PILAR POLÍTICO | Plácido Castro, “El Todólogo” del Ayuntamiento de Etchojoa

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PILAR POLÍTICO | Plácido Castro, “El Todólogo” del Ayuntamiento de Etchojoa

Por Jesús Donaldo Guirado

En los ayuntamientos hay funcionarios que se limitan a cumplir con las responsabilidades inherentes a su cargo; otros, en cambio, parecen conocer los entresijos de prácticamente todas las dependencias. Tal sería el caso de Plácido Praxedis Castro López, director de Egresos del Ayuntamiento de Etchojoa, a quien los corrillos políticos comienzan a distinguir por una cualidad peculiar: su aparente omnipresencia en la administración municipal.

Cuentan las versiones que circulan en los pasillos de Palacio que su labor no se ciñe exclusivamente a los números de Egresos, pues también echaría la mano en asuntos relacionados con Ingresos, Tesorería y otras cuestiones concernientes a las arcas municipales. Dicho de otro modo, Plácido no sería únicamente el encargado de una oficina, sino una suerte de todólogo cuya experiencia le permitiría transitar por distintas áreas de la maquinaria administrativa.

Pero la historia no termina ahí. Entre los comentarios que revolotean en la grey política etchojoense también se habla de sus presuntos vínculos con figuras de la élite estatal, relaciones que, según esas versiones, podrían traducirse en gestiones y apoyos para el municipio. De ser así, habría que reconocer que las relaciones institucionales, cuando se conducen con oficio y sentido práctico, pueden convertirse en un activo para la gestión pública.

   

A ello se suma un factor nada desdeñable: su prolongada permanencia en el Ayuntamiento. El conocimiento acumulado durante años le habría permitido familiarizarse con el teje y maneje de la administración, sus procedimientos, sus inercias y, desde luego, las necesidades de los etchojoenses. En la burocracia, la experiencia puede ser un instrumento toral, siempre que se traduzca en resultados tangibles para la ciudadanía.

Así pues, Plácido Castro parece encarnar el perfil del funcionario que conoce la administración desde sus entrañas. La interrogante, como suele ocurrir en la cosa pública, es hasta dónde ese conocimiento y esa capacidad de gestión se convierten en beneficios concretos para Etchojoa.

Porque una cosa es ser indispensable en los pasillos del Ayuntamiento y otra, muy distinta, demostrar que esa indispensabilidad se refleja en mejores servicios, finanzas ordenadas y soluciones para la gente. Lo primero puede alimentar la leyenda política; lo segundo es lo que verdaderamente termina por fincar una reputación.

 

ÁLAMOS SE VISTIÓ DE FIESTA: CATRINAS, TRADICIÓN Y MÚSICA PARA UN FIN DE SEMANA DE LUJO

En Álamos saben que la belleza de su arquitectura colonial merece celebrarse, y la administración que encabeza el alcalde Samuel Borbón Lara parece tenerlo muy presente. Esta vez, el Festival de las Catrinas y el Festival Pueblo Mágico confluyeron para ofrecer un fin de semana colmado de tradición, cultura y entretenimiento, con el municipio luciendo sus mejores galas.

Las calles empedradas se convirtieron en parte del espectáculo, engalanadas por seis catrinas gigantes que aportaron un toque pintoresco a la atmósfera de la Ciudad de los Portales. Entre fachadas históricas, altares y expresiones artísticas, Álamos reafirmó ese encanto que lo distingue y que, cuando se combina con una buena cartelera, convierte cada rincón en un atractivo para propios y visitantes.

La música también tuvo un lugar protagónico. La tradicional callejoneada de la Estudiantina Alfonso Ortiz Tirado puso el sello bohemio a las celebraciones, mientras agrupaciones como Neckxus y Nunca Jamás hicieron vibrar la Plaza de Armas el 31 de octubre. Un día antes, Los Nietos y Banda 3 Ríos aportaron el ambiente norteño a una programación pensada para distintos gustos y generaciones.

