PILAR POLÍTICO | La última cena de Morena

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PILAR POLÍTICO | La última cena de Morena

Por Jesús Donaldo Guirado

En política, pocas cosas son casualidad. Las fotografías, los silencios, los gestos y hasta el acomodo de las sillas suelen tener un significado más profundo que el discurso oficial. Y en Sonora, donde la liturgia política se cocina tanto en los corrillos palaciegos como en las mesas privadas, la reciente reunión entre los aspirantes de Morena a la alcaldía de Hermosillo dejó más preguntas que respuestas.

Se pensaba que aquella cena sería discreta, casi clandestina. Pero no fue así. Hubo fotografía, hubo publicación en Instagram y hubo mensaje. “Cena entre amigos”, decía la descripción. A simple vista, parecía una postal común de convivencia política; sin embargo, al sopesar la coyuntura y entender el teje y maneje del morenismo sonorense, el encuentro adquiere otro tenor.

Desde esta columna la hemos bautizado como “La última cena”. No únicamente por la evidente carga simbólica y eclesiástica que rodea al secretario de Gobierno, Adolfo Salazar Razo —actor toral de la imagen—, sino porque la escena parece representar el fin de una disputa interna y el inicio de una línea política ceñida a una sola ruta.

Salazar aparece al centro, acompañado por Fernando Rojo de la Vega, Paulina Ocaña, Froylán Gámez Gamboa y Paloma Terán. Los cuatro últimos han orbitado alrededor de la posibilidad de encabezar la candidatura de Morena en Hermosillo. Pero la composición de la fotografía no luce fortuita. En política, el centro rara vez es inocente y las señales pocas veces son cándidas.

El mensaje, según diversas voces de la grey política, parece ser contundente: “va a ser Fernando Rojo de la Vega; no le metan el pie, acompáñenlo”. Porque si algo comenzaba a permear dentro del movimiento era el desorden, la animadversión soterrada y las aspiraciones personales que amenazaban con trastocar la disciplina interna.

Por eso la insistencia en catalogarla como una cena “entre amigos”. Más que un gesto de camaradería, fue un artificio político cuidadosamente construido para enviar una señal de unidad: aquí no hay rivales, hay un proyecto común. O al menos, eso intentan transmitir.

¿Pero por qué hasta ahora?

La respuesta parece encontrarse en dos episodios recientes: la supuesta recomendación emanada desde la Presidencia de la República y el VIII Congreso Nacional Extraordinario de Morena, celebrado el pasado 3 de mayo de 2026.

En dicho cónclave, Ariadna Montiel Reyes fue electa por unanimidad como nueva presidenta del Comité Ejecutivo Nacional de Morena, consolidando un liderazgo enfocado en la operación territorial y la cohesión rumbo al 2027. Alfonso Durazo tomó protesta a la nueva dirigencia reiterando la lealtad irrestricta hacia la presidenta Claudia Sheinbaum.

Pero en política, los congresos nunca sirven únicamente para lo que dicen servir.

En los pasillos del morenismo sonorense se comenta que no solo se definieron liderazgos partidistas; también comenzaron a delinearse algunas candidaturas estratégicas. Y una de ellas, aseguran, fue la de Hermosillo.

Bajo esa lógica, la reunión encabezada por Adolfo Salazar habría tenido un propósito inequívoco: informar que Fernando Rojo de la Vega es el perfil que cuenta con el beneplácito del grupo dominante y que aquella cena sería, simbólicamente, la última como adversarios internos. A partir de ahora, el mensaje sería otro: acompañar, disciplinarse y demostrar trabajo sin caer en el encono ni en la zancadilla política.

La narrativa cobra todavía más fuerza tras la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Sonora. Porque tras bambalinas, según relatan algunos contertulios del movimiento, hubo jalones de orejas para dos o tres actores que habían comenzado a privilegiar proyectos personales por encima del orden interno de la llamada Cuarta Transformación.

Y en Morena, donde la disciplina suele imponerse inexorablemente cuando llegan las definiciones, las señales terminan siendo más elocuentes que cualquier boletín oficial.

 

Ramsés Portillo Ayala levanta la mano en Huatabampo; ahora sí parece ser su tiempo

En política, los tiempos suelen ser tan importantes como los perfiles. Hay actores que aparecen demasiado pronto y otros que llegan cuando la coyuntura finalmente les favorece. Y en Huatabampo, todo parece indicar que Ramsés Portillo Ayala decidió que el momento de entrar de lleno a la conversación pública ha llegado.

El oriundo de la comunidad de Las Parras levantó la mano de manera abierta y sin medias tintas. Ya no hubo mensajes subliminales ni publicaciones ambiguas. La semana pasada difundió en redes sociales una imagen acompañada de una frase que, lejos de quedar entre líneas, resultó inequívoca: “esto ya se puso en marcha”.

El mensaje fue acompañado de un texto igualmente directo:

“Soy Ramsés Portillo Ayala y ya arrancamos recorriendo caminos, comunidades y colonias de nuestro municipio. Te saludaré de frente, para platicar y encontrar juntos soluciones a los problemas que todas y todos conocemos. Necesitamos transformar a Huatabampo y le vamos a entrar con todo”.

La publicación no pasó desapercibida. Por el contrario, encontró eco entre numerosos huatabampenses que desde hace tiempo observan con desasosiego el rumbo administrativo del municipio. Porque más allá del entusiasmo digital, lo que comenzó a permear en los corrillos políticos fue la percepción de que Ramsés no solo decidió participar, sino que además cuenta con el beneplácito de importantes actores de las altas esferas del poder.

Y eso, en política, rara vez es menor.

La lectura que hacen algunos versados en el ajedrez electoral del sur de Sonora es que el escenario comenzó a alinearse a favor de Portillo Ayala. Sobre todo ante el desgaste que ha dejado la actual administración emanada del Partido del Trabajo, señalada por muchos sectores como errática, dispersa y rebasada por los problemas cotidianos del municipio.

En ese contexto, la figura de Ramsés empieza a construirse como una opción de reacomodo político frente al desorden que perciben distintos sectores sociales. No son pocos los que consideran que Huatabampo requiere hoy más operación, menos estridencia y una conducción con mayor pulcritud administrativa.

Desde esta columna hemos analizado en distintas ocasiones la trayectoria de Ramsés Portillo Ayala y, hasta ahora, su perfil ha logrado mantenerse alejado de escándalos, confrontaciones innecesarias o episodios que manchen su carrera pública. Esa condición —que pareciera básica pero hoy resulta asaz escasa en la política— le ha permitido conservar una imagen limpia y con cierta fiabilidad entre diversos grupos.

A ello se suma un factor insoslayable: el respaldo que, según se comenta en los círculos políticos, comienza a recibir desde niveles importantes de decisión. Porque en estos tiempos, donde las candidaturas ya no solo se construyen en la plaza pública sino también en los cónclaves internos, contar con apoyo político puede ser tan determinante como tener aceptación ciudadana.

Claro está, todavía falta trecho por recorrer y en política nada es definitivo hasta que las circunstancias terminan de dirimirse. Pero si algo empieza a quedar claro en Huatabampo, es que Ramsés Portillo Ayala ya decidió entrar a la contienda moral y política por el municipio.

Y esta vez, muchos creen que ahora sí le toca.