Por Jesús Donaldo Guirado
Hay personajes políticos a quienes incluso aquello que no comen les termina haciendo daño. En Navojoa, uno de ellos parece ser el regidor de Movimiento Ciudadano, Eduardo Armenta Cázares.
El otrora militante de Morena, hoy convertido en férreo opositor de todo cuanto emana del gobierno municipal, ha construido una peculiar reputación pública. Algunos lo conocen como “Vaquerito” o “Woody”, apelativos nacidos de su afición por portar sombrero incluso en espacios cerrados, una costumbre que más parece que lo hace para llamar la atención que una auténtica reivindicación de las raíces del campo. Paradójicamente, esa imagen termina pareciendo una burla para quienes diariamente enfrentan las inclemencias del sol para llevar sustento a sus hogares, trabajadores que suelen mostrar mayor sobriedad y respeto por los símbolos que representan su oficio.
La forma es importante en política, porque suele revelar el fondo. Y si algo ha quedado de manifiesto en diversas sesiones de Cabildo es una actitud que muchos consideran distante de la investidura que ostenta. No son pocos quienes cuestionan la informalidad con la que se presenta a reuniones oficiales -con una camisa abierta hasta el ombligo-, ni la ligereza con la que aborda temas que exigen seriedad institucional.
Sin embargo, más allá de la estética o las excentricidades personales, el verdadero debate debe centrarse en su desempeño como representante popular.
La función de una oposición responsable consiste en fiscalizar, señalar errores y exigir rendición de cuentas cuando sea necesario. Esa es una labor indispensable en toda democracia. Lo preocupante surge cuando la crítica deja de ser una herramienta de equilibrio y se convierte en una porfía permanente, en una animadversión sistemática hacia cualquier acción gubernamental, independientemente de sus resultados.
Con Armenta pareciera ocurrir precisamente eso. Existe la percepción de que ninguna acción merece reconocimiento y que toda propuesta gubernamental debe ser objetada, aun cuando los argumentos resulten endebles o francamente insostenibles. Si mañana se anunciara una inversión histórica para el municipio, no faltarían quienes anticiparan que su primera reacción sería encontrar un motivo para desacreditarla. No importa la magnitud del beneficio; siempre habrá un “pero”.
Esa postura, lejos de fortalecer el debate público, corre el riesgo de degradarlo. La ciudadanía espera una oposición firme, sí, pero también sensata; crítica, pero igualmente capaz de reconocer aciertos cuando estos existen. Lo contrario conduce a una dinámica estéril donde el protagonismo personal termina desplazando el interés colectivo.
Prueba de ello fue lo ocurrido durante la sesión de Cabildo del pasado miércoles. Sin que el asunto formara parte del punto en discusión, el regidor exigió al alcalde Jorge Alberto Elías Retes una fecha para separarse del cargo y participar, supuestamente, en futuros procesos internos de Morena.
La exigencia resultó, cuando menos, extemporánea. No solamente porque el propio alcalde ha manifestado no haber tomado una decisión al respecto, sino porque tampoco son tiempos electorales ni el Cabildo constituye el foro adecuado para ventilar especulaciones de naturaleza partidista.
El episodio alimentó nuevamente los corrillos políticos de la ciudad, donde cada vez son más frecuentes las voces que expresan preocupación por el comportamiento del edil.
Incluso dentro de Movimiento Ciudadano existen quienes consideran indispensable la intervención de la dirigencia estatal encabezada por Natalia Rivera Grijalva para encauzar la actuación de su representante en Navojoa.
La situación adquiere una dimensión aún más delicada al considerar los señalamientos que pesan sobre el regidor por presuntas conductas de violencia política en razón de género, acusaciones que han derivado en restricciones respecto a su interacción con una integrante del propio Cabildo.
Nadie espera unanimidad en política. La discrepancia es saludable y necesaria. Lo que resulta insoslayable es que las diferencias se expresen dentro de los cauces institucionales, con argumentos sólidos y con el respeto que merece la investidura de todos los integrantes del gobierno municipal.
Porque cuando el debate público se transforma en espectáculo, cuando la estridencia sustituye a la razón y cuando el afán de protagonismo eclipsa la responsabilidad política, el Cabildo deja de ser un espacio para construir soluciones y corre el riesgo de convertirse en aquello que la ciudadanía más rechaza: un escenario de confrontaciones estériles.
Y Navojoa, hoy más que nunca, necesita representantes que aporten soluciones, no actores empeñados en interpretar un papel permanente de inconformidad.
Menos burocracia, más eficiencia: el paso que Navojoa decidió respaldar
En política existen decisiones que generan titulares efímeros y otras que, aunque menos estridentes, terminan teniendo un impacto profundo en la vida pública. La aprobación de la Ley Número 158 por parte del Cabildo de Navojoa pertenece a esta última categoría.
Mientras en muchos espacios públicos predominan la confrontación y los protagonismos personales, en Navojoa la discusión giró en torno a un tema de fondo: cómo hacer más eficiente el gobierno sin sacrificar la representación ciudadana.
La reforma aprobada por mayoría busca hacer más racional el gasto público y adecuar la integración de los cabildos a una nueva realidad administrativa. Durante años, la ciudadanía ha cuestionado el crecimiento de estructuras burocráticas que representan un alto costo para el erario. En tiempos donde las necesidades sociales son cada vez mayores, resulta legítimo preguntarse si los recursos públicos se están utilizando de la mejor manera.
Bajo esa lógica, la reducción en el número de regidores en aquellos municipios que superan los nuevos límites establecidos representa una medida orientada a la eficiencia administrativa sin afectar la gobernabilidad.
Navojoa forma parte de los seis municipios sonorenses que deberán ajustarse a esta disposición. Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes de la reforma es que la figura del regidor étnico permanece intacta, garantizando la representación de los pueblos originarios dentro del Cabildo.
El alcalde Jorge Alberto Elías Retes destacó precisamente este punto, subrayando que dicho espacio constituye un derecho público conquistado por las comunidades indígenas y que su permanencia no está sujeta a los ajustes contemplados en la reforma.
Desde luego, toda modificación legal es susceptible de debate. La discrepancia es parte esencial de la democracia. Sin embargo, también es importante reconocer cuando una decisión responde a una demanda ciudadana cada vez más recurrente: gobiernos más eficientes, instituciones menos costosas y una administración más responsable de los recursos públicos.
La política suele llenarse de discursos sobre austeridad. Lo verdaderamente complicado es respaldar esos discursos con decisiones concretas. Esta vez, el Cabildo de Navojoa decidió hacerlo.
Por ello resulta significativo que esta discusión se haya desarrollado con responsabilidad institucional y sin caer en la tentación de convertirla en un espectáculo político. En tiempos donde gran parte del debate público suele quedar atrapado entre descalificaciones y estridencias, resulta alentador observar que todavía existen espacios donde las decisiones se toman pensando en el interés colectivo.
La política encuentra su mejor versión cuando deja de perseguir reflectores y se concentra en construir soluciones. La aprobación de la Ley 158 es, precisamente, un paso en esa dirección.

