Por Jesús Donaldo Guirado
En días pasados, en una tertulia franca con un buen amigo -contertulio agudo, versado en la jerga política y atento a la coyuntura- compartíamos impresiones sobre el tablero rumbo a 2027. Hablamos de estrategias que ya comienzan a permear en los corrillos, de las deudas internas de Morena con piezas torales del movimiento, de la sucesión que, aunque pretérita en calendario, ya exuda señales en la grey política.
Tras desmenuzar escenarios, mi amigo lanzó una pregunta que, más que simple curiosidad, llevaba fondo y colmillo:
¿Dónde está Fernando Rojo?, Mi respuesta fue breve, acaso lacónica: -Trabajando.
Fernando Rojo de la Vega no es, hoy por hoy, un político distraído en el proselitismo prematuro ni en la pretensión de aparecer, a priori, en las boletas electorales. No está en el vórtice de la especulación ni en la iconolatría de los comicios. Tiene una encomienda clara del gobernador Alfonso Durazo y, más aún, un menester intrínseco: procurar el bienestar de los sonorenses.
En tiempos donde muchos sucumben ante el artificio de la imagen y el estridente afán de figurar, Rojo ha optado por la practicidad. Con el copioso trabajo que hoy encabeza desde la Secretaría de Bienestar, los intereses personales quedan —al menos en el discurso y en los hechos perceptibles— en un segundo plano. No es menor el trajín que implica operar programas sociales en un estado tan vasto y diverso como Sonora.
Pero la pregunta persistía, casi con porfía: —Sí, pero… ¿dónde está Fernando Rojo para las próximas elecciones?
Concedí el punto. De aparecer en una boleta electoral, sería —indubitablemente— un perfil competitivo. No por azar fue el operador en Sonora de la hoy presidenta Claudia Sheinbaum. Condujo una elección de magnitud colosal, y lo hizo con pulcritud estratégica. Si pudo sortear aquella vorágine, bien podría encarar contiendas menos complejas. Sin embargo, no es tiempo de acelerar la sucesión ni de enzarzar nombres en una carrera que aún no inicia formalmente. Dale tiempo al tiempo, le dije.
Y vuelvo al principio. ¿Dónde está Fernando Rojo?
Está trabajando. Y no desde la comodidad palaciega ni en la penumbra de un escritorio. Se le vio enlazado en la conferencia matutina con la presidenta Claudia Sheinbaum; se le vio junto al gobernador Durazo; se le vio, también, al lado de un Javier Lamarque visiblemente satisfecho.
El miércoles pasado se entregaron las primeras viviendas del Programa Vivienda para el Bienestar en Cajeme, consolidando el acceso a la vivienda como un derecho y no como una dádiva discrecional. Sonora fue el primer estado del país en iniciar obras con CONAVI y el primero en cumplir con la totalidad de la tierra requerida para el programa nacional. La meta inicial de 34 mil 800 viviendas se amplió a 65 mil a nivel nacional, en una apuesta que busca no solo edificar casas, sino fincar comunidad.
En el desarrollo habitacional “Jo’ara” —casa grande en lengua yaqui—, ubicado en la colonia Maximiliano R. López, se entregaron 48 viviendas construidas por CONAVI. El conjunto contempla 302: 228 casas familiares de 63 metros cuadrados con tres recámaras, y 74 prototipos de 47 metros cuadrados con dos habitaciones, dirigidas a jóvenes que estudian y trabajan. No es un dato menor en una entidad donde el acceso a vivienda digna ha sido, otrora, una deuda lacerante.
Entonces, insisto: ¿Dónde está Fernando Rojo de la Vega?
La respuesta, lejos de la falacia o del ditirambo fácil, parece incontrovertible: trabajando. Rompiéndose la camiseta en territorio, no en la estridencia de los corrillos; construyendo estructura social antes que candidaturas; entendiendo que, en política, la mejor campaña —cuando se hace con fiabilidad— es la que se ejerce desde el servicio.
El 2027 llegará con su propio tenor, con sus cónclaves y sus definiciones inexorables. Por ahora, en esta coyuntura, Fernando Rojo no parece obsesionado con la cúspide, sino con el trayecto. Y en política, a veces, eso dice más que cualquier aspiración declarada.
Heriberto Aguilar “a ras de suelo” y su forma de festejar
En política, las formas dicen tanto como los fondos. Y si algo ha caracterizado al senador Heriberto Aguilar Castillo es esa insistencia -casi porfía- de mantenerse a ras de suelo, lejos de la liturgia palaciega y más cerca del pulso ciudadano.
Ahora fue Navojoa la ciudad privilegiada para escuchar su informe de resultados bajo ese formato que no es mero artificio retórico, sino una declaración de estilo: rendir cuentas sin estridencia, sin ditirambo, sin la zalamería que suele revolotear en los corrillos políticos. Pero más que detenerme en el inventario de logros legislativos, quiero detenerme en un detalle que, aunque pudiera parecer menor, resulta revelador: la manera en que decidió celebrar su cumpleaños.
