Morena enfrenta un desafío crucial dentro de su propio seno, más allá de las amenazas externas de la oposición. La reciente defensa del exgobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, por parte de diputados de su partido, subraya los peligros internos que podrían socavar la coherencia del proyecto. La situación refleja no solo la persistencia de prácticas políticas cuestionables, sino también el riesgo de que los intereses personales se antepongan a los principios fundamentales de la 4T.
El martes 25 de marzo de 2025, durante una sesión en la Cámara de Diputados, un grupo de legisladores de Morena evitó que Blanco fuera desaforado, a pesar de las acusaciones de intento de violación presentadas por su media hermana, Nidia Fabiola Blanco. Este acto de protección ha generado críticas, no solo por las implicaciones legales y éticas, sino también por la forma en que refleja el carácter patriarcal que aún prevalece en la política mexicana.
Para muchos, la defensa de Blanco fue un claro ejemplo de cómo el poder se sigue negociando principalmente entre hombres, incluso dentro de un movimiento que, en teoría, promueve la inclusión y la justicia social. En esta ocasión, la mayoría de las diputadas de Morena, en lugar de apoyar la denuncia de la víctima, se alinearon con los intereses del partido, priorizando la permanencia de uno de sus miembros en el poder. La situación pone en evidencia la contradicción entre los discursos progresistas sobre igualdad de género.
Desde un punto de vista más amplio, el riesgo para la 4T no reside en la oposición tradicional, que ya ha mostrado su incapacidad para frenar el avance de Morena en elecciones pasadas. El verdadero desafío radica en la falta de congruencia dentro del propio movimiento. A pesar de los logros electorales y el control de las instituciones del país, hay una creciente preocupación de que los actores dentro de Morena se estén desviando de los ideales iniciales en favor de intereses personales y ambiciones políticas. Esta dinámica puede comprometer el proyecto político que se prometió para transformar al país, especialmente si no se toman medidas para frenar la corrupción y las malas prácticas que se están gestando dentro del partido.
Una de las figuras que ha sido mencionada como un posible contrapeso es Claudia Sheinbaum, quien se perfila como la líder que podría consolidar el proyecto de nación. A pesar de su capacidad y el respeto que genera dentro de la 4T, el sistema político mexicano sigue estando marcado por inercias y prácticas de clientelismo, en las que muchos de los actores clave en la política local y nacional buscan ante todo su propio ascenso. Estos intereses personales se reflejan en la manera en que los gobernadores, legisladores y líderes sindicales, como Pedro Haces, intentan acumular poder dentro del partido, utilizando la afiliación masiva como una herramienta para consolidar sus posiciones.
En este contexto, defender a figuras como Cuauhtémoc Blanco sin cuestionar las prácticas de impunidad dentro del partido es un grave error. La verdadera defensa del proyecto de nación radica en identificar y denunciar las malas prácticas dentro de la 4T, sin caer en el juego de la protección incondicional de quienes no respetan los principios de justicia y equidad. Al hacer visible la descomposición interna, se le da a Claudia Sheinbaum y a otros actores dentro de Morena una herramienta para enfrentar esos vicios y fortalecer el proyecto de transformación que el país necesita.
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