Por Luis Fernando Heras Portillo
La instrucción de Donald Trump a su representante comercial, Jamieson Greer, de incorporar cuotas o aranceles en la revisión del T-MEC para reducir el déficit comercial —que en 2025 superó los 196 mil millones de dólares— pone en la mira precisamente a los tres pilares que sostienen la economía sonorense: agricultura de exportación, ganadería en pie y minería de cobre.
AGRICULTURA DE EXPORTACIÓN
Sonora exporta hortalizas, uva de mesa y cítricos hacia Estados Unidos bajo un régimen que, aun con el T-MEC vigente, ya arrastra fricciones históricas como las cuotas al azúcar y los castigos antidumping al tomate. Organizaciones agrícolas estadounidenses han pedido a Greer mantener el comercio libre de aranceles, advirtiendo que cualquier restricción encarecería precios para su propio consumidor. Ese argumento juega a favor de Sonora, pero no garantiza que el sector quede exento de nuevas reglas de origen o certificaciones más estrictas.
GANADO EN PIE: UN SECTOR YA GOLPEADO
La ganadería sonorense enfrenta un frente doble. Por un lado, el brote de gusano barrenador cerró la exportación de bovinos en pie desde finales de 2024, con estaciones cuarentenarias clave para el estado —Agua Prieta y Nogales— operando de forma intermitente conforme se reactivan los protocolos sanitarios con Senasica y APHIS. Por otro, la organización ganadera estadounidense R-CALF USA presiona a la USTR para imponer un arancel del 25% al ganado vivo mexicano y canadiense, buscando “recuperar el hato bovino estadounidense”. Sonora, históricamente segundo lugar nacional en exportación de ganado a EU, quedaría entre los estados más expuestos si ambas presiones —sanitaria y arancelaria— convergen.
MINERÍA: EL COBRE BAJO LUPA
El sector minero, con Cananea y Buenavista del Cobre como referentes, depende de que la revisión del T-MEC no endurezca reglas de origen ni estándares ambientales aplicables a metales industriales. El cobre sonorense ya compite en un entorno donde Washington ha usado aranceles a metales como herramienta de negociación; cualquier ajuste adicional presionaría márgenes de la industria y la inversión en la región.
EL RETO COMÚN
Los tres sectores comparten una misma vulnerabilidad: dependen de decisiones tomadas en Washington sobre las que Sonora no tiene control directo. La respuesta institucional debe ser doble: fortalecer certificación sanitaria y de origen para blindar el acceso preferencial, y diversificar mercados —como ya ocurre con la carne premium mexicana hacia Japón— para no depender de una sola frontera.
¿Estaremos ante una auténtica crisis de falta de capacidad de negociación?. ¿Hasta cuándo la presidenta se reunirá personalmente con Donald Trump para llegar a acuerdos?. Urge más gobierno y menos populismo.

