PILAR POLÍTICO | Samuel Borbón y Jorge Elías: gobernar desde las comunidades

HomeCOLUMNAS

PILAR POLÍTICO | Samuel Borbón y Jorge Elías: gobernar desde las comunidades

Por Jesús Donaldo Guirado

Hay una diferencia sustancial entre quienes viven inmersos en el incesante trajín de los futuros comicios y aquellos que entienden que la mejor carta de presentación para cualquier proyecto político es una administración eficiente y cercana a la gente. Mientras algunos alcaldes parecen más preocupados por el proselitismo anticipado y los corrillos palaciegos, en el sur de Sonora existen municipios que han optado por una ruta distinta: la de gobernar y procurar una mejor calidad de vida para sus habitantes.

Tal es el caso de Navojoa y Álamos, dos municipios donde, más allá de las estridencias y las pretensiones electorales, se percibe una visión ceñida a las necesidades cotidianas de la población. En tiempos donde la ciudadanía observa con desasosiego cómo la clase política suele extraviarse en la coyuntura y en las disputas estériles, resulta halagüeño advertir administraciones que todavía entienden que el servicio público debe fincarse en resultados palpables.

En Álamos, el alcalde Samuel Borbón Lara ha procurado mantener una relación de proximidad con las comunidades. Lejos de una gestión distante o recluida en las oficinas, ha emprendido una visita prácticamente incansable a las comarcas del municipio para escuchar de viva voz las inquietudes de los ciudadanos y atender personalmente sus demandas.

En materia de infraestructura, su administración ha puesto especial empeño en proyectos que durante años figuraron entre las principales exigencias de los alamenses. Ahí se encuentra el impulso a la carretera Masiaca-Álamos, así como la rehabilitación de diversos tramos de la rúa estatal que conecta a Navojoa con la Ciudad de los Portales, acciones cuyo impacto trasciende la simple obra pública, pues representan mejores condiciones para la movilidad, el comercio y la seguridad de quienes diariamente las utilizan.

Pero la visión gubernamental no se ha limitado únicamente al desarrollo material. También ha permeado en el fortalecimiento de la seguridad pública, con la construcción de la comandancia en San Vicente, una obra que responde a un menester insoslayable para las familias de esa región y que busca brindar mayor tranquilidad a sus habitantes.

De igual manera, la cultura ha encontrado un espacio preponderante dentro de la administración. Los ya conocidos Domingos Culturales han comenzado a devolverle color, identidad y dinamismo a un municipio cuya riqueza histórica constituye uno de sus principales orgullos. En un panorama donde muchas veces las prioridades parecen enzarzarse entre sí, en Álamos se observa un esfuerzo por avanzar simultáneamente en obras, seguridad y promoción cultural.

Si en Álamos la apuesta ha sido una administración cercana y multifacética, en Navojoa la atención parece haberse concentrado en uno de los problemas más sensibles y, al mismo tiempo, más lacerantes para cualquier comunidad: el agua.

El alcalde Jorge Elías Retes ha dejado entrever, en más de una ocasión, su convicción de que el Organismo Operador Municipal de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Navojoa fue utilizado durante administraciones pretéritas como una suerte de caja recaudadora, mientras los problemas estructurales permanecían intactos. No se trata de una apreciación menor. Durante años, el colapso constante de los drenajes y la deficiente distribución del líquido se convirtieron en una realidad que parecía inexorable para miles de familias.

Bajo esa premisa, la actual administración ha decidido fincar buena parte de sus esfuerzos en atender las causas de fondo y no solamente las consecuencias. Lejos de los artificios que suelen abundar en la política, se ha emprendido una renovación de importantes segmentos de la red de drenaje municipal, cuya fragilidad ocasionaba recurrentes afectaciones. Paralelamente, también se sustituyen líneas de conducción con el propósito de mejorar la calidad del agua que llega a los hogares navojoenses.

Pero quizá donde mejor se aprecia esta visión es en las comunidades rurales, históricamente relegadas por administraciones que, endenantes, parecían soslayar las necesidades más elementales de sus habitantes. Hoy, las obras de agua potable continúan transformando la vida cotidiana de numerosas familias.

Ejemplo de ello es la segunda etapa de ampliación de la red de agua potable en Teachive, Masiaca, una obra que acerca este servicio a más familias y mejora sus condiciones de vida.

Los planes de largo aliento tampoco son menores. Se proyecta la incorporación de nueve pozos adicionales a los ya construidos, con el propósito de garantizar un suministro constante en diversas comunidades del municipio y consolidar el objetivo de brindar un servicio permanente durante las veinticuatro horas de los 365 días del año.

A la par de esta estrategia hidráulica, Jorge Elías también ha planteado una idea que, de cristalizarse, podría modificar la dinámica administrativa del municipio: avanzar hacia una mayor autosuficiencia. Verbigracia, el proyecto de una planta de asfalto propia busca evitar la dependencia de empresas externas y permitir que las obras de pavimentación puedan ejecutarse con mayor celeridad y menores costos.

Al observar ambos casos, resulta perceptible que Samuel Borbón Lara y Jorge Elías Retes han decidido recorrer senderos distintos a los que otrora siguieron muchos de sus antecesores. Mientras el alcalde de Navojoa ha concentrado gran parte de sus esfuerzos en resolver de raíz el histórico problema del agua, el presidente municipal de Álamos ha privilegiado la cercanía con las comunidades y la atención directa de necesidades que, con frecuencia, terminaban relegadas al olvido burocrático.

Son estrategias diferentes, pero con una coincidencia toral: ambos gobiernos parecen haber comprendido que el desarrollo no puede circunscribirse únicamente a las cabeceras municipales. La verdadera transformación, esa que suele escapar a las proclamas estridentes y a los reflectores de la coyuntura, también debe permear en las comunidades rurales, donde durante años las carencias fueron vistas con una suerte de resignación colectiva.

Jorge Elias.-Autosuficiente

Acaso uno de los cambios más perceptibles con respecto a épocas pretéritas sea precisamente ese. Hoy, los servicios no esperan irremisiblemente a que el ciudadano emprenda un largo peregrinar hacia las oficinas gubernamentales; es el propio gobierno quien se desplaza hasta las comarcas para acercar la atención a quienes más la requieren.

Médicos, odontólogos, psicólogos, asesores jurídicos, nutriólogos, programas de prevención del delito, oficialías móviles del Registro Civil, módulos de la Agencia Fiscal y una profusión de servicios más forman parte de una estrategia que busca llevar el aparato gubernamental hasta donde por décadas apenas llegaban las promesas de campaña.

Desde luego, todavía es prematuro emitir veredictos definitivos. Las administraciones se juzgan al final y no en la mitad del trayecto. Sin embargo, sería una estulticia soslayar que, al menos hasta ahora, tanto Navojoa como Álamos han comenzado a dibujar una ruta diferente, alejada de la estridencia política y más cercana a las demandas cotidianas de la población.

Y acaso sea ahí, lejos de las intrigas cortesanas y de la premura por los próximos comicios, donde se encuentre la esencia misma del servicio público: no esperar a que el ciudadano vaya al gobierno, sino hacer que el gobierno vaya al ciudadano.