HomePrincipalesNacional

Diez páginas bajo llave: el expediente que aún oculta el papel de la CIA en la matanza del 68

A 58 años de la matanza de Tlatelolco, un puñado de hojas censuradas mantiene en la penumbra uno de los capítulos más incómodos de la historia reciente de México: la participación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en la represión del movimiento estudiantil.

De los más de seis millones de documentos desclasificados progresivamente desde 1992, apenas diez páginas continúan bloqueadas. Son, sin embargo, las que podrían contener las claves sobre la profundidad de la intromisión estadounidense antes y después de la masacre del 2 de octubre de 1968.

El National Security Archive, organización que ha sistematizado las revelaciones, sostiene que la agencia no solo vigiló: financió y alentó la polarización. Entre sus beneficiarios se encontraba el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), un grupo de extrema derecha que recibía 6 mil dólares anuales desde 1963 —equivalentes a 65 mil en la actualidad— para operar como una fuerza de choque contra el movimiento estudiantil.

   

Los papeles desclasificados muestran que la CIA reconocía el valor táctico del MURO. “Reconocemos la necesidad de contar con un equipo de acción militante para fines específicos de acoso”, señala un documento de 1967. Sin embargo, el mismo informe advertía que perpetuar al grupo podría generar más costos que beneficios.

Para cuando ocurrió la masacre, la agencia llevaba años operando al menos cinco esquemas vinculados al sector estudiantil, conocidos por sus acrónimos: LIHUFF, LICOAX, LIMIX, LIAGOG y LINOODLE. La relación con la Dirección Federal de Seguridad (DFS) era estrecha. Nombres como Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro aparecen en los documentos como enlaces clave. Nazar Haro, formado como oficial de inteligencia con patrocinio de la propia CIA, llegó a producir el 20% de la inteligencia de la estación mexicana entre 1966 y 1969.

   

La operación LITEMPO, diseñada para tender puentes con altos mandos del gobierno mexicano —incluidos los presidentes Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría—, es una de las piezas que permanecen parcialmente ocultas. También lo están los párrafos que detallan el rol de la agencia en las jornadas previas al 2 de octubre.

La CIA describió la masacre como un “tiroteo” entre “estudiantes alborotadores y el Ejército mexicano” en el que “los estudiantes perdieron”. Esa narrativa, junto con las diez páginas aún censuradas, es lo que investigadores y organizaciones civiles exigen revisar sin restricciones.

“En el mejor de los casos, contribuyó activamente a la polarización de la política estudiantil. En el peor, jugó un rol principal en la planificación de la violencia”, concluye el informe.

La censura persiste pese a que miles de documentos sensibles ya fueron desbloqueados. Cuando los investigadores pidieron acceso al expediente, la respuesta fue que “una agencia” lo estaba revisando. Meses después, el documento se publicó con blancos en asuntos sustantivos. La CIA, al amparo de exenciones de la Ley de Libertad de Información, sigue reteniendo las partes que no estén relacionadas con el asesinato de Kennedy.

Mientras esas diez páginas permanezcan selladas, la historia completa de lo que ocurrió en Tlatelolco seguirá teniendo un agujero del tamaño de una intervención extranjera.

Con información de: EL País