Por Jesús Donaldo Guirado
En política, los símbolos importan. Y cuando se trata de Alfonso Durazo Montaño, más aún. Porque si algo ha demostrado el mandatario es que sus mensajes no son casualidad. Esta vez, el “humo blanco” no salió de la Capilla Sixtina, sino desde Palacio de Gobierno.
Las señales están ahí. Claras. Directas. Y para quien sabe leerlas, contundentes. Mantener a Fernando Rojo de la Vega Molina en el centro de la escena no es coincidencia.
Es Fernando. Es claro que el caballo negro va en el centro. No solo en el centro de la cabalgata, no solo en el centro del ordenamiento político, no solo en el centro de las elecciones, no solo en el centro del lineamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo… va en el centro del estado. En Hermosillo.
Por otra parte la metáfora es inevitable: el caballo negro. Ese que aparece cuando menos lo esperan y termina dominando la carrera. Pero aquí el juego de palabras es aún más claro: el caballo negro es rojo… y el rojo es el caballo que va a recuperar Hermosillo.
No es la primera vez que se advierte: el gobernador no lanza mensajes por lanzarlos. Siempre dicen algo, siempre avisan algo. Y cuando lo repite, es porque quiere que se entienda.
No hay que ser experto en política para darse cuenta. El perfil está ahí, colocado estratégicamente, respaldado por resultados y por una cercanía evidente con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Si nos cuestionamos a quién voltearía a ver la presidenta de la República, sin dudarlo ni un segundo la respuesta sería Fernando Rojo. Por cercanía, por confianza y por operación política.
Algunos dirán que son órdenes, que es línea directa, que es sí o sí la pieza para recuperar la capital. De eso no hay certeza absoluta. Pero de lo que sí hay certeza es de algo más importante: si la decisión se basara en el trabajo, él la ganaría sí o sí.
No por nada le encargaron el programa de vivienda. No por nada el gobernador lo mantiene en el centro de la narrativa política del estado.
En política, cuando las señales son tantas, dejan de ser señales.
Se convierten en anuncio.
Mucho ojo con Fernando, porque con base en las pistas que ha dado el gobernador, es casi un hecho que será él.
Más allá del homenaje al sector ganadero y del peso simbólico de la ExpoGan Sonora 2026, la escena dejó algo más que tradición: dejó lectura política. Porque entre la cabalgata, la cercanía con la Unión Ganadera Regional de Sonora y la inauguración misma del evento, hubo un mensaje que no pasó desapercibido.
No es común ver a un secretario de Bienestar en un escaparate de esa magnitud. Y cuando ocurre, difícilmente es casual.
Ahí, entre aplausos, polvo y tradición, también desfilaron los “caballos negros”: perfiles que avanzan sin estridencia, pero con paso firme.
Porque en política, los tiempos no siempre se anuncian… se insinúan. Y cuando las señales se repiten, cuando los espacios se abren y cuando la cercanía se vuelve constante, el mensaje deja de ser sutil.
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Porque si estuviéramos en los tiempos correctos, ya lo estarían gritando… más de lo que hoy gritan las propias señales del gobernador.
Navojoa: la fórmula que se dibuja… y las variables que aún respiran
En política, pocas cosas son casualidad y casi nada es definitivo. En Navojoa, el tablero comienza a mostrar —con trazos cada vez más perceptibles— una posible fórmula que, sin ser oficial, ya circula con fuerza en los corrillos: Marco Sánchez en la ruta hacia la presidencia municipal, Armando Covarrubias como carta sólida para la diputación local, y el actual alcalde, Jorge Elías, perfilándose con creciente nitidez hacia la arena federal.
No es una construcción improvisada. Responde a una lógica interna que, en esta coyuntura, parece buscar equilibrio entre operación política, presencia territorial y vínculos con sectores clave. Covarrubias, por ejemplo, ha logrado consolidarse como un perfil funcional, casi un “todólogo” —en el sentido más práctico del término— que ha sabido atender con diligencia distintas demandas sociales. Su incursión en la política navojoense no fue fortuita, sino respaldada desde su origen por figuras con peso específico en ciertos círculos de influencia.
Sin embargo, donde el panorama se vuelve verdaderamente interesante es en la variable que aún no termina de asentarse: la candidatura a la presidencia municipal. Marco Sánchez aparece como el perfil natural en esta ecuación, pero su destino podría modificarse si las circunstancias lo colocan como alcalde interino en el eventual movimiento de Jorge Elías hacia la candidatura federal. De concretarse ese escenario, el tablero se reconfigura casi de inmediato.
Ahí emerge el nombre de Federico Llamas Aréchiga. Su posible irrupción no es producto del azar, sino de una combinación de factores donde el peso del sector empresarial resulta insoslayable. Llamas no sólo es bien visto en ese ámbito, sino que cuenta con el beneplácito —o al menos la cercanía— de actores con influencia real en la toma de decisiones, como Francisco “Kiko” Islas, cuya gravitación política dentro de ese sector es, para muchos, indubitable.
La pregunta, entonces, no es únicamente por qué Federico, sino qué representa Federico en este entramado. Representa, en buena medida, la posibilidad de articular intereses económicos con operación política, un binomio que históricamente ha tenido un papel determinante en los procesos locales. Bajo esa lógica, no resulta descabellado pensar que, si el fiel de la balanza recayera exclusivamente en ese sector, la fórmula ideal sería clara: Llamas en la municipal, Covarrubias en lo local y Jorge Elías en la federal.
Pero la política —como bien se sabe— no se rige por una sola voluntad. Es una suma de factores, de presiones, de acuerdos y, en no pocas ocasiones, de tiempos. Y en ese sentido, el propio alcalde ha mostrado una postura que contrasta con la efervescencia anticipada de algunos actores: su enfoque, al menos en el discurso y en la práctica inmediata, está en la gestión. En llevar a Navojoa a un siguiente nivel, más que en precipitar definiciones electorales.
Ese matiz no es menor. En un entorno donde el proselitismo suele adelantarse con premura, mantener la atención en el ejercicio de gobierno puede leerse como una estrategia de prudencia o, si se quiere, de cálculo político más fino. Porque al final del día, será desde esa posición —la de quien aún detenta el poder formal— donde se terminarán de dirimir muchas de las decisiones.
Por ahora, lo que hay es un esbozo, una suerte de prefiguración que permite intuir hacia dónde podrían moverse las piezas. Pero en política, incluso los escenarios más delineados pueden trastocarse en cuestión de semanas. La única certeza, en este momento, es que la partida sigue en curso y que, en Navojoa, nada está completamente escrito.

