COLUMNA | Un millón de metros cuadrados de parches

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COLUMNA | Un millón de metros cuadrados de parches

Por René García

¿No le parece absurdo vivir en una ciudad donde el 97.4% de sus habitantes coincide en algo? En Hermosillo no nos ponemos de acuerdo en casi nada, pero el INEGI encontró nuestro único consenso: los baches. Somos, oficialmente, una de las ciudades más hartas de sus calles en todo el país. Y aun así, seguimos aplaudiendo parches.

El Ayuntamiento presume el programa de bacheo “más grande de la historia”: un millón de metros cuadrados. Suena épico, hasta que uno hace la pregunta incómoda: si en cinco años ya se habían bacheado más de 914 mil metros cuadrados, ¿por qué hay más de 35 mil reportes de baches este año? La respuesta duele: porque llevamos décadas comprando la misma medicina para la enfermedad equivocada.

El bache no es el problema. El bache es el síntoma. El problema es el agua: las fugas de redes que rebasaron su vida útil hace años, y un dato que debería escandalizarnos más que cualquier socavón: según especialistas de la Universidad de Sonora, Hermosillo tiene un déficit del 98% en drenaje pluvial y el 80% de sus calles ya presenta daño estructural. Cada verano tiramos asfalto sobre tierra mojada y cada verano la lluvia nos lo cobra. Eso no es mala suerte: es mala política pública.

¿Y qué no se está haciendo? No hay una norma técnica municipal que obligue a pavimentar con calidad y castigue los vicios ocultos. No hay consecuencias reales para las empresas y organismos que abren zanjas y las resanan mal. No hay un sistema de gestión de pavimentos que decida con criterios técnicos —y no discrecionales— qué calle se repara primero. Y no hay un fondo plurianual que proteja la inversión de la tentación electoral de cada trienio.

Lo que Hermosillo necesita tiene nombre y es sencillo de enunciar: primero el agua, después el pavimento. Renovar redes antes de repavimentar; concreto hidráulico en corredores críticos, con vida útil de 20 a 40 años; fianzas exigibles a contratistas; una ventanilla única para todo el que corte una calle; y un tablero público donde cualquier vecino vea cuánto costó cada metro cuadrado y cuánto duró. La queja ya la pusimos los ciudadanos, 35 mil veces. Falta que el gobierno ponga la ingeniería y la transparencia.

Las calles son el espejo más honesto de un gobierno: se puede maquillar un informe, pero no un socavón. Si el millón de metros cuadrados se invierte como siempre, en tres años estaremos contando esta misma historia con cifras más grandes. Que esta vez las calles duren más que el trienio. Los hermosillenses ya hicimos nuestra parte: nos cansamos de esquivar baches; ahora exigimos esquivar la simulación.