COLUMNA | Agua para Hermosillo: traerla no basta, hay que cuidarla

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COLUMNA | Agua para Hermosillo: traerla no basta, hay que cuidarla

Por René García

Sonora vive la peor sequía de la que se tenga registro. En ese contexto, desde el Gobierno del Estado que encabeza Alfonso Durazo y con el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha hecho lo que durante décadas se pospuso: convertir el agua en política de Estado y no en ocurrencia de temporada. Para Hermosillo eso significa obras concretas. La Obra Balsa, un sistema de bombeo flotante en la presa El Novillo con capacidad de 1,200 litros por segundo y una inversión de 223 millones de pesos, hoy protege el abasto de unos 250 mil hermosillenses, el 30 por ciento de la ciudad. Y la Obra Bypass, con casi 75 millones de pesos, garantiza agua de emergencia para las zonas norte y sur de la capital ante cualquier contingencia. No son promesas: son obras ejecutadas, con nombre, monto y beneficiarios.

Desde el Congreso hemos buscado blindar esa visión. Para que las decisiones sobre el agua dejen de depender del calendario electoral y se sustenten en una planeación técnica de largo plazo. Y aquí conviene la honestidad: cuando comunidades del Río Sonora expresan dudas y exigen estudios de impacto y consulta, no son un obstáculo, son parte de la solución. Una política hídrica seria se construye con la gente, no a pesar de ella. Escucharlas fortalece el proyecto y eso ha hecho el gobierno estatal.

Pero seamos claros en algo que pocos quieren decir: traer más agua a Hermosillo no resuelve el problema si la ciudad sigue desperdiciando la que ya tiene. Hoy se cobra apenas dos de cada diez litros que se producen. El resto se pierde en fugas, tomas sin medir y una red que envejece sin mantenimiento. Es como llenar una cubeta agujereada: por más caudal que le sumemos, el fondo seguirá vacío. Entregar tinacos alivia la urgencia de una familia, pero no repara una sola tubería.

Por eso lo que falta no es solo infraestructura mayor, sino inversión en lo invisible: sectorizar y medir la red, sustituir tubería vieja, detectar fugas con tecnología y profesionalizar el organismo operador para que el agua que tanto cuesta traer no se pierda antes de llegar a la llave. Cada peso invertido en eficiencia rinde más que uno gastado en acarreo de emergencia. Phoenix y Tucson, en nuestro mismo desierto, reciclan y cuidan cada gota desde hace cuarenta años; no tienen más agua que nosotros, la administran mejor.

El agua no es un tema de un gobierno ni de un partido: es de las familias que abren la llave por la mañana sin saber si saldrá. El Estado está poniendo su parte con obra histórica. Toca exigir que cada nivel de gobierno haga la suya, y que el agua que con tanto esfuerzo llega a Hermosillo no se quede en el camino. Esa es la verdadera garantía: no solo traer el agua, sino cuidarla hasta que llegue a casa.