La agenda cultural, por su parte, no se limitó a los escenarios musicales. La obra infantil Canela y Mantequilla, de la Universidad de Sonora, acercó el teatro a los más pequeños, mientras que los talleres de elaboración de chocolate y pan de muerto permitieron rescatar saberes gastronómicos propios de estas fechas. A ello se sumaron el desfile y la pasarela de catrinas y catrines, así como las ramadas de cocina tradicional y las danzas de los pueblos originarios mayo y guarijío, expresiones que recuerdan que la identidad de Sonora se construye desde sus raíces.

La participación de agrupaciones artísticas y universitarias también aportó diversidad a la celebración. El programa contempló presentaciones de música y danza, entre ellas las del Ensamble Folklórico de la Universidad de Pueblo Yaqui, además de espectáculos de baile que dieron espacio a distintas manifestaciones culturales. En la Alameda, la Ruta del Arte Rincones de Álamos invitó a disfrutar el patrimonio local desde una perspectiva artística, con la historia y el paisaje urbano como telón de fondo.

Para el domingo 1 de noviembre, la programación dio especial relevancia a la memoria y las tradiciones. El Museo Costumbrista de Sonora fue sede de exposiciones de ofrendas dedicadas a Teresita Urrea, doña Elia Salazar y la comunidad extranjera, además de una muestra del tapanco tradicional guarijío y una degustación de alimentos típicos. Estas actividades permitieron recordar que las celebraciones del Día de Muertos no solo representan una ocasión para reunirse, sino también una oportunidad para preservar las costumbres que dan identidad a cada comunidad.

La tradicional serenata en el panteón municipal, con la participación de la Estudiantina Juvenil y La Novia de Las Delicias, añadió un matiz solemne y emotivo a la jornada. En paralelo, los recorridos nocturnos Fantasmas del Museo, acompañados de música y teatro, ofrecieron una manera distinta de acercarse a las leyendas y al patrimonio histórico de Álamos.

La cartelera también incluyó actividades para el lunes 2 de noviembre, con una nueva serenata en el panteón, ahora a cargo de la Estudiantina Alfonso Ortiz Tirado, además de propuestas artísticas y culturales en distintos espacios del municipio. La ramada de cocina tradicional y las danzas de los pueblos mayo y guarijío destacaron entre las actividades orientadas a mantener vivas las expresiones de los pueblos originarios. Asimismo, las presentaciones de ballets folclóricos y agrupaciones musicales ampliaron el escaparate cultural para habitantes y visitantes.

Más allá de los conciertos y los espectáculos, reunir ambos festivales representó una oportunidad para mostrar a Álamos desde distintas facetas: la ciudad histórica, el destino turístico, el espacio de convivencia familiar y el escenario donde las tradiciones continúan transmitiéndose entre generaciones. La diversidad de actividades permitió que cada visitante encontrara una razón para recorrer sus plazas, callejones y recintos culturales.

Y es que el atractivo de un Pueblo Mágico no reside únicamente en sus edificios antiguos o en sus paisajes, sino en la capacidad de mantenerlos vivos mediante celebraciones que involucren a su gente. En ese sentido, las catrinas monumentales, las callejoneadas, los altares y la gastronomía tradicional contribuyeron a crear una experiencia que enlazó el entretenimiento con la memoria colectiva.

Samuel Borbón Lara y su administración apostaron por reunir dos celebraciones en una misma experiencia, con Álamos como protagonista. El resultado fue un fin de semana de manteles largos, donde la música, el arte y las tradiciones dieron vida a una programación diversa, pensada para públicos de distintas edades.

Al final, Álamos volvió a demostrar que su encanto va más allá de la postal colonial. Entre el repique festivo de las callejoneadas, las figuras monumentales que adornaron sus calles y el recuerdo de quienes dejaron huella en su historia, el municipio ofreció una celebración en la que el pasado y el presente encontraron un punto de encuentro.

Porque cuando la cultura se convierte en motivo de reunión y las tradiciones ocupan el espacio público, la fiesta adquiere otro significado: no solo entretiene, también preserva la identidad y proyecta la riqueza de una comunidad. Y en Álamos, durante este fin de semana, hubo motivos de sobra para celebrar.