- Sheinbaum le manda un recado al pasado… y al futuro
Por Luis Fernando Heras Portillo
El 23 de abril de 2026, Buenos Aires amaneció con una noticia que resuena con fuerza particular en México: el contralmirante Fernando Farías Laguna —sobrino del exsecretario de Marina Rafael Ojeda Durán, hombre de máxima confianza de López Obrador— fue detenido en Argentina portando un pasaporte falso de Guatemala.
Los cargos hablan solos: delincuencia organizada, huachicol fiscal en aduanas marítimas, evasión millonaria en importaciones de combustibles. Todo eso ocurriendo bajo el paraguas de una Secretaría de Marina que durante seis años tuvo carta blanca sobre puertos y aduanas.
Desde mi perspectiva empresarial lo digo sin rodeos: cada peso evadido en esas aduanas fue un peso robado a los empresarios formales que sí cumplimos con nuestras obligaciones fiscales. Y eso tiene nombre: competencia desleal amparada por el Estado.
LAS PREGUNTAS QUE NOS HACEMOS LOS EMPRESARIOS
Porque en los negocios internacionales uno aprende rápido que nada ocurre por casualidad —y esta detención genera interrogantes que merecen plantearse con honestidad: ¿Es esto presión directa del gobierno de Estados Unidos? Washington lleva meses escalando sus investigaciones sobre lavado de dinero y complicidades institucionales en México. ¿Llegó esta captura por una ficha roja de Interpol gestionada desde Washington o fue iniciativa propia de la FGR? La diferencia importa enormemente para entender hasta dónde llega la autonomía real de Sheinbaum en este proceso.
¿O es estrategia deliberada de la presidenta para dejar en claro quién manda? Golpear al familiar directo del exsecretario de Marina —uno de los intocables del sexenio pasado— no es una decisión menor. Es un mensaje político de primer orden enviado a Palenque, a Morena y a los mercados internacionales al mismo tiempo.
Y la pregunta que todos nos hacemos en voz baja: ¿se atreverá Sheinbaum a procesar al propio exsecretario Rafael Ojeda Durán? ⚖️ Porque si la red del sobrino operaba en aduanas federales bajo su mando, la pregunta sobre responsabilidades de cadena de mando es inevitable. Esa decisión —si llega— sería el verdadero punto de no retorno.
LO QUE LOS EMPRESARIOS VEMOS Y APLAUDIMOS
Desde la óptica de quien desarrolla negocios internacionales y mide el pulso del entorno de inversión todos los días: el ejercicio contundente del poder presidencial para acabar con la impunidad es una señal extraordinariamente positiva.
Los inversionistas internacionales no piden discursos —piden certeza jurídica y estado de derecho. Cuando una presidenta ordena la captura internacional de un marino corrupto sin importar quién era su tío ni a quién le debía lealtades, está enviando exactamente esa señal. Para quienes operamos en el corredor Sonora-Arizona, en parques industriales y en comercio internacional, la paz social y el combate real al crimen organizado no son debates políticos: son condiciones de viabilidad económica. Sin ellas, no hay nearshoring, no hay inversión, no hay desarrollo.
Y hay algo más que celebrar: la recomposición del gabinete que Sheinbaum ejecuta con determinación creciente —perfiles propios, leales a ella, orientados a resultados— está construyendo la certeza que los negocios necesitan. Saber con quién se negocia cuando se interactúa con el gobierno federal es fundamental. Una presidenta que ejerce con plenitud el poder unipersonal que le otorga la Constitución, sin compartirlo con figuras del pasado ni con el oráculo de Palenque, genera el único ambiente en que los negocios prosperan: certeza.
EL DESLINDE QUE YA NO NECESITA PALABRAS
López Obrador construyó un sistema donde la lealtad personal era el escudo más eficaz contra cualquier investigación. Sus secretarios lo sabían. El crimen organizado también. Sheinbaum no necesita pronunciar su nombre para superarlo —lo hace con hechos. Cada intocable del sexenio anterior que cae es un mensaje que ninguna mañanera puede rebatir.
El riesgo existe —las investigaciones podrían abrir frentes incómodos que salpiquen al presente. Pero desde la visión empresarial, ese riesgo es menor frente al costo de la alternativa: un Estado que protege la impunidad destruye la inversión, la competitividad y la confianza. Ese costo ya lo pagamos demasiado tiempo.
Para los empresarios mexicanos, cada acto real de rendición de cuentas es una señal de que este país está construyendo el estado de derecho que siempre mereció.
El expresidente que creyó que la lealtad personal era más poderosa que la ley descubre hoy que en México las instituciones están empezando a ser más fuertes que los individuos que las dirigen.
Nadie dijo que la transformación sería cómoda para todos los transformadores. Curiosamente y parafraseando al finado Luis Donaldo Colosio: “El Gobierno actúa y el partido recinte.

