Recuerdo de un padre ejemplar

2020-05-19

Ya han pasado dos años de la última charla. Por ser el cumpleaños de mi madre, te fue imposible ver las noticas de aquella noche, que por años fueron imperdibles. Optaste por asignarme la tarea de mirarlas en tu ausencia y una vez arribaras a nuestro hogar al terminar la celebración, me dispondría a comentártelas. Me observabas atento, como lo solías hacer siempre, mientras dialogábamos sobre aquel programa de “Tercer Grado” y disfrutábamos de un rico panecillo que me habías obsequiado.

 

Llegó el momento de despedirnos con la rutina a la cual acostumbrábamos desde que era niño. Un beso, un abrazo y las buenas noches. “Sueña con los angelitos”, me dijiste como últimas palabras.

 

Jamás pensé que el ángel que soñaría el resto de mis días, fuera él.

 

Recordar a mi padre es un gran placer que vivo todos los días. Su historia y memorables anécdotas hasta el día de hoy siguen impresionando a quien las escucha y por fortuna tuve la oportunidad de oírlas una y otra vez cada que se diera la oportunidad. Las gozaba tanto como si hubiese sido la primera vez en conocerlas.

 

En esta edición decidí platicarles en breve su historia, alguna anécdota y el por qué es y será mi ídolo, por el resto de mi vida.

 

Desde niño, buscaba la manera de poder regresar a casa con unas monedas para su madre, sin importar cuál fuera el quehacer; vendiendo periódicos; boleando zapatos en plazas y residencias de los hombres ricos del pueblo, quien tiempo después y sin ellos saberlo, degustaría exquisitas viandas como invitado en sus mesas; preparando y vendiendo nieve de garrafa y pan dulce; hasta participar en exhibiciones de lucha libre.

 

En esta última, me comentó que cada semana contaba con una exhibición previamente acordada para ofrecer un buen show público. En un encuentro crucial del torneo, le tocaba ceder contra el rival, quien fácilmente se llevaría la victoria, pero al ver en el público a su hermano y sobrina, optó por desobedecer el pacto, lucir sus habilidades y someter inesperadamente con una llave a su oponente. La multitud enloqueció por el espectáculo, pero le costó su participación en lo restante de la competencia. Historia que me contaba cuando coincidíamos al ver la lucha libre de estas épocas. ¡Las risas nunca faltaron!

 

Incursionado más en los deportes, pasó a ser el quinto bat de “Los Timos”, en una liga local de béisbol. Posteriormente, bajo el nombre de “Bobby César”, regresaría a los cuadriláteros, pero ahora como boxeador. Por ser un deporte bien pagado en aquella época y por la misma necesidad de apoyar económicamente a su madre dio comienzo a su nueva aventura. Junto con Tony Pérez, su gran amigo y mentor en este oficio, que hasta el día de hoy me dice recordar y extrañar a su compadre, constantemente hacían viajes por el estado para las exhibiciones que se organizaban en los cuadriláteros más importantes.

 

Pero el periodismo fue su mayor pasión. El aroma del papel y tinta que emanaba de un taller de un diario en Navojoa, en la espera de recibir los ejemplares para venderlos en los cruceros principales cuando era niño, lo había flechado por completo. Fue entonces, hasta años después, se daría cuenta realmente cuál era su vocación, tomando la decisión de dejar de lado los guantes de cuero, para plasmar en tinta sus inquietudes e incursionar de lleno a la prensa escrita.

 

Todavía sonrío de punta a punta al recordar aquella anécdota de una de sus primeras notas periodísticas. “Fallece anciano de 40 años” encabezaba el artículo. Pese a la crítica y burlas de aquellos tiempos no le fue excusa para no seguir adelante, practicar constantemente y convertirse en un gran periodista.

 

¡Vaya que lo logró!

 

Desde que tengo uso de memoria, hasta su último día de vida, de manera puntual e ininterrumpida finalizaba su aclamada y leída “Columna Marginal”, que por años fue la escuela de quienes ejercen la bonita profesión de comunicar. Verle escribir y leer sus “tips”, fue más que enriquecedor.

 

Y eso es lo que caracterizaba a mi padre. Trabajo duro y perseverancia para alcanzar sus metas y cuidar de los suyos, como lo hizo en todo momento.  

 

Han pasado dos años de el último abrazo. Me siento agradecido y feliz de haber podido disfrutar de él todo el tiempo que estuve a su lado, pero más que nada por ser el mejor padre que pude imaginar.

 

Se que ahora descansa a la vera del Gran Hacedor. Que así sea.

 

Te amo y te extraño.

 

Éxito.