Por Jesús Donaldo Guirado
Las elecciones están a la vuelta de la esquina y, con ellas, el inevitable análisis sobre las reelecciones, particularmente en el sur de Sonora. No todos llegan en las mismas condiciones. En política, la continuidad no se concede: se construye. Y ahí es donde comienza la diferencia entre quienes dan el ancho… y quienes simplemente aspiran.
En Navojoa, el escenario es claro. El alcalde Jorge Alberto Elías Retes buscará mantener el rumbo. Y aunque el desenlace dependerá de múltiples factores, lo cierto es que hoy se encuentra en una posición más sólida que en sus primeros meses de gobierno.
No fue un inicio terso. Hubo golpeteo político, señalamientos constantes y una oposición que intentó marcar la agenda pública. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese ruido fue perdiendo fuerza. No necesariamente porque se agotaran las voces críticas, sino porque comenzó a imponerse otra narrativa: la de los resultados.
Como suele decirse en la jerga política, no se callaron… los callaron. Y no con discursos, sino con acciones. Cada señalamiento encontraba respuesta, cada crítica derivaba en ajustes, y poco a poco el gobierno municipal fue mostrando una capacidad de reacción que terminó por desactivar buena parte del encono inicial.
La administración ha sabido ajustar errores iniciales y convertirlos en áreas de mejora. Esa capacidad de adaptación resulta clave en la evaluación ciudadana.
Desde esta óptica, el análisis sugiere que la aprobación del alcalde ha tenido una evolución favorable, construida desde la operación diaria y no desde el artificio. A ello se suman proyectos en puerta que apuntan a consolidar una etapa de mayor inversión y desarrollo para el municipio.
Porque incluso en el escenario donde la reelección no se concrete, el objetivo parece definido: dejar bases firmes, un “bienestar DURAdero” y un “bienestar de ELIte” que trascienda coyunturas y procesos electorales.
Al final, será la ciudadanía quien decida. Hoy, en Navojoa, la discusión ya no gira únicamente en torno a las críticas, sino a los resultados. Y en tiempos electorales, eso —aunque parezca simple— suele marcar la diferencia.
Álamos: entre la crítica y la recuperación de su esencia
En el tablero político del sur de Sonora, hay casos que llaman la atención no por el conflicto, sino por el contraste. Uno de ellos es el de Álamos, donde la discusión no gira en torno a la falta de resultados, sino a la manera en que estos se están construyendo.
Al frente se encuentra el profesor Samuel Borbón Lara, un perfil que ha optado por una ruta que, aunque efectiva, no ha estado exenta de cuestionamientos.
Porque si bien su gestión ha sido bien valorada —particularmente por el rescate del color, la cultura y la identidad del municipio—, también han surgido voces críticas. Sin embargo, el punto de fondo radica en la naturaleza de esas críticas.
Su principal “error”, según algunos, ha sido uno: no permitir que se dilapiden los recursos públicos. Y en política, cuando se tocan intereses, la reacción es inmediata.
Proteger las arcas municipales no siempre genera aplausos. Por el contrario, provoca incomodidad y narrativas adversas. Pero la ciudadanía no es cándida y sabe distinguir.
En ese contexto, el trabajo de Borbón Lara ha ido permeando de manera positiva. La recuperación cultural y el impulso a las festividades forman parte de una estrategia clara: fortalecer el turismo, pilar económico del municipio.
Impulsar eventos no es un gasto, es una inversión. Genera derrama económica, atrae visitantes y dinamiza la actividad local.
En términos políticos, esto también tiene lectura. Más allá de la crítica, comienza a consolidarse una percepción: que el municipio avanza, que hay orden y que existe una intención clara de recuperar su grandeza.
Por eso, cuando se habla de reelección, el nombre de Samuel Borbón aparece con fuerza. No por casualidad, sino por resultados.
Al final, la discusión puede continuar. Pero hay algo cada vez más claro: si de algo se le señala, es de haber protegido al municipio… y de haberlo encaminado a recuperar su esencia.
Etchojoa: cuando la reelección no es opción
En el análisis de las reelecciones, también están los casos donde la posibilidad existe en el papel, pero se diluye en la realidad. En Etchojoa, ese escenario tiene nombre: Arturo Robles Higuera.
Aquí no hay ambigüedad. La gestión ha estado marcada por problemas que no se corrigieron, sino que se profundizaron. El principal: las finanzas municipales.
La percepción ciudadana es clara: faltó control, faltó conducción y sobró influencia de actores que no debieron tenerla. En política, delegar no es el problema; el problema es no saber a quién.
Cuando las finanzas se convierten en el eje del cuestionamiento, el desgaste es inevitable. Para muchos, ahí estuvo la falla central.
A esto se suman señalamientos sobre posibles actos anticipados de campaña, como la distribución de artículos con su imagen. Más allá de lo legal, el fondo es político: la memoria ciudadana.
Porque el electorado no olvida… y menos cuando el recuerdo no es favorable.
Por eso, cuando se habla de continuidad, el escenario se vuelve complejo. No por falta de intención, sino por falta de condiciones. En Etchojoa, más que una reelección, lo que se impone es una exigencia de cambio.

