LO PIENSO, LO ESCRIBO | El tablero de la sucesión… o de la continuidad

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LO PIENSO, LO ESCRIBO | El tablero de la sucesión… o de la continuidad

Por Luis Carlos Bravo

A meses de que los partidos políticos comiencen a definir con mayor claridad sus cartas rumbo a la elección de 2027, en San Luis Río Colorado parece comenzar a dibujarse un escenario que concentra buena parte de las posibilidades dentro del grupo político encabezado por Morena.

Tres nombres aparecen de manera recurrente cuando se habla de la eventual candidatura a la alcaldía: Iván Sandoval Gámez, Manuel Baldenebro y Ricardo Lugo Moreno.

Los tres tienen algo en común. Han estado en las boletas electorales, conocen el terreno político y cuentan con niveles importantes de reconocimiento ciudadano. Sin embargo, cada uno llega a la carrera con fortalezas distintas.

En el caso del alcalde Iván Sandoval Gámez, su principal activo es el respaldo ciudadano que aún conserva. Mediciones recientes realizadas por encuestadoras externas lo colocan con niveles de aprobación importantes, un indicador que cualquier partido político observa con atención cuando llega el momento de tomar decisiones.

No obstante, también enfrenta un reto evidente. Durante los últimos meses, la administración municipal ha sido blanco de una intensa narrativa crítica impulsada desde diversos sectores de oposición. Más allá de que muchas de esas críticas tengan sustento o no, lo cierto es que han logrado instalar temas negativos en la conversación pública. La gran interrogante es si esa estrategia alcanzará a erosionar la percepción favorable con la que actualmente cuenta el presidente municipal.

Por otra parte aparece el diputado federal Manuel Baldenebro, un político que ha demostrado ser competitivo prácticamente cada vez que aparece en una boleta. De cinco participaciones en procesos electorales, solamente registra una derrota, ocurrida además en un contexto particularmente complejo.

Su carta de presentación no es menor. Desde que comenzó a competir electoralmente, ha logrado convertirse en uno de los perfiles más rentables de su grupo político. Basta recordar que en la pasada elección federal obtuvo cerca de 35 mil votos dentro del Distrito Electoral Federal número uno, una cifra que lo coloca entre los personajes con mayor capacidad de movilización electoral de la región.

A ello se suma un fenómeno que difícilmente pasa desapercibido. En los últimos meses ha incrementado notablemente su presencia pública. Se le observa en eventos deportivos, culturales, sociales y recorridos en colonias. Para muchos, esa actividad responde simplemente a su labor legislativa. Para otros, representa el inicio de un trabajo político orientado hacia una aspiración que él mismo ha reconocido en el pasado: competir por la alcaldía de San Luis Río Colorado.

Y luego está Ricardo Lugo Moreno.

El hoy senador suplente posee una circunstancia política singular. Hace apenas unos días ocupó un escaño en el Senado de la República y existen escenarios en los que podría volver a hacerlo si Heriberto Aguilar asume otras responsabilidades dentro del movimiento.

Pero Ricardo Lugo también representa otra posibilidad. Su cercanía con importantes liderazgos estatales y el respaldo político que públicamente se le reconoce desde el entorno del gobernador Alfonso Durazo lo convierten en un actor que difícilmente puede quedar fuera de cualquier análisis rumbo a 2027.

Los tres perfiles tienen algo más en común: han ganado elecciones, cuentan con estructura política y mantienen niveles importantes de conocimiento entre la ciudadanía. Ninguno puede ser descartado y ninguno puede sentirse seguro.

Quizá la pregunta no sea quién quiere ser candidato.

La verdadera pregunta es quién llegará mejor posicionado cuando llegue la hora de las decisiones.

Porque antes de definir alcaldías, Morena deberá resolver un asunto todavía más importante: quién será el o la candidata a la gubernatura de Sonora. Ese movimiento tendrá efectos directos en todos los municipios y particularmente en San Luis Río Colorado.

Los acomodos políticos que surjan después de esa definición podrían modificar por completo el tablero.

A eso habrá que agregarle las encuestas internas, los estudios de opinión y las mediciones electorales que el partido suele utilizar para determinar quién garantiza mayor competitividad.

Al final, la candidatura probablemente no será para quien tenga más años en política, más estructura o más relaciones. Será para quien logre convencer a los tomadores de decisiones de que puede ganar.

Y es precisamente ahí donde surge el sentido del título de esta columna. Porque para algunos lo que viene será una sucesión. Para otros, una continuidad.