La boca desnuda, El recolector de cadáveres (Episodio V)

2020-06-29

Por: Jesús Salvador Guirado López

¡Jesús! ¡Jesús!, gritaba Sofía a su esposo que llegó a casa agotado y se internó en su habitación. Al escucharla el recolector de cadáveres salió rápidamente para saber el motivo. De inmediato ella respondió: ¡Necesitamos platicar con María!, ¡vivió un momento difícil en la reunión escolar! Cabe decir que los niños tomaban sus clases virtuales, pero tenían una reunión mensual presencial con todos los alumnos. Ellos acudían protegidos con sus trajes impenetrables que usaban todos los días. Era una generación acostumbrada a reconocer a los demás solo por su mirada. Habían visto el rostro humano solo en los libros y ocasionalmente al ver a sus padres que por cuidarlos evitaban permanentemente descubrirse aun dentro de la casa. Ese día en la reunión escolar una niña había tenido la osadía, sin que los supervisores observaran, de quitarse el cubrebocas frente a los ojos de María. Al tratarse de infantes de siete años en ocasiones ocurrían tales incidentes. Pero al tratarse de un órgano del cuerpo que con los años era algo tan intimo ya que nunca estaba expuesto a la vista de los demás. Entonces para ellos, a pesar de conocer la boca en su propio rostro, resultaba grotesco e impresionante mirarla en la cara de otra persona. Además, para la nueva comunidad, era asqueroso y antihigiénico ver el pedazo de carne viva que salía de la boca conocido como lengua. Todos había estudiado la boca en la escuela como parte de la anatomía humana, pero observarla en otros causaba repugnancia. La hija del recolector de cadáveres estaba traumatizada de haber mirado una boca desnuda y no dejaba de repetirlo. ¿Qué sucedió hija?, ¡ya hemos platicado que todos tenemos una boca!, ¿cómo te sientes?, recordó el recolector a María ¡Asco!, ¡miré la boca desnuda de la niña!,¡ aghhh!, expresó la menor cerrando sus ojos y frunciendo la nariz. ¡Es normal, hija!, ¡todos tienen boca pero no es visible por la mascara!,  decía Jesús mientras María lo veía sin reponerse. El recolector de cadáveres recordó a propósito del tema de “la normalidad”, las palabras de uno de los intelectuales mas importantes del momento conocido como el gran “gurú” de la Antropología Social, el Dr. Saver Yirau, quien no obstante su juventud, era llamado así por su profunda visión que tenía acerca de la realidad humana. Además de que años atrás, había dictado una conferencia magistral donde predijo “la nueva normalidad” para los primeros años del nuevo mundo con una gran precisión. El distinguido investigador habría dicho ante la comunidad intelectual las siguientes palabras:
       “Señoras y señores: ¡Díganme ustedes!, interpeló, ¿Qué es lo normal? ¿Quién me dice?, se sabe que cuando un juicio no puede enunciarse en términos de bien y de mal se lo expresa en términos de normal o anormal, dijo el filosofo francés Michel Foucault, de tal manera que lo anormal puede ser motivo de rechazo social por no ser aceptado como algo correcto”. 
     “Pero tratemos de comprender, reflexionó, ¿quién determina qué es lo normal?, ¿la sociedad?, ¿el Estado?, ¿la cultura? Es una pregunta compleja. Algunos sostienen que es el sistema de poder el que crea “la normalidad” a través de la educación, la cultura, la moda o la mercadotecnia, llegando hasta las entrañas del sujeto. De pronto todos aceptamos algo como “normal” sin saber por qué pero han sido enajenados desde el sistema educativo. Otras corrientes sociológicas como la teoría constructivista, sostiene que se trata de un producto de  consenso social que crea sus propias reglas y valores por un acuerdo social”.
      “En realidad la normalidad no existe cómo tal- destacó contundente el famoso antropólogo-Es diferente de acuerdo a cada cultura,  época histórica,  clase social,  etnia,  género. Sin embargo, en cada tiempo y lugar, la sociedad exige el cumplimiento de las reglas vigentes en el momento.” 
      “Damas y caballeros -insistió Yirau-  ¿Qué es la nueva normalidad en el mundo de los virus?, ¿es temporal? 
Son preguntas que el tiempo nos ha contestado. Algunos en un principio consideraron como respuesta el mantenimiento de las medidas básicas de prevención por un tiempo determinado. Pero la verdad resultó mas compleja. Se trataba de una nueva sociedad que ha aprendido a vivir diariamente con una sensación inimaginable: el miedo. Desde este sentimiento la sociedad había aprendido a vivir ante una inminente posibilidad de ser contagiado por el virus y perder la vida de inmediato”.  
     “En un principio el gobierno alentó a la sociedad con la ilusión del fin de la pandemia. En su discurso prometía   abrazos y tumultos en la calles que nunca llegaron. Hoy queda claro que al menos las actuales generaciones no serán testigos de la terminación de la enfermedad de la tos. ¡Amigas y amigos, todo ha cambiado! ¡Somos una sociedad que por la irresponsabilidad de nuestros antecesores perdimos la libertad y posibilidad de la interacción social!, nos dictan una rutina diaria, estamos vigilados por drones y sensores, no podemos cuidar  de la familia en la enfermedad, nuestros muertos no nos pertenecen, incluso nacemos y morimos con nuestros rostros anónimos cubiertos eternamente por  trajes protectores durante veinticuatro horas.”
     “El anuncio de la comunidad científica de que las vacunas son inútiles contra el virus porque este no permite la generación de anticuerpos resultó una noticia terrible. La verdad es que la sociedad se negó a tomar la única alternativa de protegerse como la mejor solución, obligando al Estado a tomar las medidas que hoy en día nos oprimen. Debo decirles que los errores de aquella sociedad desordenada que debió haber tomado el control de la pandemia heredó a la nuestra desastrosas consecuencias irreversibles. Esperamos dejar las condiciones posibles para que las próximas generaciones alcancen a sobrevivir. Gracias a todos”.
      De pronto, María, niña inquieta, cuestionó al recolector de cadáveres: ¡Papá!, ¡papá!, ¿qué piensas? Jesús solo se quedó observando a su hija sin decir una palabra mas allá de esbozar una sonrisa. Ella corrió a seguir jugando.