PILAR POLÍTICO | El Power Ranger Rojo y la batalla por Hermosillo

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PILAR POLÍTICO | El Power Ranger Rojo y la batalla por Hermosillo

Por Jesús Donaldo Guirado

Recuerdo que cuando era niño, como cualquier otro, tenía predilección por ciertas caricaturas. Sin embargo, había una que ocupaba un lugar especial: Power Rangers. Mi favorito siempre fue el Ranger Rojo. No porque vistiera el color más llamativo, sino porque representaba el liderazgo. Era quien asumía la responsabilidad cuando aparecía el peligro, quien encabezaba la batalla y quien entendía que el poder solo tenía sentido cuando se ejercía para proteger a los demás.

Con el paso del tiempo comprendí que las caricaturas, en ocasiones, terminan pareciéndose más a la política de lo que imaginamos.

En la política sonorense existe un personaje cuyo apellido inevitablemente remite a esa analogía: Fernando Rojo de la Vega Molina. La comparación no obedece únicamente al color de su apellido. Responde, sobre todo, a la percepción de un servidor sobre el papel que hoy desempeña dentro del movimiento al que pertenece.

Quienes alguna vez vieron la serie recordarán que los Rangers vivían en permanente combate contra monstruos que amenazaban con destruir la ciudad. En la vida pública esos monstruos no tienen colmillos ni tentáculos. Se manifiestan de otra forma: la inseguridad, el abandono de los servicios públicos, las calles convertidas en una interminable colección de baches y, sobre todo, la tentación de gobernar pensando en la siguiente elección antes que en la siguiente generación.

Ese, desde mi óptica, es el principal problema que enfrenta hoy Hermosillo.

La administración municipal parece haber entrado demasiado pronto en una lógica de proselitismo rumbo a la gubernatura. La coyuntura política terminó desplazando la responsabilidad administrativa. El interés electoral comenzó a permear decisiones que debieron concentrarse, exclusivamente, en resolver los problemas cotidianos de los hermosillenses.

Antonio Astiazarán inició su gobierno con expectativas alentadoras. Sería injusto negarlo. Sin embargo, considero que aquel impulso inicial fue efímero. Con el paso de los meses, la percepción ciudadana comenzó a cambiar y el discurso pareció enfocarse más en construir una candidatura futura que en consolidar un gobierno presente. Cuando un alcalde dedica más tiempo a visualizarse en otro cargo que a administrar la capital del estado, la ciudad inevitablemente termina pagando el costo.

En esa narrativa aparece Fernando Rojo.

Dentro de Morena se ha convertido en uno de los colaboradores más cercanos tanto de la presidenta como del gobernador. Su presencia es constante en proyectos estratégicos. Un día supervisa el programa de Viviendas para el Bienestar; otro participa en jornadas de reforestación; al siguiente atiende reuniones con ciudadanos. Quienes frecuentan los eventos públicos saben que suele ser de los últimos en retirarse porque permanece escuchando a la gente cuando los reflectores ya se apagaron.

Ese comportamiento, a mi juicio, constituye una diferencia relevante.

Los Power Rangers no eran héroes porque pelearan. Lo eran porque trabajaban en equipo, asumían responsabilidades, protegían a los más vulnerables y entendían que el liderazgo exigía sacrificio antes que protagonismo. El Ranger Rojo encabezaba al grupo, tomaba decisiones bajo presión, mantenía unido al equipo y era el primero en colocarse frente al peligro. Su autoridad nacía del ejemplo, no de la estridencia.

La política debería aspirar exactamente a eso.

No necesita más héroes de propaganda ni campañas permanentes disfrazadas de gobierno. Necesita perfiles que comprendan que el servicio público es una responsabilidad y no una plataforma personal. Esa diferencia, aunque parezca sutil, resulta toral.

Por ello considero que la Secretaría del Bienestar comienza a ser un espacio reducido para Fernando Rojo de la Vega. En la coyuntura que atraviesa Hermosillo, su nombre empieza a figurar como el de ese “caballo negro” que pocos contemplaban al principio, pero que hoy aparece cada vez con mayor frecuencia en los corrillos políticos.

Yo considero que eso será suficiente para rescatar a Hermosillo

Pero los ciudadanos serán quienes, llegado el momento, sopesen trayectorias, resultados y liderazgos. La democracia no premia analogías; premia gobiernos eficaces.

Pero si Morena decide construir su propio equipo de “Power Rangers”, y Fernando Rojo termina encabezándolo, quizá encuentre en él a su Ranger Rojo: un liderazgo que, al menos desde mi percepción, intenta colocar el servicio público por encima de la promoción personal.

Como en toda buena historia, el desenlace aún está por escribirse. Y, al final, será la ciudadanía la que decida quiénes fueron realmente los héroes y quiénes terminaron convertidos en los monstruos que decían combatir.

 

Cuando el movimiento ya decidió: dicen que es Lamarque

En política, los anuncios oficiales muchas veces llegan después de que las señales ya son evidentes. Los respaldos, las reuniones y la fuerza territorial suelen anticipar el rumbo de una decisión.

Eso es lo que, desde mi perspectiva, ocurre con Javier Lamarque.

Hace unos días reunió a cerca de 750 líderes de más de 200 colonias, una convocatoria que refleja estructura, organización y un liderazgo que continúa aglutinando a buena parte de la militancia de Morena.

A ello se suma el respaldo del senador Heriberto Aguilar Castillo, uno de los fundadores e integrantes con mayor trayectoria dentro del movimiento en Sonora. Heriberto ha demostrado durante años su compromiso con la Cuarta Transformación y, además, mantiene una relación de amistad tanto con la presidenta Claudia Sheinbaum como con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Esa misma cercanía también la conserva Javier Lamarque, lo que fortalece la percepción de que ambos forman parte del núcleo político más sólido del movimiento.

Otro elemento que llama la atención es que Lamarque mantiene una buena relación con los demás aspirantes a la coordinación estatal, evitando un escenario de encono interno y privilegiando la unidad.

Oficialmente todavía no existe una designación, pero las señales parecen apuntar hacia una misma dirección. Desde mi análisis, Javier Lamarque se ha consolidado como el perfil con mayor respaldo dentro de Morena para coordinar los trabajos de la Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional en Sonora.

Ignorar esa realidad sería una decisión difícil de explicar para la propia militancia. La unidad siempre será más fuerte que cualquier diferencia interna y, cuando la mayoría del movimiento parece haber tomado una decisión, quizá solo reste esperar el anuncio oficial.