Por Alan Castro Parra
Las tensiones entre los grupos de los principales aspirantes a la Coordinación de la Defensa de la Transformación en Sonora han llegado a su límite.
La incertidumbre sobre quién será el candidato o candidata carcome los pilares que sostienen la unidad de Morena en el estado y abre la puerta a fisuras mayores.
Aunque desde hace mucho tiempo se habla de que ya hay una definición, la prolongación del anuncio oficial ha dejado abierto el campo para diferentes interpretaciones.
Una versión que tomó fuerza durante las últimas semanas señalaba que la decisión sería después del informe de la presidenta Sheinbaum y posteriormente del gobernador Durazo.
Ahora se habla de que sería después de la visita de la mandataria federal a tierras sonorenses, en el marco de su gira por el segundo informe de gobierno.
No falta quien, ante ese vacío de información, trate de llenarlo con una conjetura muy elemental.
La presidenta no solo viene a informar quién será el candidato o candidata, sino también a neutralizar posibles divisiones y solicitar que los demás se sumen a otras posiciones.
Dicho en buen romance, viene a calmar la fiesta y repartir el pastel.
En teoría, a finales de esta semana ya quedaría definida.
Tic tac, inicia la cuenta regresiva.
Pero si no sucede eso y se prolonga todavía más, se corre el riesgo no solamente de que ahora sí se desborden las pasiones, sino de que terminen de cansar a la gente.
Y es que la sobreexposición de los aspirantes es un riesgo que no está medido en estos nuevos tiempos de redes sociales.
Saturar a la ciudadanía puede ser una estrategia arriesgada.
Esto, entendiendo que oficialmente los tiempos de campaña y de propaganda política todavía no inician, así que todo lo que hemos estado viendo es tan solo una probadita de lo que viene.
Y lo digo por las recientes declaraciones de la dirigencia nacional de Morena, que aseguró que tienen hasta diciembre para definir a sus coordinadores y coordinadoras.
Esto, más que calmar las aguas, generó todavía más angustia entre todos los interesados en esta definición.
Porque una cosa es pedir paciencia y otra muy distinta es administrar una incertidumbre que cada día genera nuevas versiones, nuevos rumores y nuevas lecturas entre los grupos que ya se sienten con derecho a levantar la mano en señal de triunfo.
En política, el silencio también comunica.
Y cuando quienes toman las decisiones guardan silencio durante demasiado tiempo, otros comienzan a hablar por ellos.
Ahí nacen las filtraciones, las versiones encontradas y, sobre todo, las expectativas que después pueden convertirse en frustraciones.
El problema para Morena no es solamente decidir quién encabezará el proyecto rumbo a 2027.
El verdadero desafío será conseguir que quienes no resulten favorecidos acepten el resultado sin sentirse desplazados, traicionados o utilizados durante todo este proceso.
Porque una cosa es competir y otra muy distinta es perder.
Y en política, no todos saben hacer lo segundo.
Los grupos ya están midiendo fuerzas, contando apoyos y observando quién se mueve, quién se acerca, quién se aleja.
Cada fotografía, cada reunión y cada declaración tiene una lectura política.
Por eso, la definición será apenas el primer capítulo.
El verdadero reto comenzará al día siguiente, cuando haya que convencer a los demás de que la decisión fue la correcta y que el proyecto está por encima de las aspiraciones personales.
Ahí estará la prueba de fuego para Morena en Sonora, demostrar si la unidad de la que tanto se habla es realmente una convicción política o simplemente una tregua mientras llega la hora de repartir posiciones.
Y tampoco hay que perder de vista a quienes hoy aparecen como protagonistas.
La exposición permanente puede convertirse en un arma de doble filo. Lo que hoy parece posicionamiento, mañana puede convertirse en desgaste.
Las redes sociales han cambiado las reglas.
Antes, un aspirante necesitaba semanas para construir presencia; hoy, unas cuantas publicaciones pueden colocarlo todos los días en la conversación pública.
Pero también pueden provocar exactamente lo contrario: cansancio, rechazo y una percepción de que la elección ya empezó, aunque oficialmente todavía no.
Y mientras más se prolongue la definición, más difícil será mantener a todos los jugadores en la misma cancha.
Porque nadie quiere invertir tiempo, capital político y estructura en una competencia cuyo resultado parece estar decidido, pero que nadie se atreve a anunciar.
Esa es precisamente la paradoja que enfrenta Morena: mientras más tiempo pasa sin definir, más espacio se abre para la especulación; y mientras más crece la especulación, más complicado resulta controlar las expectativas.
La presidenta tendrá, entonces, algo más que una visita institucional.
Su presencia en Sonora ocurrirá en un momento político particularmente sensible, cuando todos estarán atentos no solamente a lo que diga, sino también a lo que haga, con quién se reúna y a quién le dedique una señal.
Porque en política, a veces un abrazo dice más que un discurso.
Una fotografía puede generar más interpretaciones que un comunicado y una ausencia puede convertirse en noticia.
Por eso el famoso “tic tac” no solamente está corriendo para quienes aspiran a la candidatura.
También corre para quienes tienen la responsabilidad de mantener unido al partido.
Cada día que pasa aumenta la presión. Cada versión nueva eleva las expectativas. Y cada expectativa que no se cumple, deja una pequeña dosis de frustración.
No es de extrañarse, entonces, que esta indefinición pueda convertirse en el origen de una posible división.
El reloj político ya está corriendo y nadie sabe exactamente cuándo se detendrá.
Lo único seguro es que, tarde o temprano, habrá una definición.
Y cuando llegue, comenzará la verdadera cuenta regresiva: la de convencer a todos los demás de que el proyecto colectivo vale más que la candidatura que cada grupo quería.
Tic tac, tic tac…

