MONITOR | Pasión, traición y resurrección… en la política sonorense

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MONITOR | Pasión, traición y resurrección… en la política sonorense

Por Alan Castro Parra

La Semana Santa no solo se vive en los templos, sino también en la vida pública, y en Sonora, la liturgia política parece seguir, con precisión casi bíblica, cada uno de los momentos de la pasión, hay bienvenidas que parecen bautizos, traiciones que recuerdan a Judas, silencios que pesan como los del Viernes Santo y aspiraciones que huelen a una resurrección adelantada.

El arranque de esta procesión lo marca el PAN, que abre sus puertas como parroquia en domingo de ramos para recibir a Cassandra López, regidora que llegó al cabildo bajo las siglas del PRI. La escena no es menor, desde la dirigencia nacional del partido se crea una narrativa de inclusión que, en el fondo, es también cálculo político, porque en tiempos de definiciones, toda suma cuenta.

Pero mientras en el PAN reparte agua bendita, en el PRI se escuchan los ecos de la negación, a Cassandra la llaman traidora, como si la alianza reciente entre ambos partidos no hubiera sido ya una suerte de comunión forzada, lo que realmente asoma no es indignación moral, sino un pleito más profundo entre Alito Moreno y Beltrones: Cassandra no es el fondo, es el pretexto.

Y es que el hecho de que la dirigencia del PRI y varios actores crucifiquen a Cassandra López por haber tomado con libertad su decisión, no muestran nada más que la pasión con las que se viven estos momentos de definición y sólo prolongan la muerte anunciada de la alianza de la oposición, pues ahora si todos señalan y juzgan, pero que tire la primera piedra quien esté libre de pecado.

En otra esquina del templo político, Movimiento Ciudadano parece vivir su propio Adviento, y es que esperan, añoran, aspiran y suspiran por la posible llegada de Luis Donaldo Colosio Riojas como el mesías, su candidato a la gubernatura de Sonora, no hay humo blanco todavía, pero sí una fe insistente en que el apellido, la narrativa y el timing político puedan obrar el milagro naranja en tierras sonorenses.

Mientras tanto, en Morena se libra una batalla más terrenal, pero no menos intensa, la definición de la candidatura a gobernador avanza entre dos figuras principalmente, Javier Lamarque, que se mueve con la inercia de lo institucional, y Célida López, que empieza a ganar terreno con paso firme en el desierto. Ciertamente dista mucho de una disputa abierta, pero tampoco resuelta. 

El PT, por su parte, juega a la dualidad: buena relación con el gobernador Durazo en lo local, pero cargan con la cruz nacional de haber votado en contra de la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum. Una especie de fe a medias, de lealtad condicionada, que tarde o temprano tendrá que definirse, porque en política, como en la liturgia, no se puede comulgar en dos altares sin pagar el costo.

Y en el Partido Verde, la procesión va por dentro, entre actores que buscan posicionarse en Hermosillo y la figura incómoda de Maloro Acosta, convertido en ese personaje que no termina de encajar y que atora a la coalición, que no fluye, que no avanza y no encuentra ritmo. Y en un año donde cada movimiento cuenta, los conflictos internos pesan más que cualquier adversario externo.

Así, entre entradas triunfales, días de reflexión, negaciones y traiciones, lavados de cara y de pies, crucifixión, pasión y muerte, duelo, silencio y espera, la política sonorense atraviesa su propia Semana Santa y algunos actores su propio viacrucis. Solo falta ver quién carga la cruz hasta el final y quién logra, contra todo pronóstico, la resurrección, aunque ahorita los den por muertos políticamente.