- Entre candidaturas que llegaron y se fueron, oportunidades que parecían escaparse y años de disciplina política, Ricardo Lugo se convirtió en el primer senador originario de SLRC
Por Luis Carlos Bravo
Hay quienes creen que la política es una carrera de velocidad. Que triunfa quien más ruido hace, quien más presiona o quien más rápido llega a la meta. Sin embargo, de vez en cuando aparece una historia que demuestra exactamente lo contrario. La historia de Ricardo Lugo Moreno es una de ellas.
Hace unos días, un cúmulo de circunstancias se alineó para que dejara de ser senador suplente y se convirtiera en senador propietario. Mientras ocupaba la suplencia en la Cámara Alta, también desempeñaba uno de los cargos políticos de mayor relevancia en Sonora, al frente de la Secretaría de Gobernación. Con ello, Ricardo Lugo pasó a la historia al convertirse en el primer senador originario de San Luis Río Colorado.
Hace apenas seis años, Ricardo difícilmente habría imaginado este escenario. En aquel entonces se encontraba atendiendo personalmente su negocio dedicado a la instalación y venta de vidrios. Su vida transcurría entre clientes, cotizaciones y trabajo cotidiano, lejos de los grandes reflectores de la política nacional.
Por supuesto, para llegar hasta donde está influyó la licencia solicitada por el senador Heriberto Aguilar. Sin esa decisión, probablemente Ricardo seguiría ocupando la suplencia. Pero reducir su llegada únicamente a esa circunstancia sería ignorar una parte importante de la historia.
Porque si algo ha acompañado a Ricardo Lugo desde que inició su carrera política es una característica que no siempre se valora en estos tiempos de inmediatez: la templanza.
Ha sabido esperar. Ha sabido guardar silencio cuando ha sido necesario. Ha sabido moverse cuando las circunstancias lo han requerido. Ha sabido ser leal a sus jefes políticos y, sobre todo, ha sabido resistir.
Muchos recuerdan cuando Morena publicó en su página oficial que Ricardo Lugo sería candidato a la alcaldía de San Luis Río Colorado. Sin embargo, menos de 24 horas después aquella candidatura desapareció. Por razones que todos en la política conocen, pero pocos explican públicamente, el nombramiento se vino abajo.
Muchos en su lugar habrían iniciado una rebelión. Otros habrían roto con el partido. Algunos más habrían utilizado los medios de comunicación para presionar o victimizarse.
Ricardo no hizo nada de eso, al contrario, aceptó la decisión de arriba.
Tiempo después volvió a estar cerca de una posición importante cuando resultó favorecido en el proceso de insaculación para una candidatura plurinominal. Otra vez parecía estar a las puertas de un cargo relevante. Otra vez apareció una oportunidad que parecía abrirle el camino.
Y otra vez, por instrucciones tomadas en niveles superiores, decidió hacerse a un lado.
Dos veces estuvo cerca. Dos veces vio abrirse la puerta. Dos veces la puerta volvió a cerrarse, y aun así permaneció.
Quizá esas experiencias le permitieron demostrar algo que en política vale más de lo que muchos imaginan: confiabilidad.
Si nos vamos todavía más atrás encontramos otro momento decisivo. Según él mismo me contó alguna vez, se encontraba trabajando en su negocio cuando quien entonces era su amigo, el exalcalde Santos González Yescas, lo invitó a incorporarse a la administración municipal como director del Deporte.
Aceptó.
Meses después, su trabajo, su capacidad y la confianza que generó lo llevaron a convertirse en secretario del Ayuntamiento.
Más adelante obtuvo la candidatura a diputado local por el Primer Distrito y posteriormente ganó la elección.
Como legislador mantuvo el mismo perfil que ha caracterizado buena parte de su carrera: disciplina, prudencia, lealtad y capacidad para construir acuerdos.
Por eso creo que la historia de Ricardo Lugo no puede explicarse solamente desde la suerte.
Claro que existieron circunstancias favorables. Claro que hubo momentos que dependieron de decisiones ajenas. Así funciona la política. Pero también es cierto que cuando llegaron los momentos difíciles, cuando las candidaturas se esfumaron, cuando los reflectores apuntaron hacia otros lados y cuando parecía que las oportunidades se escapaban, Ricardo decidió quedarse.
Y quedarse, en política, muchas veces es más difícil que llegar.
No sé cuánto tiempo permanecerá Ricardo Lugo en el Senado. Tampoco sé cuál será el siguiente cargo que Morena le encomiende. Lo que sí sé es que ya logró algo que nadie antes había conseguido: convertirse en el primer senador originario de San Luis Río Colorado.
Y viendo el nivel de confianza que hoy le tienen las altas esferas del movimiento, resulta difícil pensar que su carrera política termine aquí. Por el contrario, pareciera que apenas está entrando a una nueva etapa.
Algunos dirán que Ricardo Lugo es un hombre con suerte. Y sí, la suerte existe. En política, como en la vida, las circunstancias importan. Pero atribuirle todo a la suerte sería ignorar años de disciplina, paciencia y cálculo político.
Porque si algo ha demostrado Ricardo Lugo es que conoce perfectamente su estrategia. Una estrategia basada en la lealtad, en la templanza, en saber esperar su momento y en construir relaciones donde realmente importa construirlas.
Cuando otros se desesperan, él espera. Cuando otros rompen puentes, él los conserva. Cuando otros convierten cada revés en una batalla pública, él resiste.
Quizá por eso hoy está donde está.
No porque haya sido el más escandaloso. No porque haya sido el más mediático. No porque haya sido el más confrontativo.
Sino porque entendió que en política muchas veces no llega más lejos quien corre más rápido, sino quien sabe permanecer de pie mientras los demás se quedan en el camino.

