Por Jesús Donaldo Guirado
En política no todo se construye con grandes anuncios. A veces, los cambios más importantes comienzan con acciones pequeñas, constantes y bien dirigidas. Álamos empieza a mostrar señales claras en ese sentido.
El reciente Concurso de Papalotes, impulsado por el Ayuntamiento a través de la Biblioteca “Dr. Alfonso Ortiz Tirado”, no fue solo un evento recreativo. Llegó acompañado de un taller previo impartido por su director, Eduardo Corral, integrando aprendizaje y participación comunitaria.
Alamenses se reunieron en el Mirador para llenar el cielo de colores, pero también para fortalecer algo más profundo: la convivencia y el sentido de comunidad. Días antes, una caminata inclusiva reunió a familias en un ambiente de alegría y cercanía, cerrando con un convivio que reafirma una idea sencilla pero poderosa: la comunidad se construye en los espacios compartidos.
Lejos de ser hechos aislados, estas actividades forman parte de una dinámica que continuará con la carrera del próximo 23 de abril, en coordinación con el Instituto Municipal de la Juventud. Hay continuidad, hay intención.
El gobierno municipal encabezado por Samuel Borbón parece apostar por una ruta clara: reconstruir el tejido social desde lo básico. Sin estridencias, pero con constancia.
Es lo que podría llamarse el efecto hormiga: acciones pequeñas que, acumuladas, terminan generando un impacto mayor. Eventos que, aunque puedan parecer simples, van devolviendo vida a los espacios públicos y fortaleciendo la identidad de la comunidad.
Álamos no está apostando por lo espectacular, sino por lo constante. Y en política municipal, esa diferencia suele ser la que, con el tiempo, marca el verdadero rumbo.
Navojoa: disciplina financiera en tiempos de sospecha
En una coyuntura donde la desconfianza suele permear buena parte de la vida pública, resulta pertinente observar con detenimiento aquellas decisiones que rompen con la inercia de la improvisación. El reciente acuerdo del Cabildo de Navojoa —la aprobación unánime para gestionar un préstamo por 42 millones de pesos destinado a prioridades operativas— merece analizarse más allá del lugar común que asocia deuda con desorden.
Porque no toda deuda es perniciosa. En el ámbito municipal, la diferencia entre el descalabro y la estabilidad radica en el plazo, el propósito y la disciplina con la que se asume el compromiso.
Aquí, el diseño del instrumento resulta clave: un crédito de carácter temporal, pensado para atender insuficiencias de liquidez y con un plazo de liquidación dentro de la misma administración. No hay traslado de responsabilidades ni cargas heredadas; hay, en cambio, una ruta definida que se apega a la Ley de Disciplina Financiera y a una figura crediticia saludable.
El alcalde Jorge Alberto Elías Retes ha sido claro en ese sentido: el compromiso será saldado en un periodo máximo de 12 meses. Este dato, lejos de ser menor, aporta certidumbre y proyecta una administración que busca orden en sus finanzas.
También importa el destino de los recursos. La inversión en maquinaria, infraestructura, servicios públicos, agua potable y vivienda apunta a fortalecer la capacidad operativa del municipio. No se trata de gasto superfluo, sino de decisiones orientadas a mejorar la eficiencia y atender rezagos concretos.
Otro elemento que no debe soslayarse es el consenso político. La aprobación unánime de los regidores refleja que, más allá de diferencias, existe coincidencia en la necesidad de mantener estabilidad financiera y capacidad de respuesta institucional.
A ello se suman acciones paralelas como el convenio con la Universidad Estatal de Sonora para infraestructura educativa, la adquisición de un predio estratégico para reforzar el suministro de agua potable y los ajustes presupuestales. En conjunto, estas medidas delinean una administración que articula decisiones en distintos frentes, con un sentido práctico.
En medio de un contexto donde la narrativa sobre la deuda suele estar cargada de sospecha, el caso de Navojoa introduce un matiz relevante. No se observa un salto al vacío, sino una decisión acotada, con objetivos claros y tiempos definidos.
La pregunta de fondo no es si recurrir al crédito es correcto o incorrecto, sino si se hace con responsabilidad, planeación y transparencia. Y, al menos en este episodio, los elementos apuntan en esa dirección.
Huatabampo: cuando la crisis se vuelve costumbre
En política municipal hay señales que no admiten matices. Una de ellas es el agua. Cuando el suministro falla de manera constante, no estamos ante un incidente aislado, sino frente a un problema estructural que evidencia deficiencias en la gestión. Huatabampo vive precisamente ese escenario. Una vez más, el servicio de agua potable en el casco urbano ha sido suspendido. El argumento es conocido: fallas eléctricas en Las Cruces y Las Guayabas impiden la operación de los pozos.
La explicación apunta hacia la Comisión Federal de Electricidad, pero la realidad es más amplia: cuando un sistema depende de un solo factor sin capacidad de respuesta alterna, el problema deja de ser externo y se convierte en falta de previsión. Lo preocupante no es el corte en sí, sino su frecuencia. La escasez de agua ha dejado de ser una contingencia para convertirse en rutina. Y cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, la ciudadanía deja de confiar.
A esto se suma otro frente abierto: la relación con el sector pesquero. Desde el inicio de la administración, el vínculo con los pescadores —pieza clave en la economía local— ha sido tenso. El reciente bloqueo carretero no es un hecho menor; es un síntoma claro de inconformidad acumulada, de demandas no atendidas y de un diálogo que no ha logrado consolidarse.
En este contexto, la administración municipal enfrenta un desafío que no puede soslayar. Gobernar no es administrar crisis recurrentes, sino anticiparlas y resolverlas de fondo. Surge entonces una inquietud legítima: ¿dónde está la prioridad? Porque mientras
los problemas básicos persisten, crece la percepción de que la atención política se dispersa en otros intereses.
Huatabampo no necesita explicaciones reiteradas; necesita soluciones. El acceso al agua y la estabilidad de sus sectores productivos no son temas secundarios ni negociables. Y en política, la diferencia entre justificar y resolver suele definir el rumbo de una administración.

