LO PIENSO, LO ESCRIBO | ¿Y ahora quién podrá ayudarnos?

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LO PIENSO, LO ESCRIBO | ¿Y ahora quién podrá ayudarnos?

Por Luis Carlos Bravo

  • A lo bueno podemos acostumbrarnos; a lo malo, jamás. No debemos normalizar que la electricidad se vaya dos o tres veces al día, ni vivir con el temor de que el aire acondicionado, el refrigerador o cualquier otro aparato eléctrico termine descompuesto por un suministro deficiente. Los apagones no son parte del verano; son un problema que merece una solución definitiva.

Hay frases que sobreviven al paso del tiempo. Una de ellas es aquella que millones de mexicanos repetimos desde niños cuando las cosas parecían no tener remedio: ”¡Oh! ¿Y ahora quién podrá ayudarnos?” Era la señal de que el Chapulín Colorado aparecería para enfrentar aquello que nadie más podía resolver.

En San Luis Río Colorado esa frase dejó de ser una simple referencia televisiva hace muchos años. Hoy la pronunciamos, quizá sin decirla en voz alta, cada vez que el ventilador deja de girar, el aire acondicionado guarda silencio y el calor empieza a invadir la casa, el negocio o la oficina. Porque en esta ciudad los apagones dejaron de ser una excepción. Se han convertido en una rutina.

Cada verano es exactamente la misma historia. Cambian los calendarios, cambian los gobiernos y cambian los nombres de quienes ocupan los cargos públicos. Llegan presidentes municipales, diputados locales, diputados federales, senadores e incluso gobernadores que prometen gestionar una solución ante la Comisión Federal de Electricidad. El problema se convierte en tema de campaña, de entrevistas y de discursos. Después concluyen los periodos de gobierno y la ciudad permanece exactamente igual: con un sistema eléctrico incapaz de soportar la demanda de una de las regiones más calurosas del país.

Como reportero de calle he escuchado decenas de testimonios que difícilmente aparecen en los informes oficiales. Restauranteros que observan cómo los clientes se levantan de la mesa porque simplemente es imposible permanecer durante horas sin aire acondicionado. Comerciantes que ven perder una jornada completa de ventas porque un corte de energía de cuatro o cinco horas termina por ahuyentar a quienes buscaban un poco de comodidad para consumir.

Pero el problema no termina cuando vuelve la luz.

Ahí comienzan los gastos inesperados. Refrigeradores, microondas, lavadoras y, sobre todo, equipos de aire acondicionado terminan resentidos por las constantes variaciones de voltaje. No lo digo yo. Lo dicen electricistas, técnicos e instaladores que diariamente reciben equipos averiados por una red eléctrica que desde hace tiempo parece trabajar al límite.

Lo más preocupante es que lentamente hemos comenzado a aceptar esta realidad como si fuera inevitable. Ya ni siquiera nos sorprende escuchar que la luz se fue otra vez. Revisamos el celular, preguntamos en los grupos de WhatsApp si el apagón fue general y esperamos resignados a que la electricidad regrese.