MONITOR | La Célida, el salmón

HomeCOLUMNAS

MONITOR | La Célida, el salmón

Por Alan Castro Parra

Hay peces que nacen para dejarse llevar por la corriente y hay otros pocos, incómodos, persistentes, que están hechos para desafiarla. El salmón no pide permiso al río: lo enfrenta, lo corta, lo contradice. Y en ese trayecto, que parece irracional para quien observa desde la orilla, encuentra su sentido. Así podría contarse también la historia política de Célida López: una trayectoria que no se entiende desde la lógica de la comodidad, sino desde la obstinación de avanzar aun cuando todo empuja en sentido contrario.

Porque, en el fondo, Célida pudo haberse quedado donde todo era más sencillo, en la tranquilidad de las aguas del mar de Cortés, Puerto Peñasco, su origen, el cual le ofrecía la posibilidad de una vida más apacible, y menos áspera. Pero hay quienes no están hechos para la quietud, como el salmón que abandona el mar para remontar el río, hay una pulsión que no se explica del todo: la necesidad de trascender, de probarse en terrenos adversos, de buscar algo más allá de lo evidente. En su caso, esa ruta fue la política.

La primera gran corriente en contra la vivió dentro del propio PAN, no era una militante pasiva, ni disciplinada en el sentido tradicional, aspiraba a más, una candidatura al Senado que no llegó. Y ahí apareció el primer salto fuera del cauce conocido, como el salmón que abandona el océano, rompió con su entorno político original y no fue un movimiento terso, fue más bien un desprendimiento que la obligó a reinventarse.

El siguiente tramo fue aún más turbulento, llegar a Morena no significó navegar en aguas tranquilas, al contrario, en 2018 cuando el partido apenas se consolidaba su candidatura a la alcaldía de Hermosillo no fue producto de consensos, sino de resistencias. Fue contra estructuras, contra inercias y desconfianza interna. Y aun así, avanzó contra corriente como dicta su naturaleza política. El resultado es conocido: se convirtió en la primera alcaldesa de Morena en Hermosillo. Un logro que, más que coronar su llegada, confirmó su estilo.

Pero el río nunca se queda quieto, en el 2021, la corriente cambió de dirección y se volvió más agresiva, en esta ocasión no solo enfrentó adversarios externos, sino a quienes, en teoría, debían ser aliados. El PT y el Verde se convirtieron en obstáculos en lugar de respaldos y ahí, otra vez, decidió no ceder, volvió a nadar contra corriente. El costo fue alto: no consiguió la reelección. Como el salmón que enfrenta cascadas imposibles, el desgaste fue inevitable, pero también lo fue la coherencia con su propia narrativa.

Para el 2024, lejos de optar por la ruta más cómoda, el servicio público, volvió a tomar el camino más complicado, se colocó en la boleta como candidata del PT dentro del llamado Plan C, no era la posición más ventajosa, ni la más segura. Era, otra vez, un acto de contracorriente, un movimiento que muchos interpretaron como sacrificio político, como una forma de sostener el proyecto más allá de los cálculos personales. En términos del salmón, era seguir avanzando incluso cuando el destino final no garantiza recompensa inmediata.

Y ahora, con la mirada puesta en el 2027, el patrón parece volverse a repetir, la Celida aspira a la gubernatura por Morena, pero no desde la comodidad de una candidatura cantada, sino desde una posición que vuelve a desafiar la línea dominante, pues todo apunta a que el proyecto oficial tiene otro nombre, otra ruta, y hasta otro cauce. Y sin embargo, ahí está de nuevo: nadando en sentido contrario. No por capricho, sino porque es su naturaleza, y además, ese ha sido el hilo conductor de su carrera política.

Hay quienes dirán que esa forma de hacer política es imprudente, otros que es valiente, algunos más que es simplemente una incapacidad de alinearse o disciplinarse. Pero lo cierto es que, como el salmón, Célida López ha construido su identidad en la resistencia, no en la adaptación al entorno, sino en la confrontación con él. Es verdad que en esta alegoría de peces y política, alguien dirá que “el pez por la boca muere”, pero no es el caso de Celida López que pese a sortear varias trampas y anzuelos, sigue avanzando.

Y es que el salmón no nada contra corriente porque sea fácil, lo hace porque ahí está su destino, y en esa lucha constante, en ese desgaste que parece innecesario para algunos, encuentran su razón de ser, trascender. La política sonorense, tan acostumbrada a las corrientes pactadas y los cauces definidos, pocas veces produce figuras que decidan romper el flujo y siempre seguir la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón. Una de ellas es Calida López, no se si logre su objetivo, pero no se va dejar llevar por la corriente.

Y en un ecosistema donde muchos y muchas prefieren flotar o “nadar de muertito”, quizá su mayor virtud o su mayor condena sea precisamente esa: no saber, o no querer, hacer otra cosa que no sea nadar contra corriente, contra la línea, contra lo establecido, contra lo dictado, contra la imposición, contra la injusticia, contra lo imposible, aunque todo parezca estar en contra. Finalmente, como hija de pescador, sabe que la vida como la pesca y la política, hay temporadas buenas y muchas malas, pero hay que seguir navegando.