Feminismo mexicano y sus discursos paralelos

2020-07-27

“El discurso feminista ha impactado en México esencialmente en el ámbito normativo y en la creación de nuevas instituciones protectoras de los derechos de la mujer, pero no ocurre lo mismo en el seno de la familia, donde es reconstruido y alimentado otro discurso paralelo que se aferra a los roles que la mujer ha padecido siempre”.

 Por: Jesús Salvador Guirado López

   “Una mujer no nace, se hace”. Es una máxima de la filosofa francesa Simone de Beauvoir que inspiró desde los años cuarenta del siglo pasado el movimiento feminista en el mundo. Desde su profesión de escritora y como activista política, siempre declaró que el feminismo era una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente. 
       Debe reconocerse que De Beauvoir dio un paso adelante en sus ideas al compartir la vida muy a su manera con el filosofo existencialista Jean Paul Sartre, premio nobel de literatura, en una relación abierta, renunciando a la maternidad y al matrimonio, dejando entrever en sus obras su bisexualidad que nunca confesó abiertamente. 
      Definitivamente la escritora rompió paradigmas de la época, impulsando una lucha por los derechos de la mujer, que históricamente adolecía  de la posibilidad  para acceder a privilegios otorgados exclusivamente al genero masculino durante siglos. Y una de sus grandes aportaciones intelectuales, fue haber sido la primera mujer en cuestionar la feminidad, como un mito histórico-cultural fabricado por el sistema.
      Es complejo saber el porque de la construcción histórica de un proceso patriarcal de tales dimensiones, donde la mujer desde un esquema de poder ha sido oprimida desde los primeros tiempos. Pero las ideas de Simone, coinciden con uno de los principios de la antropología estructural del francés Claude Levi-Strauss, quien reconoció que la naturaleza es todo con lo que se nace, lo innato, y que la cultura es todo lo que se va aprendiendo o adquiriendo a través del tiempo tanto en la familia como en la sociedad, como es el caso de los roles de género  
      De hecho, en su obra “el segundo sexo”, Simone de Beauvoir explica como la sociedad y la cultura moldean a la mujer desde su infancia hasta su vejez, para que llegue a ser lo que es. Desde su niñez hasta su edad adulta, la mujer es educada para obedecer. Y al momento de formar una familia, ya ha sido culturizada y esta lista para formar a hijas y nietas con los mismos principios de sometimiento generacional.    
      Desde ese punto, la destacada feminista se desarrolló en una cultura donde la mujer estaba destinada a los roles maternos impuestos por la posguerra, y a  los quehaceres del hogar conyugal, lo que llevó a esta intelectual a asumir una lucha durante toda su vida en contra de estos paradigmas, incluso declarándose atea, porque decía que nunca perdonaría a la religión querer subyugar y oprimir a los seres humanos con la existencia de un Dios.
     Indudablemente, en los nuevos tiempos la culturización de los roles de género ha sido sistemática. El color rosa, como símbolo emblemático destinado a la mujer, que se asocia a la inocencia, la suavidad, el amor y la generosidad. También está el prejuicio de que las féminas no pueden desempeñar determinados oficios o profesiones que en el transcurso del tiempo ha quedado demostrado lo contrario. Los roles inducidos de que la máxima realización de una mujer es llegar a ser madre, así como una multiplicidad de esquemas construidos  por la cultura imperante para imponer al género femenino en una determinada condición de vida 
        Es alentador que la revolución feminista desarrollada  en todo el mundo, ha abierto muchas puertas antes cerradas a la mujer, que hoy le permiten la toma de posiciones estratégicas y de importancia dentro de la sociedad. Sin embargo, debe reconocerse también que el discurso feminista en México ha impactado esencialmente en el ámbito normativo y en la creación de nuevas instituciones protectoras de los derechos de la mujer, pero no ocurre lo mismo en el seno de la familia, donde es reconstruido y alimentado otro paralelo que se aferra a los roles que la mujer ha padecido siempre. 
    En el núcleo de la familia, aun cuando se rompen paradigmas por muchas generaciones, aún permanecen los símbolos y rituales que ciñen a la mujer al rol de siempre. De esa manera, cualquier niña mexicana sigue celebrando su piñata de cumpleaños respetando la tradición rosa y vestida de princesita o sirenita. La ideología patriarcal es tan poderosa que hasta este momento impacta en la formación de las niñas por sus progenitores, quienes las educan bajo las añejas reglas que paradójicamente el movimiento feminista critica y cuestiona severamente. ¿Cuál es la causa de que actualmente las niñas no son formadas bajo los nuevos paradigmas feministas? 
          O bien, la adolescente de quince años, cuya fiesta de celebración implica una emancipación de niña a mujer donde se le permitirá actuar más libremente en cosas de su edad, como ganarse el derecho de poder bailar con un joven, donde los adolescentes del género masculino no tienen limitación alguna. ¿Por qué la adolescente sigue necesitando de este ritual para ser aceptada como mujer en muchas familias mexicanas?
        Tampoco hay boda en el mundo, donde la novia no vista de blanco, símbolo de la pureza y “sueño de toda mujer”, que por cierto únicamente a ella se le exige, además de todos los demás rituales, tales como los tradicionales llamados “baby shower”, donde muchas de esas tertulias tienen que ver con utensilios de cocina, limpieza, etc. En un poderoso mensaje que insiste a la mujer cuál debe ser su rol. ¿Por qué sigue ocurriendo todo esto, en un tiempo que un ardiente movimiento feminista reclama un nuevo rol de genero? ¿Por qué frente a un discurso legítimo, donde la mujer rechaza un rol que no le hace justicia, existe otro paralelo, en el cual la niña la adolescente y la adulta, sostienen un comportamiento social distinto al exigido en sus reclamos? ¿Hay temor al rechazo social?, o, ¿es la fuerza de un discurso inconsciente que se resiste?