comprenden: que un pueblo mágico se cuida y se adorna porque de ello depende su sustento. En Álamos el turismo es el principal ingreso, y por eso el pueblo se encuentra siempre lleno. Eso no ocurre por casualidad; ocurre cuando alguien le da al visitante una razón para llegar y otra, todavía mejor, para volver.
Conviene no soslayar el contraste. Hace apenas unas semanas el huracán Polo golpeó al municipio y el alcalde se ocupó de abrir brechas; hoy, con idéntica constancia, se ocupa de que el pueblo vista de fiesta. Es la otra mitad de gobernar: reparar lo que se rompió y devolverle a la gente el ánimo y el motivo para celebrar.
Porque la economía de un destino turístico no se sostiene únicamente con cifras, sino con ambiente. El visitante no recuerda el presupuesto; recuerda el portal iluminado, la música y la sorpresa de toparse en una esquina con una Catrina que le sonríe desde las alturas. Esa experiencia se cuenta, se comparte y se fotografía, y se convierte en la mejor publicidad que ningún presupuesto puede comprar.
Al final, la calavera literaria nació para recordarnos que somos finitos y que, justamente por eso, vale la pena reír y honrar a los nuestros. Álamos lo entendió, y su alcalde también. Que sigan llegando los visitantes y que a ninguna Catrina le falte con quien platicar.

