COLUMNISTA | El regreso inesperado de Marco Othón que reacomoda el panorama político sanluisino rumbo al 2027

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COLUMNISTA | El regreso inesperado de Marco Othón que reacomoda el panorama político sanluisino rumbo al 2027

Por Luis Carlos Bravo

En política, pocas cosas son definitivas. El reciente regreso de Marco Othón a la función pública es un ejemplo de cómo los escenarios pueden cambiar sin previo aviso y alterar, aunque sea parcialmente, el tablero político local.

Cuando Othón fue separado de la dirección general del fideicomiso del puente Río Colorado, la lectura generalizada fue que su etapa dentro del gobierno estatal había concluido, y que incluso se habría ido con desgaste político. Para muchos, aquella salida no sólo significaba el cierre de un ciclo administrativo, sino también el final anticipado de cualquier aspiración política relevante. En la narrativa local, Othón parecía fuera de la jugada.

Sin embargo, su retorno fue tan sorpresivo como su salida. Y no se trató de un regreso menor. Su nombramiento como oficial del Registro Civil de San Luis Río Colorado lo colocó nuevamente dentro de una estructura institucional con alto nivel de exposición social. Se trata de una dependencia que mantiene contacto cotidiano con la ciudadanía y que, históricamente, ha servido como espacio de posicionamiento político para distintos perfiles, no necesariamente por méritos electorales, sino por cercanía, visibilidad y operación territorial.

Conviene decirlo sin rodeos: este tipo de nombramientos no ocurren de manera aislada. La llegada de Marco Othón al Registro Civil implica decisiones tomadas desde niveles superiores y responde a dinámicas internas del poder. Llámese respaldo partidista, acomodos institucionales o simples equilibrios políticos, lo cierto es que su regreso envía la señal de que no todos los perfiles que parecían descartados están realmente fuera del juego.

Este movimiento, aunque no definitivo, sí obliga a una relectura del escenario rumbo a la elección municipal de 2027. En un contexto donde varios actores ya se mueven abiertamente —el alcalde Iván Sandoval con la intención de buscar la reelección, el diputado federal Manuel Baldenebro con aspiraciones declaradas de volver a la presidencia municipal, la aspiración del delegado de Gobernación en Sonora, Ricardo Lugo, por ahora sin ser el quien aparezca en la boleta, y otros cuadros de ingenios de poder que trabajan desde distintas trincheras—, cualquier ajuste altera inercias y expectativas.

Un elemento que no puede ignorarse es que Marco Othón funge como representante distrital del Partido del Trabajo en Sonora y tiene el apoyo del colmilludo Ramón Flores, presidente estatal del PT en Sonora. En una eventual coalición Morena–PT–Verde, los espacios, las candidaturas y las posiciones no se definen únicamente por popularidad, sino por negociaciones internas, cuotas partidistas y conveniencias estratégicas. En ese esquema, tener presencia institucional y respaldo de partido suma, aunque no garantiza nada.

Dicho de otra manera: su regreso no lo convierte automáticamente en candidato, pero sí lo devuelve al radar político. Y eso, en un proceso donde muchos aspirantes compiten más por no quedar fuera que por estar arriba, ya es un factor a considerar.

No obstante, sería un error leer este movimiento como una definición final. Aún falta tiempo para el proceso electoral y, como suele ocurrir en Sonora, los reacomodos más importantes no siempre se dan a nivel municipal. El verdadero movimiento que podría cambiar por completo el panorama político de cualquier aspirante -local y estatal- será la definición de si la candidatura de Morena a la gubernatura de Sonora será para hombre o para mujer.

Esa decisión, además, marcará el rumbo de un gobierno estatal que será de apenas tres años, lo que vuelve aún más estratégica la elección. Cuando esa definición llegue, arrastrará acuerdos, descartes, alineamientos y rupturas que impactarán directamente en San Luis Río Colorado y en todos los proyectos municipales que hoy parecen firmes.

Por ahora, el regreso de Marco Othón no debe leerse como un triunfo personal ni como una derrota ajena, sino como lo que es: un ajuste más dentro de un tablero político que todavía está lejos de acomodarse por completo.