En una sociedad habituada a festejar la vida con convivios, descanso y círculo íntimo, el senador optó por algo distinto. No hubo pausa, no hubo repliegue doméstico. En vez de ello, eligió compartir el día con la gente, en territorio, informando, dialogando, escuchando. No es un gesto menor. En tiempos donde la política a veces se torna distante y asaz acartonada, celebrar trabajando constituye una señal potente.
Aguilar Castillo, conocido ya como “el senador del pueblo”, ha construido esa imagen no desde la iconolatría, sino desde la constancia. Su cercanía no parece impostada; es una práctica reiterada que le ha permitido aglutinar simpatías y, al mismo tiempo, fortalecer su sinergia con el gobernador Alfonso Durazo, con quien comparte agenda y visión de transformación. Como ocurre desde otra trinchera con Fernando Rojo de la Vega, la lógica es similar: menos escritorio, más territorio.
El informe “a ras de suelo” no solo fue un recuento de iniciativas y gestiones en la Cámara Alta; fue también un mensaje político en la coyuntura actual. En un escenario donde la sucesión futura ya comienza a permear en el ánimo de algunos actores, Heriberto parece optar por la vía menos estridente: consolidar presencia desde la labor cotidiana, sin acelerar los tiempos ni caer en proselitismo prematuro.
Hay en ello una lectura interesante. Celebrar el cumpleaños trabajando implica asumir que el servicio público no es intermitente ni sujeto al calendario personal. Es, si se quiere, una forma de reafirmar convicciones. Mientras otros podrían optar por el descanso, él eligió la rendición de cuentas. Y en una democracia que exige transparencia, esa decisión tiene un valor simbólico que no debe soslayarse.
Desde esta columna, vaya una felicitación doble: por la vuelta al sol y por la labor desempeñada en el Senado. Porque más allá de simpatías o discrepancias —que siempre las habrá en el saludable ejercicio democrático—, resulta insoslayable reconocer cuando un representante popular decide festejar no con pastel y aplausos privados, sino con micrófono abierto y contacto directo.
En política, los gestos construyen narrativa. Y Heriberto Aguilar, al menos en esta ocasión, eligió que la suya se escribiera, literalmente, a ras de suelo.
Confianza y estrategia en la Oficina de Presidencia

Armando Covarrubias.- Oficina
Con la reciente designación de Armando Covarrubias como nuevo jefe de la Oficina de Presidencia, el alcalde Jorge Alberto Elías Retes deja un mensaje claro dentro del proceso de ajustes en el núcleo del Ayuntamiento: la confianza, la cercanía y la sinergia no son accesorios, son el eje de su equipo.
En política municipal, donde las decisiones impactan de forma inmediata en la vida cotidiana, el círculo cercano del presidente es determinante. La Oficina de Presidencia no es un espacio ornamental; es el punto de coordinación estratégica, donde se alinean agendas, se ordenan prioridades y se imprime ritmo a la administración. Apostar por un perfil de absoluta confianza habla de un alcalde que entiende la importancia de blindar su centro de mando.
Pero la confianza, por sí sola, no basta. En el caso de Covarrubias, viene acompañada de atributos técnicos y experiencia comprobada. Con más de cinco años de trayectoria en el H. Ayuntamiento de Navojoa, conoce la estructura interna, los tiempos administrativos y la dinámica institucional. Esa experiencia evita improvisaciones y reduce la curva de aprendizaje en un puesto clave.
En el sector privado ha consolidado una carrera de más de 10 años en el ámbito comercial, en energías limpias y el sector empresarial, liderando más de 80 proyectos de productividad en Sonora y Sinaloa. Ese dato no es menor: habla de planeación, ejecución y resultados medibles, tres elementos que cualquier gobierno local necesita fortalecer.
Su formación como Licenciado en Negocios Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, sumada a estudios en logística, desarrollo directivo y agronegocios, le otorga herramientas para combinar visión estratégica con operatividad. Es decir, no solo pensar el rumbo, sino saber cómo llevarlo a cabo.
La designación parece enviar un mensaje político interno: quien permanezca o llegue al equipo debe sumar preparación y lealtad institucional. No se trata únicamente de reacomodos, sino de consolidar una estructura eficiente y alineada al proyecto municipal.
En un contexto donde los ayuntamientos enfrentan retos financieros, sociales y de gestión cada vez más complejos, fortalecer la Oficina de Presidencia puede traducirse en mayor coordinación y claridad en la toma de decisiones. Si los perfiles adecuados ocupan los espacios adecuados, la administración gana en orden y efectividad.
Otro acierto para Jorge Elías. Su apuesta es clara: rodearse de gente preparada y de confianza. En política, esa combinación suele marcar la diferencia entre la improvisación y la gobernabilidad.

