- Morena abrió la competencia rumbo a la gubernatura entre perfiles con décadas de militancia en la izquierda y otros que se incorporaron al movimiento cuando ya era una fuerza política consolidada, ¿Realmente todos parten desde el mismo punto?
Por Luis Carlos Bravo
Hay algo de la competencia interna de Morena rumbo a la gubernatura de Sonora que, en lo personal, me resulta difícil de entender. No hablo de quién tiene más posibilidades de ganar ni de quién terminará siendo el candidato o candidata en 2027. Hablo de la cancha en la que se les está pidiendo competir.
Porque no es lo mismo pedirle que salga a medirse a alguien que ha construido su trayectoria dentro de la izquierda durante décadas, que poner en la misma línea de salida a perfiles que llegaron cuando Morena ya se había convertido en el movimiento político con mayor fuerza electoral del país.
Ahí está Javier Lamarque, considerado por muchos como uno de los fundadores de la Cuarta Transformación en Sonora. Está también Heriberto Aguilar, quien incluso decidió hacerse a un lado de la contienda, en un movimiento que muchos interpretaron como un gesto de respeto hacia quienes considera con mayor legitimidad histórica dentro del movimiento. Está Lorenia Valles, formada políticamente desde la izquierda, primero en el PRD y posteriormente en Morena.
En el caso de Celida López, aunque su origen político no está en la izquierda, también es justo reconocer que ha recorrido un camino mucho más complejo que el de otros perfiles. Ha enfrentado derrotas, críticas, cambios de escenario y, aun así, ha logrado mantenerse vigente. Hoy representa una de las figuras con mayor peso político dentro del morenismo sonorense y, en mi opinión, dignifica la responsabilidad que hoy le ha sido confiada dentro del movimiento.
Del otro lado aparecen perfiles cuya historia es distinta. María Dolores del Río construyó buena parte de su carrera en el PAN, posteriormente pasó por Movimiento Ciudadano y terminó incorporándose a Morena por invitación del gobernador Alfonso Durazo. Nadie puede negar su experiencia política, pero tampoco puede ignorarse que su vínculo con la izquierda es mucho más reciente
Algo similar ocurre con Froylán Gámez. Es el más joven de los aspirantes. Más que un cuadro formado desde las bases de Morena, es un perfil claramente alineado al proyecto político del gobernador Alfonso Durazo. Sin embargo, también es justo reconocerle que ha mostrado disciplina política. Le ha tocado asumir candidaturas y responsabilidades que no siempre eran las más favorables, ha aceptado los retos que le han encomendado y, aun en escenarios adversos, ha mantenido la lealtad al proyecto. Muchos lo consideran uno de los mejores descubrimientos políticos de los últimos años en Sonora y, en lo personal, creo que tiene un futuro muy prometedor dentro de la política sonorense.
Y luego aparece el caso que, desde mi punto de vista, representa la mayor diferencia: Omar del Valle Colosio.
No pertenece a Morena, sino al Partido Verde Ecologista de México, aliado electoral de la Cuarta Transformación. Llegó a esta coalición cuando el proyecto ya estaba consolidado y hoy busca competir en igualdad de circunstancias con personajes que dedicaron buena parte de su vida política a construir ese movimiento.
No cuestiono su capacidad ni su derecho a aspirar. Lo que cuestiono es si realmente puede hablarse de una competencia en igualdad de condiciones cuando el origen político de unos y otros es tan distinto.
Más aún cuando existen episodios que alimentan esa percepción. Durante las Fiestas del Pitic, por ejemplo, Omar del Valle ocupó un espacio reservado para personas con discapacidad y adultos mayores. Fue una imagen que generó críticas y que difícilmente podría imaginarse protagonizada por Javier Lamarque, Lorenia Valles o cualquiera de los otros aspirantes.
¿Será Omar del Valle el candidato de Morena y sus aliados? Francamente, lo veo muy complicado. Lo veo, incluso, a un paso del entierro político dentro de esta contienda.
Precisamente por eso considero que la competencia interna termina siendo desigual. No porque unos tengan más recursos que otros, sino porque no todos llegan con la misma historia, con el mismo nivel de identidad con el movimiento ni con el mismo costo político acumulado.
Morena nació con un discurso que privilegiaba la lealtad, la militancia y la construcción desde abajo. Hoy parece que esa historia vale exactamente lo mismo que llegar cuando el movimiento ya estaba construido y listo para competir por el poder.
Porque una cosa es abrir las puertas del movimiento a nuevos perfiles, y otra muy distinta pedirles que compitan en igualdad de circunstancias con quienes dedicaron décadas a construirlo. Esa, al menos desde mi perspectiva, es la verdadera desigualdad de esta contienda interna.

