Por René García Rojo
Mientras buena parte del país discute si conviene confrontarse o alinearse con la Federación, Sonora ya respondió la pregunta con obras. Y la respuesta tiene método.
La coordinación entre el gobernador Alfonso Durazo y la presidenta Claudia Sheinbaum no es la vieja relación de un estado que pide y una Federación que concede. Es otra cosa, más interesante para quien sabe leer presupuestos: dos gobiernos poniendo dinero sobre la misma mesa, cada uno aportando lo suyo para que el resultado pese más que la suma.
El caso Cananea lo retrata. Tras 18 años de huelga minera que nadie se atrevió a destrabar, el Plan de Justicia para el río Sonora arrancó con fecha y con corresponsabilidad: el Hospital de Ures inicia este 2026 con 500 millones de pesos del Gobierno del Estado —que además compró los predios— mientras la Federación aporta su parte. No es asistencia; es sociedad.
El patrón se repite. En el campo, ambos anunciaron en Navojoa 6 mil 500 millones de pesos para tecnificar el riego del Mayo. En carreteras, Durazo consolidó más de 3 mil 400 millones —el doble de lo presupuestado—, con la Sonoyta-Puerto Peñasco como obra estrella. En salud, una inversión conjunta de más de 40 mil millones levanta seis hospitales de primer nivel, dentro de un sistema cogobernado dónde 284 unidades médicas operan por convenio entre Estado y Federación. Y en energía, la Central Fotovoltaica de Puerto Peñasco —presentada como el mayor complejo solar de América Latina, con 1,685 millones de dólares— coloca a Sonora en el mapa estratégico del país.
Para la clase política, la lección es incómoda y clara: la confrontación da titulares, pero la coordinación da obras. Durazo no negoció desde la queja, sino desde la mesa, llegando siempre con la mitad del trabajo hecho —predios, proyectos ejecutivos, recursos estatales comprometidos— de modo que el peso federal multiplicará en lugar de sustituir.
Para los empresarios, la señal es aún más directa. Donde hay certeza institucional y dos gobiernos remando juntos, hay piso firme para invertir: energía, agua, conectividad carretera y un puerto en expansión no son discursos, son condiciones de negocio. Sonora se está volviendo previsible en el mejor sentido de la palabra, y la previsibilidad es la materia prima de la inversión.
El método Sheinbaum-Durazo demuestra que el federalismo puede sumar en vez de estorbar. La verdadera pregunta —la que ya circula en los pasillos políticos y en las oficinas corporativas— no es si el modelo funciona. Es quién tendrá la estatura para administrar su continuidad cuando llegue el relevo.

